Para festejar la aparición de Cosecha Verde + El Iguana, repasamos la trayectoria de esta dupla fundamental de la historieta argentina.

Trillo y Mandrafina (parte 1)

09/01/2023

| Por Javier Hildebrandt

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mandrafinaJUEGOS DE LUCES Y SOMBRAS

Afirmar que existe algo así como un “mejor momento” para que ocurran las cosas es, de movida, arriesgado; sin embargo, la época en la que Carlos Trillo y Cacho Mandrafina se conocen y empiezan a proyectar sus primeros trabajos, sin dudas auguraba una relación más que fructífera. A finales de la década del ´70, Trillo ya se encuentra abocado plenamente a su faceta de guionista, con una tira diaria en uno de los matutinos más importantes del país, y algunas “puertitas” que empezaban a abrirse para desplegar su creatividad en el mercado local. Y por el lado de Mandrafina, con casi diez años de carrera profesional en solitario, arranca su labor en dos de sus series emblemáticas (El Condenado en Record y Savarese en Columba), y ya empieza a pensar en romper un poco los moldes y animarse a otro tipo de historias. Solo un talento como el de Cacho, con una capacidad asombrosa para pasar de los cánones del género a su propia inversión en clave paródica en apenas una inflexión de la línea, podía interpretar las disrupciones que Trillo pergeñaba con su pluma.

629-501-744Las relecturas de los clásicos, el tono satírico, el fino comentario político que se convertirían en marcas de estilo del guionista, encuentran un dibujante ideal para transitar ese terreno con una elegancia impasible de cualquier crítica. En las obras que repasaremos a continuación, construidas durante más de treinta años de colaboración, veremos cómo estos dos monstruos extreman sus habilidades con un objetivo tan sencillo como noble: divertirse haciendo historietas.

Los comienzos: todo está por (re)inventarse

La historia empieza a los tropezones, pero sin caída. Probablemente alentado por la buena repercusión que estaba logrando con El Loco Chávez en Clarín, en 1979 Trillo pone en marcha un nuevo proyecto de tira diaria y convoca a Cacho para dibujarla. Los misterios de Ulises Boedo transcurre en una Buenos Aires transfigurada, en la que una dimensión fantástica se cuela con naturalidad entre las calles del centro, el jardín zoológico o un colectivo de la línea 60. El protagonista de la historia es el Cholo, un pretendido galán de barrio con una cuantas batallas en sus espaldas, que intempestivamente se ve capturado por una organización secreta. Bajo el mando del joven y misterioso Ulises Boedo, este grupo heterogéneo – que incluye, entre otros, a un chofer de colectivo, una oficinista harta de su trabajo y un viejo líder político- se prepara para repeler el ataque de una incierta invasión, cuya avanzada está a cargo de “los caras de culo”. La irrupción de la mitología nacional y popular en guerra contra la tiranía, la opresión de una vida pre-fabricada y las legiones de “los que miran para arriba, así no sienten el olor que viene de abajo” terminan por redondear una historia de fuerte carga política, con ecos del Adán Buenosayres de Marechal y la Invasión de Hugo Santiago, y en la que Mandrafina se luce con unos ambientes típicamente porteños. Con las primeras 27 tiras terminadas, más sinopsis y bocetos de las siguientes 13, Trillo lleva a Ulises Boedo a varias redacciones, pero todas la rechazan, quizás por la oscuridad de la ambientación y el trasfondo ideológico que impregna la historia. Sin embargo, y por fortuna, la cosa no termina ahí: con la llegada de SuperHum® en 1980, Trillo y Mandrafina reformulan esas tiras, las adaptan a las páginas de la revista, y agregan nuevos capítulos hasta darle un cierre. Los misterios de Ulises Boedo se publica en los números 11 al 16 (Noviembre 1981 – Abril 1982), mientras que las tiras originales y los bocetos ven la luz por primera vez en el nº60 de la segunda época de Fierro (Octubre 2011), un especial dedicado íntegramente a la dupla.

87785-planche-bd-histoires-sans-parolesSuperHum® es la revista con la que ediciones de La Urraca busca disputarle el terreno de la historieta a las publicaciones de Record y Columba, con una propuesta en la misma línea de su “prima-hermana” Hum®, y espacio también para el periodismo, la literatura y el pensamiento crítico, en clara oposición a una dictadura cívico-militar ya languideciente. Con la complicidad de Juan Sasturain y Guillermo Saccomanno, Trillo se vuelve uno de sus artífices, primero en el consejo de redacción, y a partir del nº10 como director, cargo que ocupará hasta el nº 25. Además de Ulises Boedo, la otra serie que publica aquí junto a Mandrafina es la conocida como “Historias mudas” o “Historias sin ruido”. Se trata de once relatos breves, de seis páginas cada uno y completamente independientes entre sí, cuyo único hilo conductor es carecer por completo de diálogos y textos en off. Apoyado únicamente en la pericia de Mandrafina para la narración gráfica y su expresividad para poner en acción a los personajes, Trillo vuelca en estas historias su clásica vertiente satírica, con lugar también para el vuelo poético y finales negrísimos en varios casos. Pero se trata, en definitiva y como él mismo lo ha contado, de juegos formales en los que tanto guionista como dibujante prueban las posibilidades y los límites de la narrativa secuencial puramente gráfica. Luego de su publicación en SuperHum® estas historias se recopilan en libro tanto en Francia como en Italia.

mandraf-sh1-j-a1980003La producción de la dupla para esta revista se completa con seis historias unitarias, ahora así con texto. De todas ellas, sin duda la más popular es “Los héroes están cansados”. Más que un relato, se trata de una verdadera declaración de principios para SuperHum® (no por nada se publica en el nº 1), en la que Trillo principalmente critica las estructuras rígidas de la historieta de aventuras, pero también comienza a indagar sobre los géneros y sus posibilidades de relectura, en claves de alegoría o parodia. Mandrafina, por su lado, empieza a cazarle la onda y la exacerba al correrse gradualmente de los cánones para exagerar cada vez más las formas. Todo esto en apenas ocho páginas, en las que el detective Humphrey Costa le reclama a su editor que ya basta de siempre lo mismo y le pide, de alguna forma, “retirarse”. El resto de los unitarios está compuesto por: “Procesamiento” (nº 2), en el que un joven busca, al igual que Humphrey, la salida a una vida moldeada por las aspiración de los demás; “La muralla” (nº 4), una crítica a los medios masivos de comunicación -tal vez la que más directamente se mete con el sistema de propaganda de la dictadura; “El contorsionista” (nº 5), un futuro cercano en el que las personas recuerdan un pasado, tal vez, más humano, a través de una obra de teatro; “Fernández – Vida, pasión y muerte” (nº 6), un relato amargo sobre los sueños y el choque con la realidad; y “Patota” (nº 7), una historia de venganza en la que un grupo de eternos postergados decide saldar las cuentas con sus propias manos. Quizás lo más interesante de estas historias es que en su mayoría Trillo y Mandrafina elaboran escenarios de ciencia ficción –a tono con la tendencia europea de aquellos años- como excusa para hablar de la actualidad de entonces: la represión, la persecución ideológica, la vigilancia permanente de un estado opresor.

PlancheA_29623Esta misma línea es la que continúan y expanden en su siguiente serie: Husmeante. Aquí nos trasladamos a un entorno caótico y superpoblado, en el que todos los días se producen violentas disputas entre los seres humanos y los “mutantes”, un sector de la población que ha desarrollado mutaciones en su cuerpo y debido a ello se ve desplazado a los márgenes del sistema, sin posibilidades de desenvolverse ni conseguir una vida más o menos digna. En medio de este clima se mueve el Husmeante, un aspirante a Humphrey Bogart (otra vez el género negro) que por una buena suma de dinero, y gracias a sus conocimientos de los rincones más oscuros de la ciudad, puede cumplir con lo que le pida su cliente. Trillo no desarrolla aquí a un anti-héroe o un “no-héroe” (como los llamó Sasturain), sino un protagonista completamente amoral, capaz de traicionar sus convicciones –ya de por sí bastante laxas- para satisfacer sus necesidades más inmediatas. Las luchas de unos por la obtención de derechos y de otros por conservar sus privilegios le resultan completamente indiferentes (“siempre lo mismo, ufa” es la muletilla que repite en todos los episodios), mientras que al final del día pueda destapar una botella y encamarse con su prostituta favorita. No es difícil encontrar en este Husmeante la crítica a los sectores de la sociedad que se muestran ajenos a los conflictos de su entorno y hacen del “no te metás” una filosofía de vida. Mandrafina, por su lado, la rompe en la creación de este ambiente que cruza policial negro con ciencia ficción. Husmeante comienza a publicarse en 1983 en Don, una revista “para hombres” al estilo Playboy (que impone a los autores la inclusión poco menos que obligatoria de desnudos y escenas de sexo), pero su cierre repentino hace que solo aparezcan allí seis episodios. Luego se publican tres más en los primeros números de Fierro, y la serie concluye ahí, sin un cierre definitivo. Es probable que el formato de capítulos autoconclusivos breves, de cinco páginas cada uno, haya conspirado contra una serie que guarda, en su premisa, la posibilidad de expandirse mucho más. Fue recopilada en libro por Doedytores hace más de 25 años.

(El lunes, la segunda parte)

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