La Argentina mantiene un conflicto abierto con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (RU) (1). Dado que esta potencia colonial ocupa militarmente las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur –lo que representa 25% del territorio argentino (1)–, constituye una amenaza consumada y potencial para la Argentina. Es consumada porque dicho actor ya ocupa militarmente un cuarto del territorio argentino, mientras que es potencial porque dicha presencia militar desestabilizadora presenta serios riesgos a la seguridad del país sudamericano en el mediano-largo plazo.
La estrategia de recuperación de las islas del Atlántico Sur debe ser pacífica y estar planteada sobre la base del respeto y la primacía del derecho internacional. En tal sentido, la Argentina debe fortalecer su posición geopolítica en el Atlántico Sur mediante la implementación de una política de defensa revisionista. Esta tarea es fundamental para poder revisar pacíficamente el statu quo favorable al RUGBIN, en la medida que le eleva los costos a la potencia colonial en dicho escenario, otorgándole incentivos materiales a sentarse a negociar y cumplir con la Resolución 2065 (XX) de las Naciones Unidas.
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Indiscutiblemente, el fortalecimiento de la posición geopolítica en el Atlántico Sur incluye la urgente recuperación de capacidades militares. No solo en lo referido a sistemas de armas y bienes de uso, sino también a los bienes de consumo ligados al alistamiento, adiestramiento y sostenimiento de los medios militares. En paralelo a la recuperación de capacidades, se deben orientar los medios, la infraestructura, los recursos humanos, la inteligencia, la logística, el adiestramiento y la organización al Atlántico Sur.
El lugar de los Estados Unidos de América
En este escenario, resulta insoslayable la relevancia de los Estados Unidos de América (EUA). Como única superpotencia, su influencia es determinante en cualquier redistribución territorial en el hemisferio. Por eso, la discusión estratégica en la Argentina no puede eludir una pregunta central: ¿cómo vincularse con Washington en función del objetivo asociado a la recuperación de las Islas Malvinas? Hay cuatro posiciones que ordenan el debate político actual en la Argentina.
(i) En primer lugar, aquellas que sostienen que la única manera de recuperar las Islas Malvinas es con un alineamiento militar incondicional con los EUA y el RU. En este marco, eventualmente la Argentina lograría la soberanía efectiva de los territorios bajo ocupación militar británica como galardón a su buena conducta. Esta posición es inviable para recuperar las Islas Malvinas por dos motivos. Por un lado, porque la cooperación militar con la potencia colonial que usurpa territorio fortalece el statu quo favorable al país ocupante. Por el otro, porque no es realista pensar a la devolución de un territorio ocupado colonial y militarmente como un premio al alineamiento incondicional. El mundo no funciona así y no hay casos empíricos modernos en donde algo semejante haya ocurrido entre Estados.
(ii) En segundo lugar, la postura que resalta una fuerte convergencia de intereses entre los EUA y la Argentina. Estas sugieren que, bajo el lema “América para los americanos” de la Doctrina Monroe, la potencia dominante va a preferir a la Argentina por sobre el RU en lo que refiere al control de las islas del Atlántico Sur. En tal sentido, marcan que el país sudamericano debe estrechar sus vínculos militares con la potencia dominante, dado que, eventualmente, esta convergencia de intereses va a tener como resultado la devolución de las Islas Malvinas producto del accionar de los EUA. En paralelo al fortalecimiento de los vínculos militares con EUA, la Argentina debe mantener una relación de confrontación con el RUGBIN. Si bien parte de la propuesta es la confrontación con la potencia colonial, la piedra angular de esta postura política es la convergencia de intereses con los EUA, que va a preferir a la Argentina por sobre su histórico aliado militar.
Esta segunda posición es interesante pero problemática. Es interesante porque la Argentina necesita sostener un buen vínculo con los EUA y, en paralelo, confrontar con el RUGBIN. Lo problemático radica en que la Doctrina Monroe está pensada para los estadounidenses, no para los países periféricos americanos. Dicho de otra forma, los fundamentos de la doctrina solo buscan proteger los intereses estadounidenses de las intervenciones extrarregionales en América, no los de los países periféricos. De hecho, los intereses estadounidenses en el Atlántico Sur ya están custodiados por el RU, su principal aliado militar. Colocar a la convergencia de intereses estratégicos entre la Argentina y los EUA como piedra angular de la recuperación de las Islas Malvinas es una apuesta muy ambiciosa y poco realista.
(iii) En tercer lugar, las visiones que sugieren la imposibilidad de ignorar y/o posicionarse militarmente en contra de los EUA. Esto es así dado la magnitud del poder militar de la potencia dominante y su fuerte incidencia y presencia en la industria global de armas. Asimismo, porque debido a su carácter de superpotencia, cualquier redistribución territorial en el hemisferio americano va a tener la presencia política formal y/o informal de los EUA. No obstante, si bien es necesario tener un buen vínculo militar con dicho país, la Argentina tiene que hacer sus deberes en materia militar y elevarle los costos al RUGBIN en lo referido al mantenimiento de su posición colonial en territorio argentino. Dicho de otro modo, no hay que dar por sentado que un buen vínculo con EUA per se va a contribuir a lograr los intereses nacionales del país austral.
La tercera posición permite la práctica del repliegue. EUA es una superpotencia que la Argentina no puede ignorar, mientras que tomarlo como rival militar es contraproducente dado que cualquier redistribución territorial en el hemisferio va a tener que contar con su aquiescencia. En este punto, resulta clave considerar que el principal interés de los EUA en el Atlántico Sur es mantener la estabilidad y la presencia.
(iv) En cuarto lugar, la postura que coloca a los EUA como un rival al igual que el RU. Estas visiones indican que es imposible recuperar las islas del Atlántico Sur si no se confronta con ambos países y, por extensión, con la OTAN. Es decir, indican que estos actores tienen, por igual, los mismos intereses de dominio colonial y militar. Estos grupos son los que también interpretan a la Guerra de Malvinas como un enfrentamiento armado que tuvo lugar entre la Argentina y la OTAN. Esta posición anula la vigente neutralidad diplomática formal de los EUA y del resto de los países de la alianza del norte. En consecuencia, aumenta las dificultades dado que complica el fundamento central de cualquier estrategia realista de recuperación pacífica: elevarle los costos al RUGBIN para lograr que cumplan con el derecho internacional y se sienten a negociar. Aumentarles los costos a los británicos es posible. Ahora bien, es mucho más difícil hacer lo propio con la potencia colonial más los EUA y la OTAN.
Defensa revisionista y repliegue frente a los EUA
El repliegue frente al poder militar de los EUA indica que la Argentina debe plantearse frente a dicho actor como un país político-militar confiable y con capacidad de mantener la estabilidad y la presencia en el Atlántico Sur. A su vez, debe conciliar ese posicionamiento con el fortalecimiento de su posición geopolítica en dicho escenario estratégico con el objetivo de complicarle el sostenimiento de su posición colonial-militar al RU. Dicho de otro modo, la Argentina debe posicionarse frente a los EUA como una alternativa a los británicos, al mismo tiempo que se rearma y se plantea en términos confrontativos su relación militar con la potencia colonial que ocupa su territorio. Ese es el gran desafío y la piedra angular de la estrategia de recuperación.
En este punto, se debe seguir una estrategia de hedging/cobertura militar para acceder a sistemas de armas occidentales modernos que le permitan a la Argentina fortalecer su posición geopolítica en el Atlántico Sur. Este es un desafío de gran magnitud dado que la potencia colonial va a buscar influir en ese proceso de rearme desde el primer momento. Primero tratando de impedirlo y, segundo, asegurándose que las adquisiciones y desarrollos de la Argentina no tengan la capacidad de imponer ningún costo a su ocupación militar-colonial del 25% del territorio argentino. Es por ello por lo que, desde el inicio del proceso de fortalecimiento de la posición geopolítica en el Atlántico Sur, el RU va a considerar dicho proceso como algo que atenta contra sus intereses.
La potencia colonial siempre va a preferir una Argentina desarmada y sin capacidad de daño. Por lo tanto, el fortalecimiento de las capacidades militares argentinas va a tener que lidiar con este factor desde un principio. Pensar que es posible armarse sobreactuando una “buena vecindad” con la potencia ocupante es una estrategia ilógica e incoherente. Por un lado, porque esto fortalece el statu quo desfavorable que se pretende revisar. Por el otro, porque ambos países saben perfectamente que mantienen una relación de rivalidad en el Atlántico Sur, por lo que el RUGBIN nunca va a mostrar aquiescencia frente a una Argentina militarmente poderosa.
Recuperar las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur es una obligación nacional y una tarea difícil. No obstante, los costos de no recuperarlas son demasiado altos en materia de seguridad internacional. El éxito de esta tarea radica en compatibilizar un perfil político-militar cooperativo y comprometido con la estabilidad en el Atlántico Sur con una defensa revisionista que procure aumentarle los costos al RUGBIN. El objetivo final radica en lograr que se sienten a la mesa de negociación para resolver la situación colonial en dicho escenario bajo las indicaciones de la Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Al final del camino, la Argentina debe encontrarse con un vínculo intersubjetivo de fuerte confianza con los EUA, intereses claros de estabilidad y un discurso diplomático de fuerte condena al RU como foco de inestabilidad producto de su presencia militar y colonial en el Atlántico Sur. Asimismo, se debe finalizar con un instrumento militar de primer nivel que le aumente los costos al RU hasta que estén dispuestos a negociar, explícitamente y desde el primer momento, la soberanía efectiva de las islas del Atlántico Sur sobre la base de la Resolución 2065 (XX).
Si este escenario tiene lugar, la Argentina puede pretender que la neutralidad diplomática oficial de los EUA pueda hacer que actúe de honest broker para facilitar una negociación diplomática con la intención de terminar con el foco de inestabilidad en el Atlántico Sur caracterizado por la presencia militar y colonial del RU. En definitiva, la clave del vínculo militar con la superpotencia en el Atlántico Sur radica en que, al término del trayecto, la Argentina pueda posicionarse como un actor que reemplace al RU como garante de la estabilidad en dicho escenario estratégico.
(1) La presente nota está realizada sobre la base de la nota: “Argentina: defensa revisionista en el Atlántico Sur y el poder militar de los Estados Unidos de América” publicada para el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales.
(2) El porcentaje incluye todas las zonas en donde la Argentina reconoce sus derechos soberanos y derechos vinculados a la explotación económica, como la Zona Económica Exclusiva (200 millas náuticas desde la línea de base) y la Plataforma Continental (350 millas náuticas) (establecidos en su ley 23.968 y su modificatoria 27.557). Con esto en consideración, el total de km2 de la Argentina es de 10.524.885. De esos km2, el 4.144.810 (39%) están bajo soberanía efectiva de la Argentina, mientras 3.778.597 (36%) están bajo la normativa del Sistema del Tratado Antártico y 2.601.477 (25%) están bajo ocupación militar y colonial del RUGBIN.
