Desde Adentro

Una de las preguntas que me hacen contínuamente es si presto atención a las críticas y los comentarios de los fans. Son ciertamente inevitables y están en todas partes: foros, archivos y demás. La respuesta es sí, siempre presto atención. Pero cómo reacciono a esos comentarios varía, según las crircunstancias y mi humor.

Peter David

20/11/2007

| Por Javier Hildebrandt

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Peter David


Una de las preguntas que me hacen contínuamente es si presto atención a las críticas y los comentarios de los fans. Son ciertamente inevitables y están en todas partes: foros, archivos y demás. La respuesta es sí, siempre presto atención. Pero cómo reacciono a esos comentarios varía, según las crircunstancias y mi humor. Estas son las técnicas que he usado respecto de los comentarios de los fans.

1.Ignorarlos.

Esto no quiere decir que no lo leyera o que no me importase. Significa que me encogí de hombros y, en mi mejor actitud de Johnny Depp en Ed Wood, dije «Bueno, tal vez te guste más la próxima».

Habrá quien piense que esta forma de tratar la respuesta de los fans mantiene a uno lejos de los problemas. Error. Una vez, un fan hizo una crítica despiadada de una novela mía de Star Trek, The Captain’s Daughter (un título que se le ocurrió a la gente de marketing y que odio con ganas aún hoy). Leí la crítica, me encogí de hombros, dije «Y bueno…» y pasé a otra cosa. No respondí. Claro, considerando que hay gente que me pone verde diciendo que soy muy susceptible o que salto fácilmente para retrucar a comentarios negativos, pensarán que no decir nada sería jugar sobre seguro. Ni hablar.

«Star Trek – The Captain’s Daughter», novela escrita por Peter David


Una semana después, el mismo fan empezó un nuevo tema titulado «A Peter David no le interesan sus fans». ¿Sus motivos? Que no salté a defender mi trabajo de su crítica (no se equivoquen, pude haberlo hecho). Entonces, naturalmente, habría sido atacado por fans dicendo que no aceptaba las críticas, y habría tenido que darles la razón. Así que en ambos casos yo perdía, algo que, desgraciadamente, pasa con demasiada frecuencia en estos tiempos.

2) Adaptar una historia para rellenar un hueco.

Los fans pueden ver las fallas con despiadada precisión. Huelen la sangre como tiburones, se abalanzan sobre ella y desgarran la herida. Y, si creo que tienen razón, haré lo que pueda, si puedo, para curar la herida y vendarla.

Un ejemplo: Young Justice n°11. En ese número, Red Tornado va ante un juzgado de familia para obtener la custodia de su hija adoptiva Traya mientras su madre está en coma. Pero el juez se la niega, al rechazar el estado de Tornado como ser inteligente, negándole sus derechos. Básicamente, el juez era un cabeza dura total que no entiende razones y Traya queda hecha un mar de lágrimas en manos de una asistente social, llamando a gritos a su padre… hasta que Tornado no aguanta más, agarra a la ni§a e intenta escaparse con ella.

Lo que pasó e que, en el momento en que lo escribí, estaba en medio de una disputa legal por la custodia de mi hija menor, que para ese entonces tenía siete años. Lo escribí justo después de un día en el juzgado que me había ido especialmente mal y había tenido que soportar una escena idéntica, en muchos aspectos, a la que le hice pasar a Tornado (aunque, obviamente, no pelé mi poder de tornado veloz e intenté huir con ella). Digamos que padecía por la decisión del juez y que tenía una considerable bronca con el sistema legal en general y con los jueces en particular. Así que en Young Justice lo hice quedar como un miserable absoluto.

Excepto que, por supuesto, los fans no sabían o no les importaba qué agonías estaban sucediendo en mi vida personal. Sólo sabían que leyeron el número y que el juez no era ni remotamente realista. Porque no lo era. Básicamente, los fans tenían razón y, con la distancia de varios meses, algo de calma y decisiones siguientes que fueron a mi favor, me di cuenta de que les había hecho un flaco favor a los fans y a la trama.

Han habido veces en que llevé mis angustias personales a mi trabajo, pero esta vez se descontroló porque las emociones eran demasiado recientes. Por suerte era un plot que seguía, así que había tiempo de arreglarlo. Escribía una escena que mostraba que el juez escondía secretos y era obligado a tomar decisiones irrazonables y duras por otro personaje con propósitos manipuladores. No es mi idea más brillante, pero si le ponés un parche a una goma pinchada no tenés una goma nueva. Sólo tenés una goma agujereada que funciona mejor que antes, lo cual es mejor que nada.

Así que, en resumidas cuentas, la pifié, los fans me llamaron la atención e hice algo al respecto.

X-Factor


3) Crear una historia o trama para cubrir una necesidad.

Cuando escribía X-Factor, tomé la decisión deliberada de evitar escribir la caracterización de los personajes de la forma en que se hacía en los otros títulos-X. En general, la caracterización consistía en largas declaraciones intimistas, evidentes, claras, sin ningún trasfondo y que dejaban tanto a la imaginación como una escena de desnudo de Ewan McGregor.

Si Storm entraba en una habitación con las ventanas cerradas, pensaba: «Oh, no… las ventanas… cerradas… Me siento encerrada… atrapada …se acelera mi respiración y mis latidos… me recuerda la explosión que ocurrió cuando era niña, enterrándome entre escombros y que causó la muerte de mis padres y me provocó una claustrofobia de por vida…» Bueno, ya pescaron la idea.

Así que decidí que mis muchachos hablarían con naturalidad. Que dejaría de lado esos monólogos que nunca se acaban y, en su lugar, mostraría la personalidad a través del diálogo y las situaciones.

Y durante un año hice eso. La principal reacción negativa que recibimos era que los personajes eran percibidos como planos. «No tienen profundidad!», nos decían una y otra vez. Yo estaba molesto y confuso, porque sabía cómo era cada miembro del grupo y esa visión marcaba cómo los trataba. Pero los lectores no veían nada de eso porque años de textos premasticados los había acostumbrado a que los personajes les explicaran todo. Al no haber infinitos globos «ay-de-mí, así-es-mi-personalidad», los lectores pensaban que el equipo era superficial.

Pero no quise cambiar mi estilo, así que en su lugar decidí usar un número, sólo uno, y que los personajes no hicieran nada más que hablar sobre lo que les pasaba por la cabeza. En busca de una circunstancia donde tal actitud pareciera natural y no forzada, decidí que pasara en el consultorio de un psiquiatra, tras una sangrienta misión.

Parecía razonable. Era una organización del gobierno y parecía lógico que el gobierno ofreciera o exigiera servicios de ayuda psicológica tras aventuras difíciles (necesitara o no el equipo esos servicios). Naturalmente, el psiquiatra era Doc Samson. Y ese número, X-Factor n°87, se convirtió en el número más popular de mi etapa (ayudado y mejorado, debo decir, por un trabajo en el lápiz de Joe Quesada absolutamente estelar). El número fue tan popular que de hecho, a veces me pregunto si escribí algún otro. Y no habría existido si los fans no me hubiesen hecho saber que pensaban que a la serie le faltaba algo.

4) Hacer lo contrario.

A menudo los fans intentan adivinar qué va a pasar a continuación. Esto puede ser una guía tremendamente útil: Si nadie se acerca a mis planes, entonces sé que estoy en el camino correcto. Ahora, si los fans adivinan hacia dónde voy con la historia, entonces puedo terminar retocándola de arriba a abajo y llevarla en otra dirección, sólo para tomarlos por sorpresa. ¿En qué títulos hice eso? Eso no se los voy a decir. Después de todo, ¿por que deberían saber qué historias vieron venir cómo iban a acabar?

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