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NOTAS

Batman and Robin

Tras 30 números que disfruté muchísimo, se termina una serie que suele sorprender, que suele no jugar a lo seguro y que le dio trabajo a varios dibujantes argentinos.
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Viernes 16 de enero, 2026

Es el primer Maldito Mainstream del 2026 y ya tengo que salir a la cancha con una mala noticia: la excelente serie regular que vengo a reseñar el día de hoy concluirá el mes que viene. Y obviamente de fondo suena el único fragmento que todos en algún momento de nuestras vidas cantamos del tema Imaginate de La Beriso, ¿no? Si, por supuesto. En primera media porque no puedo tener tanta mala leche de comenzar el año con una cancelación, pero sobre todo porque realmente estaba disfrutando mucho de este comic, y me da bronca que finalice algo que está bien, y que suele sorprender, que suele no jugar a lo seguro y que encima tiene a nuestro coterráneo Fico Ossio en los lápices.

La bronca es enorme, y quiero que entiendan el por qué: en el último número que salió a la venta aparece el Ventriloquist, también conocido como Scarface, un personaje al que le tengo un cariño enorme porque lo siento muy cercano, muy apegado a mi historia como lector de historietas y sobre todo como seguidor de Batman. Arnold Wesker fue creado a fines de los ’80 por John Wagner, Alan Grant y Norm Breyfogle en una de las épocas más celebradas del personaje, dentro de una serie regular que por suerte, poco a poco, la editorial local que tiene la licencia de DC en Argentina está recuperando, y en este número de Batman & Robin el villano se vuelve a lucir como una verdadera amenaza, en medio de un polvorín a punto de explotar en una batalla campal por el bajo mundo de Gotham entre Harvey Dent y Oswald Cobblepot. Fico Ossio dibujó cuatro de los cinco números que conforman este último arco argumental que lleva por título The Quiet Man y que tiene guiones de Phillip Kennedy Johnson, y es de creer que la conclusión –de la saga y de la serie-, también estará en sus manos. Una saga que tiene absolutamente todos los elementos que nos hicieron enamorarnos de Batman y su mundo: conspiraciones entre los círculos de poder de Gotham y el elemento criminal, profundas conversaciones entre Damian y Bruce que posicionan nuevamente al primero como uno de los compañeros más interesantes y desafiantes que jamás tuvo Batman, y finalmente toneladas de acción y aventura. Johnson entró a escribir este título en el nº 14, en reemplazo de un Joshua Williamson que había dejado la vara muy alta en ese año y monedas que estuvo al frente del mismo, y si me preguntan a mí, no solamente no decepcionó, superó ampliamente esa exitosa primera etapa. Algunos de esos números previos estuvieron dibujados por otro coterráneo nuestro, el talentosísimo Juan Ferreyra, así que cuando hablamos de la cancelación de éste título puntual, estamos hablando de una serie de Batman que tiene una relación muy fuerte con nuestro país, al menos desde el lado del arte. ¿Entienden entonces mi bronca?

Ese primer año a cargo de Williamson fue muy dinámico, muy ecléctico por momentos, y ya ahí el foco estaba puesto en Damian y en lo que iba a tener que hacer para superar el duelo por la pérdida de Alfred, redefiniendo su personalidad mientras atravesaba el trauma. La conexión entre Bruce y su hijo era un tópico que se desarrolló a fuego lento, con pequeños detalles e interacciones sencillas pero memorables, y sorpresas que en algunos casos incluían ser testigos de cómo el alumno superaba al maestro en algunos pequeños desafíos auto-impuestos. Pequeños, nada alarmante. El dibujo del primer arco, a cargo del tano Simone Di Meo, seguro habrá alejado del título a más de uno, por su dinamismo y su similitud con la narrativa oriental, lo que en mi caso capturó mi atención. Esas páginas que sudaban neón y pollo frito me invitaron a darle una oportunidad, y no solamente la propuesta no me decepcionó: se transformó en una gratificante cita mensual. Sin embargo, justo en el arco en el que entra Ferreyra, al guionista se le nota el agotamiento, probablemente por la sobrecarga de laburo que tenía en esos meses, y el cambio de equipo creativo termina siendo un oportuno salvavidas.

Kennedy Johnson aterriza con Memento, un arco argumental brutal, dramático hasta la médula, de esas historias que no te sueltan las bolas hasta que los ojos se te salgan de las cuencas. Una revisión en plan retro-continuidad del pasado de Bruce que no va a dejar títere con cabeza, ilustrada por la magistral mano del español Javi Fernández. Y la palabra clave acá es niños… cuando el que sufre es un pequeño, el dolor se multiplica por cuatro. Con este arco la serie abandona la inocencia y se recibe de adulta y con esto quiero indicar, entre otras cosas, que Damian tendrá que tomar una serie de resoluciones, y una de ellas podría ser que ya no le cabe ser Robin, porque cada vez se le complica más trabajar al lado de su padre.

Como me pasó con Hush en su momento (este arco y aquella celebrada saga de Jeph Loeb y Jim Lee tienen más de un punto en común), la resolución de Memento no me terminó de conformar del todo, pero me dejó un villano realmente muy interesante, grandes momentos entre Bruce y Damian, y muchísimos motivos para seguir bancando al segundo como uno de los mejores compañeros que jamás tuvo nuestro héroe. Otra cosa que me podría haber dejado es que la misma estuviera completamente dibujada por Javi Fernández pero no. Como pasó en casi todos los arcos de esta serie, siempre al menos uno de los números terminó en manos de otro dibujante. Que ganas de fajarlos a todos, loco… no me dejan en paz (?)

El arco siguiente, The Gotham Cycle, funciona tanto como un epílogo de Memento como un prólogo de The Quiet Man, y entiendo que lo que estoy mencionando es una obviedad, pero no siempre los guionistas trabajan así. Y acá Johnson lo hace, porque vemos las secuelas físicas y emocionales de lo que desencadenó este villano, y por fin somos testigos de un avance cuantitativo en la relación entre los protagonistas de la serie. Y los números dibujados por el portugués Miguel Mendoça son una locura… ¡¡¡qué pedazo de dibujante es este cristiano!!!

No quiero cerrar abajo, quiero celebrar que haya existido esta serie y quiero señalar lo importante que es para quienes disfrutamos no solo de Batman sino también de sus vínculos, de sus relaciones, de su mundo. Y es una lástima que finalice pero al menos está clarísimo que Johnson sabía que eso iba a suceder, y escribió este último arco, donde parece que una guerra de familias mafiosas va a llevar a Gotham puesta, en consecuencia. Y siempre voy a agradecer un cierre con altura.