Maldito Mainstream

Kieron Gillen encontró la posibilidad de revitalizar y subvertir la mitología kirbyana de manera refrescante y se ganó el aplauso de los fans.

Eternals

17/12/2021

| Por Matías Depettris

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eternals-6Los Eternos son esencialmente eso, eternos. Si mueren, al poco tiempo resucitan. Entonces, ¿cuál es el problema cuando Zuras, el Eterno Prime, es encontrado muerto, con su cráneo reventado? Bueno, lo que Kieron Gillen y el dibujante croata Esad Ribić van a contarnos en este quinto volúmen de los clásicos personajes de culto del maestro Jack Kirby es que existe algún tipo de falla en la máquina que sostiene todo el «sistema» de los Eternos, ese que les permite, entre otras cosas, resucitar.

Lo cual no deja de ser, por un lado, una ironía digna de ser explotada en una serie como esta, y por el otro, un guiño a la franquicia, la cual cada vez que es explorada por un nuevo equipo creativo vuelve a sus bases y las modifica un poco, para ajustarlas al plot que necesite desarrollar ese tándem creativo.

En esta oportunidad, lo realmente llamativo de esta serie de los Eternals es que la narración en primera persona está a cargo de la máquina, o sea, de la Tierra, también conocida como el sistema que les permite a los Eternos, entre otras cosas, moverse desde un punto a otro del planeta a través de portales que funcionan como nodos dentro de una telaraña de interconexión preparada para tal fin. Este exclusivo narrador romperá la cuarta pared en cada número y mantendrá al lector al tanto de la situación: describe las características del conflicto, utiliza algo de sarcasmo para definir personalidades y relaciones entre los Eternos, y lo más importante: en cada número, como si se tratara de un comic de Jonathan Hickman, invertirá tres o cuatro páginas en armar infografías con cuestiones sociológicas, históricas e incluso geográficas relacionadas con la existencia de los Eternals y las vicisitudes de su complicada existencia. A tal punto el relato está sostenido por la interacción del lector con la máquina que incluso -cuando ella lo considera pertinente- inserta flashbacks que pueden durar varias páginas para que entendamos la tensión que existe entre las partes o lo intenso de la historia que comparten.

105665Y como los Eternos son «reseteados» y sus memorias son, en algún punto, borradas cada vez que vuelven a despertar, el lector rápidamente puede sentirse identificado no solo con muchos de los personajes sino también con algunas situaciones de incertidumbre que ocurren en el relato, aún cuando se supone que esta aventura es llevada adelante por seres con un infinito poder y una existencia que se cuenta en millones de años. El mérito más grande que tienen los Eternos de Gillen y Ribić es que jamás dejan de ser estas existencias inalcanzables predestinadas a defender la Tierra de la amenaza de los Deviants, pero esa distancia entre ellos y nosotros no anula la posibilidad de empatizar con muchos de ellos. El escritor se las ingenia para que la solemnidad de estos seres mitológicos no sea un impedimento para que nos interese saber lo que está sucediendo tras bambalinas, y si realmente hay una conspiración para cambiar el statu quo de la existencia de estos seres.

14F9787E-635F-4911-A1EE-AEB30272C864¿Y cuál es el conflicto esta vez? Como comenté al comienzo del relato, el disparador de la aventura es la muerte Zuras, la cual solamente pudo ocurrir gracias a las habilidades de uno o varios Eternos. Muy pronto las investigaciones llevan a la conclusión de que el asesino es ni más ni menos que Thanos, el Titán loco, un cuasi-eterno que puede moverse dentro de la máquina sin ningún tipo de jurisprudencia y podría amenazar la existencia de varios eternos más si no es detenido. Pero Thanos no puede actuar sin ayuda interna, y de ser así: ¿quién o quiénes son los traidores que le están dando una mano? ¿A quién beneficia la muerte de Zuras?

Ikaris, la «flecha» de los Eternos, está libre de sospecha, y tiene su propia misión: proteger a un ignoto humano, un adolescente de nombre Toby Robson, que la máquina le ha mostrado como un signo de interés para su existencia a futuro.

RCO020_1639577997Sersi entonces es la que toma el mando de la situación y delinea los patrones a seguir para averiguar quiénes están colaborando con Thanos. También es la que se va a encargar de mantener a raya a Tony Stark, Reed Richards y cualquier otro héroe humano que se proponga interferir en asuntos de los Eternos, ¿no? Paralelo a esto, Kingo y Thena, dos eminencias en el arte de la Guerra, serán el brazo armado que encabezara la investigación inicial, ya que Sprite, el ilusionista del grupo, pronto terminará colaborando con Ikaris en su misión terrenal. La serpiente manipuladora Druig también entrara en escena, y las sospechas sobre él recaerán muy rápido cuando se descubra que toda la casta alta de Eternos en Polaria fue asesinada brutalmente y el sucesor natural para ocupar el puesto de líder de esa ciudad es él mismo.

El artista que lleva adelante este desafío es el genial Esad Ribić, como lo anticipé al comienzo, pero en esta oportunidad tengo un pequeño reclamo que hacerle: hay algunas expresiones de los personajes que me resultan en extremo raras y por momentos muy incómodas. Algo sucede con los ojos y la boca de los personajes en ciertas situaciones que no me termina de cerrar del todo, y es una característica del dibujante que arrastra incluso desde su paso por el Thor de Jason Aaron. Que quede claro que esto es apenas un detalle, el cual no le baja créditos a una labor excelente que se disfruta muchísimo. Ribić es un artista que se compromete un montón con su trabajo, y lo hace notar.

RCO019_1636556243El diseño de personajes es precioso y para nada austero, es todo lo que necesitan unos semi-dioses que podrían acabar con la vida en la Tierra en unas horas. Y luego está el tratamiento de los fondos, el manejo de las perspectivas, la narrativa y puesta en página, y la colaboración de Matthew Wilson para el manejo del color. Todo esto en su conjunto nos da un comic realmente delicioso que se disfruta página a página y vale cada peso que gastemos en el mismo. Las escenas de acción no tienen, quizás, el potencial y la fuerza visual de otros artistas con más dinamismo, pero se disfrutan igual.

A diferencia de lo que sucedió la última vez que Marvel intentó poner a los Eternos en primer plano convocando a autores de renombre para que desarrollen una mini-serie a la altura de la creación de Kirby (me estoy refiriendo, claro está, a la mini-serie del 2006 de Neil Gaiman y John Romita Jr.), esta vez la historia no tarda absolutamente nada en ir a los bifes. Gillen y Ribić arrastran al lector al epicentro del conflicto a la pocas páginas de comenzar a leer el primer número, sin eximir a la aventura de la angustia existencial que caracteriza a esta franquicia. Y ese ritmo se mantiene durante toda la serie, al menos en lo que va de la misma hasta la fecha. No estoy seguro si esto será suficiente para que esta vez los personajes dejen de pertenecer al Panteón del Nacional B de la editorial, pero como mínimo nos están asegurando unos meses muy entretenidos a futuro, ya que gracias al cierre poco digno que le dio Jason Aaron a los personajes un tiempo atrás, Gillen encontró la posibilidad de revitalizar y subvertir la mitología kirbyana de manera refrescante, una movida que claramente aplaudo con fuerza.

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