Hay relatos que son síntomas de la época que los ve nacer y desarrollarse, y encuentran la manera de hablar del rabioso presente internacional a través de dos o tres pinceladas desprolijas pero suficientes. Nadie puede negar que estamos viviendo tiempos, como mínimo, tumultuosos, donde Oriente y Occidente avanzan hacia desencuentros cada vez más peligrosos, algunos de los cuales desembocan en sanguinarias guerras, con cientos de miles de víctimas en ambos bandos. Una cúpula de poder manipula medios y opiniones populares para conseguir las excusas mínimas para lanzar ataques sobre terrenos enemigos, en algunos caso con una enorme desaprobación internacional pero demostrando que esos frentes “unidos” que en una época podían traccionar para evitar conflictos armados, hoy son tan inútiles como una máquina de escribir. Las teorías conspirativas están a la orden del día y el periodismo se transformó en el enemigo a derrotar, porque, por supuesto, es el único soldado en esta guerra multi-direccional que puede proporcionar las armas para dejar en evidencia las mentiras, la corrupción y, sobre todo, los excesos.

Aunque parezca una exageración, todos estos elementos y conflictos confluyen en Kill All Immortals, un comic de la editorial Dark Horse que está escrito por Zack Kaplan y dibujado por nuestro coterráneo Fico Ossio. La aventura comienza cuando una bella mujer adinerada, dedicada a la filantropía, es entrevistada por un periodista, el cual está preparando un perfil personal de ella. En cuestión de minutos, ambos son atacados y logran zafar por los pelos de ser acribillados a balazos, y en la huida, el periodista y nosotros nos enteramos de que Frey (tal el nombre de la protagonista) es hija de un tal Erik, un hombre que no solamente es un oligarca multimillonario sino que además es el patriarca de una familia de vikingos inmortales. Es así como Frey y su amante, el periodista, entran en un juego del gato y el ratón, ya que si bien ella también es inmortal (igual que su padre y sus hermanos,) su amante no, y toda la familia menos ella piensan que está siendo utilizada por algún medio para que se revele este gran secreto y se los exponga públicamente, algo que podría poner en jaque relaciones, contratos y un largo etcétera de complicaciones varias. Si bien es cierto que esta familia, los Asvald, tienen un enorme poder y lo utilizan para doblegar a políticos, jueces y quien sea necesario para conseguir sus objetivos, una sobre-exposición producto de una desafortunada investigación podría ser la punta de lanza de un efecto dominó que pondría en jaque sus negociados.

Kaplan utiliza a Frey y a su familia para exponer la hipocresía de aquellos que detentan un poder inhumano que va más allá de lo imaginado. En la familia de los Asvald, la inmortalidad es, por momentos, una excusa para hablar de personas que caminan entre nosotros como dioses modernos. Si bien tienen una fortuna acumulada, un poder y unas influencias que un ser humano “normal” siquiera puede imaginar, así y todo se victimizan, o peor aún: creen que están del lado del Bien y que se diferencian del resto de sus familias porque se muestran a la sociedad como filántropos benefactores. Estoy hablando de Frey, por supuesto. Y la violencia, al menos desde mi interpretación, es la falta de empatía con el resto, es el análisis de lo macro sin pensar en lo micro, es la meritocracia y la supervivencia del más apto, obviando el hecho de que una entidad te proporcionó una ventaja competitiva como la inmortalidad que claramente te posiciona por encima del resto.
Toda esta bajada de línea existencialista y esta suerte de análisis sociológico de cuarta que acabo de hacer no opaca el hecho de que Kill All Immortals es un comic muy entretenido, divertidísimo de leer, tan dinámico como cruento, con el arte grotesco, crudo y tajante de Fico Ossio en un gran nivel. Sus diseños de personajes son llamativos e interesantes, sobre todo los que se corresponden con la familia Asvald, como tiene que ser, y sus escenas de acción derrochan energía y vísceras por partes iguales. La trama puede parecer lineal una vez que descubrimos el entramado inicial, pero lo cierto es que Frey, con las cartas ya sobre la mesa, va a encontrarse más de una vez acorralada por uno o varios de sus hermanos, a sabiendas de que, en ese caso, el uso de la violencia no necesariamente le va a otorgar una solución inmediata. Así, deberá echar mano de otros recursos, como por ejemplo la oralidad, el diálogo, para intentar bajar un puente entre sus objetivos y los de ellos.

Su familia, por otro lado, desde el minuto cero le advirtió que no existía otra posibilidad más que la destrucción del periodista que se transformó en su amante, ya que él tiene su propia agenda, y la misma incluye la exposición de todos los secretos de este clan. ¿Y si tienen razón? A fin de cuentas, el periodismo es, en parte, acercarle a la sociedad la información que le es negada, que está oculta, codificada o poco clara.

Kill All Immortals está narrada en forma de miniseries de cinco números cada una. Por el momento hay una sola que ha concluido, una segunda parte en curso y una tercera parte anunciada hace apenas unas semanas. El primer arco concluye con un número épico donde todas las líneas argumentales que se venían manejando colisionan en una sola ubicación, para tener un desenlace épico a la altura de lo que la serie promete. Y la conclusión, una vez más, va a dejar a más de uno con la mandíbula por el suelo. El segundo arco introduce nuevos personajes y se abre otra aventura igual de arriesgada y probablemente el doble de violenta, porque si sos vikingo y oligarca, los tratos los cerrás a los hachazos limpios.



