Con una temperatura cercana a los cero grados y con ráfagas de viento de 70 kilómetros por hora, se congregaron más de 300 personas en la vigilia que todos los años se celebra en la ciudad fueguina de Río Grande, para homenajear a los Veteranos y Caídos en la guerra de Malvinas en el 44 aniversario de la operación militar. La jornada contó con agenda cargada, que desde temprano convocó a vecinos, funcionarios y visitantes que quisieron participar. También asistieron funcionarios de otras partes del país, como el gobernador bonaerense Axel Kicillof, vicegobernadora de La Rioja, Teresa Madera, y la diputada nacional Cecilia Moreau, aparte del propio mandatario provincial fueguino Gustavo Melella y el intendente local Martín Pérez.
Río Grande es la ciudad de la provincia de Tierra del Fuego más cercana a las Islas Malvinas: apenas 595 kilómetros la separan de Puerto Argentino y la estética de su casco urbano la hace parecer una extensión de ese territorio insular argentino. Sus vecinos la definen como la localidad más malvinera del país y sus calles lo confirman. Todas cuentan con alguna referencia a la soberanía argentina en Malvinas, desde uniformes y dependencias públicas representadas con el logo que lleva la silueta del archipiélago, hasta calcomanías pegadas en los semáforos de la localidad le rinden homenaje a la gesta de 1982. Es además la cuna de los homenajes por la guerra de Malvinas, ya que desde 2013 fue declarada como Capital Nacional de la Vigilia por la ley nacional 26.846 aprobada en ese año.
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En los días previos a la intensa jornada, el frío se hizo notar con temperaturas oscilantes entre los 10 y los 12 grados. La tarde noche de 1 de abril sorprendió a la ciudad con un ajuste drástico que la llevó a los cuatro grados durante el anochecer y los dos grados para el desfile de las 21. Un grupo de amigos adolescentes llegó a decir en voz alta que la vigilia "es como estar en Malvinas porque estamos sintiendo en 4D lo que vivieron los propios veteranos ese día".
Una vigila con historia propia
En uno de los costados está levantada la mítica Carpa de la Dignidad que los veteranos hicieron nacer en 1995 y parieron la leyenda de la vigilia de Río Grande. Ese año fue la primera vez que los veteranos de guerra se autoconvocaron frente a la orilla del mar argentino para recordar a sus compañeros caídos y pasar toda la noche de aniversario de la gesta juntos, acompañados por un fuego en un tacho de metal (que todavía conservan). Con el pasar de los años la popularización fue tal que el gobierno provincial construyó en 1999 un monumento con placas que llevan los nombres de los caídos y tiempo después se le fue agregando cosas, como la réplica del avión Mirage que ahora está en el centro, que fue incorporado en 2014.
Desvencijada y algo oxidada, hoy la carpa sigue siendo el símbolo a la actividad, aunque este año será la última vez, ya que el municipio local les construirá al círculo de veteranos un edificio completamente nuevo al lado del Monumento, que funcionará como sede del círculo de Veteranos local y como centro de operaciones para la realización de las próximas vigilias.
"Como argentino tengo la necesidad de estar y tengo la responsabilidad de transmitir lo que se vive acá a mis hijos y a mis nietos”, explicó Raúl a El Destape, un hombre de 65 años, vecino de Comodoro Rivadavia que viajó junto a su nieta Clarisa de siete años para estar en la vigilia. “A mí no me tocó ir a combatir porque me había salido número bajo para hacer la colimba. Hoy quizá no estaba acá para venir con ella. Por eso me siento en la responsabilidad de rendirles homenaje a estos tipos que realmente se encomendaron a Dios para que la Patria viva", agregó.
"Malvinizar", la misión detrás de la vigilia
Para las 21 la cantidad de gente presente se triplicó, por lo que se tuvo que reforzar el operativo de seguridad para mantener habilitadas las zonas necesarias para cada uno de los homenajes. El primero de ellos fue un desfile de antorchas que salió de la Carpa de la Dignidad, con los veteranos de guerra y sus familiares portando 44 antorchas que representaron al 44 aniversario del 2 de abril de 1982, que fueron clavadas en la orilla argentina a centímetros del comienzo del mar. La emoción fue aplastante: con lágrimas en los ojos y al grito de “viva la Patria” los cientos de congregados aplaudieron durante cinco minutos sin parar a los veteranos y a sus familiares.
“¿Qué te puedo decir? De sentirnos olvidados con el intento de desmalvinización de los años ’80 a ver a toda esta gente, a todos estos jóvenes acá presentes emocionados con lo que hicimos nosotros, es una emoción muy grande. Eso es todo lo que te puedo decir en este momento”, contó un ex combatiente a El Destape, quien pidió por respeto a sus camaradas de armas muertos en combate "que hoy no están para contarlo" no ser citado con nombre y apellido.
"Yo estuve en el ARA 25 de Mayo. La emoción es inmensa y hoy lo que estamos viendo y haciendo acá es una continuación de esa lucha que dimos por recuperar nuestras islas. Porque hoy la tarea consta en malvinizar, en crear la conciencia en nuestros compatriotas para preservar el legado de soberanía de nuestro país sobre nuestras islas. Porque las vamos a recuperar, ya no por la guerra pero sí por la diplomacia. Por eso es importante que estemos acá", explicó el veterano Bernardo Ferreyro, miembro del círculo de ex combatientes de Río Grande a El Destape.
A las 22.30 tuvo lugar la representación del desembarco argentino del 2 de abril. Dos gomones arribaron al lugar desde la orilla fueguina y un grupo de diez soldados, con ropa táctica y fusiles FAL, caminaron sobre la costa y entraron al lugar del Monumento en posición de ataque simulando la Operación Rosario con la que Argentina tomó el control de las islas en 1982. Metros atrás del monumento, como parte de la puesta en escena, está una pequeña casa que representó a la vivienda del gobernador británico Sir Rex Hunt, a cargo de la administración británica de las islas en 1982. Los militares argentinos simularon lo que fue el asalto y captura del administrador inglés, incluyendo el tiroteo con los militares ingleses y el asesinato del infante de marina Pedro Edgardo Giacchino, el ex represor durante la dictadura argentina que estuvo a cargo de la Operación Rosario y caído en combate durante esa acción.
Julieta, una adolescente de 13 años lloraba con fuerza, abrazada a su madre María, durante esta parte del homenaje. Consultada por El Destape, María contó: “Mi papá fue veterano de guerra. Llegó a finales de abril a las islas y cuando terminó la guerra volvió al país con las secuelas comunes que sufrieron todos los ex combatientes. Falleció ya hace algunos años atrás pero siempre le contaba a ella como fue estar en las islas. Somos de Buenos Aires. Es la primera vez que podemos venir a Río Grande y lo que hablábamos recién con ella es que si nosotras hoy tenemos el frío que tenemos, imagínate lo que sería ese día”.
A partir de la medianoche del jueves, tanto la cantidad de gente como el frío hizo imposible caminar mucho. Previa mención y agradecimiento a los veteranos, familiares y funcionarios presentes, comenzó el acto oficial encabezado por el gobernador Gustavo Melella y el intendente de Río Grande, Martín Pérez. Se entonaron las estrofas de Aurora y del Himno Nacional, ambas canciones acompañadas al final con vivas a la Patria, a los héroes caídos y a la gesta de Malvinas. Petacas de whisky pasando de mano en mano entre grupos de amigos fueron una constante en esa instancia de la noche, con el frío golpeando cada vez más fuerte y entumeciendo las piernas de los presentes. Para la 1 de la mañana la desconcentración fue rápida, pero no total: la mayoría se abalanzaron sobre la fila que llegó a medir 200 metros para retirar una porción de “locro malvinero” cocinado para la ocasión.
