El estudio fue publicado en la revista científica Advanced Photonics Nexus y representa uno de los avances más significativos en conectividad inalámbrica de los últimos años. El WiFi 7, el estándar más avanzado disponible actualmente, alcanza hasta 46 Gbps en las mejores condiciones de laboratorio. Este sistema lo multiplica por ocho.
Cómo funciona
El sistema desarrollado emplea un chip compacto equipado con una matriz de láseres de emisión superficial de cavidad vertical, conocidos como VCSEL, tecnología ya utilizada en centros de datos. Esta matriz puede emitir múltiples señales simultáneamente.
Durante las pruebas, se utilizaron 21 láseres, cada uno con una capacidad de transmisión de entre 13 y 19 Gbps. En conjunto, el sistema logró una velocidad agregada de 362,7 Gbps a través de un enlace de dos metros en espacio libre. La técnica de modulación empleada divide los datos en múltiples canales de frecuencia, optimizando el uso del ancho de banda y adaptándose a las condiciones variables de la señal.
Al usar luz en lugar de radiofrecuencias, el sistema evita las interferencias propias del espectro electromagnético y permite enviar datos con precisión a zonas específicas del espacio.
La ventaja energética
La eficiencia energética constituye otra ventaja: el sistema consume aproximadamente 1,4 nanojulios por bit, la mitad que tecnologías WiFi comparables, lo que abre la puerta a una reducción sustancial del consumo eléctrico en redes inalámbricas.
Las limitaciones que hay que conocer
La tecnología tiene restricciones importantes. A diferencia del WiFi, la luz no atraviesa paredes, lo que limita su uso a espacios cerrados sin obstáculos entre el emisor y el receptor. Además, las personas en movimiento pueden cortar la transmisión si interrumpen el haz. Por eso los investigadores la ven como solución ideal para oficinas con equipos fijos, centros de datos, hospitales o entornos industriales, no necesariamente para el hogar promedio.
La propuesta no busca reemplazar las redes inalámbricas existentes, sino complementarlas. Su implementación en oficinas, hogares o entornos públicos permitiría aliviar la presión sobre el WiFi y ofrecer conexiones significativamente más rápidas y eficientes. El sistema todavía está en etapa experimental, pero marca el camino hacia una nueva generación de conectividad basada en luz.
