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NOTAS

Maus

A más de tres décadas de haberse publicado como libro completo, MAUS no ha perdido un ápice de vigencia, ni como testimonio de hechos históricos, ni como hito del Noveno Arte.
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Miércoles 27 de mayo, 2026

En 1987, tras la publicación del primer tomo de MAUS, Art Spiegelman fue invitado a una feria del libro en Alemania. Un periodista poco informado le hizo una pregunta impertinente: “¿No le parece de mal gusto hacer un comic sobre Auschwitz?”. Spiegelman le contestó que lo que le parecía de mal gusto era Auschwitz. Los campos de concentración, los hornos crematorios, el genocidio del pueblo judío eran, en ese entonces, temas difíciles de tratar. No había tanta literatura ni cine al respecto y sí, Art Spiegelman, hijo de dos sobrevivientes de los campos de exterminio, se había tomado la molestia de contar la historia de su padre en dichos campos en un comic, y, para ser más específico, había dibujado a los judíos como ratones y a los nazis como gatos.

Pero hay que remontarse un poco más atrás, a comienzos de los años ´70, cuando un joven Art Spiegelman vivía en San Francisco, en una comuna hippie, y participaba activamente en el movimiento del comic underground. Art colaboraba en revistas como Funny Animals, donde publicó la primera versión de MAUS, un comic de tres páginas que, en clave de un humor muy negro, planteaba sí esta metáfora de los judíos ratones y los nazis gatos: una visión más caricaturesca, muy bien dibujada y profundamente nihilista del genocidio. Poco después, Spiegelman sería arrestado por posesión de estupefacientes y encerrado en una institución mental por su consumo desaforado de ácidos. Al salir de ahí se encontró con que Anja, su madre, se había suicidado. Spiegelman dibujó entonces Prisionero en el planeta infierno, donde, en un tono muy amargo, increpaba a la autora de sus días por haberlo abandonado (quien suscribe tuvo la fortuna de leer dicho comic en El Víbora, antes de leer MAUS). Estas dos historias serían la génesis de la obra que dividió la historia del comic en dos partes, del libro que le tomó 13 años a su autor llevar a cabo en su totalidad, y de una revolución en el comic, en el concepto de la memoria ficcionalizada y en la semblanza más sobrecogedora, y también más justa, de lo que pudo ser la peor tragedia del Siglo XX.

Años después del suicidio de su madre, Spiegelman busca a su padre para conocer a fondo la historia de los campos. Su padre, el viejo Vladek, un anciano cascarrabias, mezquino y racista, es reluctante a hablar, pero cuando se decide, cuenta todo con lujo de detalles. Cada sesión de charla con su padre se convierte en un capítulo del libro, el relato testimonial se superpone con el presente de un padre y un hijo que tratan de acercarse, si bien son personas muy distintas. Spiegelman dibuja a su padre, y se dibuja a sí mismo como un ratón, un rostro de ratón que es una máscara, y que tiene exactamente los mismos rasgos para todos los personajes judíos.

Spiegelman no solo relata la increíble y terrible historia de su padre desde su juventud en Polonia antes de la guerra, sino también su conflictiva relación con su progenitor en un presente de los años ´80. Las pastillas, las enfermedades, la paranoia, y su actual esposa Mala, sobreviviente también de los campos, pero que, en el imaginario del viejo Vladek nunca logra llenar el vacío de su primera esposa Anja. Art Spiegelman es ya menos un dibujante underground y más un profesional reconocido, habitual de The New Yorker. Maneja un estilo muy pulido y la metáfora de los ratones y gatos se torna un juego ambiguo. La aparente inexpresividad de los rasgos de ratones se torna increíblemente dramática, la metáfora se amplía cuando la pareja Spiegelman finge no ser judía para evitar los controles policiales, oculta bajo máscaras de cerdos, no obstante, la cola de ratón de Anja se desliza siempre debajo del vestido.

El dibujo es particularmente tierno, como de cuento infantil. El entintado, lleno de tramas de plumilla, remite a tiras comicas de 1930, al Krazy Kat de Herriman, a veces, pero lo que cuenta es espantoso. Spiegelman no muestra demasiado los hornos, pero sí la degradación completa de una sociedad, las ejecuciones sumarias en la calle, los soldados nazis aplastando niños contra los muros, los polacos, en su mayoría, cómplices del genocidio por omisión, por cobardía; algunos judíos colaboracionistas también, y un conjunto de pequeñas historias de supervivencia que ponen en evidencia lo mejor y lo peor del ser humano.

Los padres del autor son una pareja desigual: Vladek, un sobreviviente nato que se las arregla para salir adelante en cualquier circunstancia, y su esposa Anja, frágil, delicada y depresiva. El destino los acerca y los aleja al llegar a los campos; los suplicios se hacen eternos, el año que pasan en Auschwitz parece un siglo entero y los muertos son incontables. Para Spiegelman hijo, el relato no siempre es fácil de aceptar: por qué los judíos no se rebelaron, por qué se dejaron llevar al matadero, por qué su madre no sobrevivió a la tristeza, por qué su padre de viejo se volvió una persona tan difícil de tratar, tan miserable y tan amargada. Pero Spiegelman cuenta esta historia con mucho humor; la ternura del dibujo hace llevadero el relato y, a pesar de que pide disculpas por retratar a su padre como el estereotipo del judío tacaño y desagradable, lo cierto es que lo plasma en todas sus luces y sombras, como un personaje complejo y, finalmente, como un ejemplo de tesón y resiliencia muy poco común. Su relación conflictiva, sus constantes choques, la tensión que se teje entre ambos durante las entrevistas es memorable también. La guerra de los ´40 parece no haber concluido del todo en los ´80.

Spiegelman resiente la carga de ser heredero de los sobrevivientes de una guerra que él no sufrió. El peso de un hermano mayor al que nunca conoció porque tuvo una muerte piadosa a los cinco años de edad antes de ir a los campos, se convierte en un fantasma que atormenta al joven Art. Su padre demostró una fortaleza interior impresionante para sobrevivir las humillaciones, la violencia, la muerte de familiares y amigos, pero devino en un hombre destruido por dentro, en una persona que no está en paz consigo misma y que se convierte en un monstruo para su nueva esposa y su hijo. Nada es simple en la historia que se nos cuenta en MAUS.

Por su extensión y su complejidad, estamos ante un libro más denso que mucha literatura sin dibujos. La historia que cuenta es conmovedora, emocionante, a ratos divertida, y obliga a pensar, a cuestionarnos y a reflexionar acerca del desastre que fue la Segunda Guerra Mundial, del sinsentido de querer aniquilar a una raza entera y de las secuelas de diversa índole que deja un conflicto armado donde nunca hay verdaderos ganadores. Todo esto llevó a MAUS a vender varios millones de ejemplares, a ser traducido a muchos idiomas y a ganar premios como el Pulitzer. Asimismo, a recibir rechazo en algunos países como Polonia, donde nunca gustó la idea de ser vistos como los colaboracionistas que de hecho fueron, retratados además como cerdos. Por su lado en Israel, la idea de ver a los judíos como criaturas indefensas nunca caló. En Alemania generó todo tipo de debates, pero es una obra muy aceptada, y en Estados Unidos hay consenso en su calidad gráfica y literaria. Antes de MAUS, el comic “adulto” existía, pero MAUS legitimó el medio ante la academia y la crítica literaria. Sin su aparición sería dificil que se hubieran gestado obras como Stuck Rubber Baby, Persépolis, o Blankets.

Spiegelman ha continuado una ingente carrera como dibujante, ha ilustrado varios libros y ha sabido llevar con elegancia los galardones que le ha supuesto MAUS. Se ha convertido además en un verdadero intelectual del comic, referencia casi obligada y ejemplo de cómo se deben hacer las cosas. MAUS, a más de tres décadas de haberse publicado como libro completo, no ha perdido un ápice de vigencia, ni como testimonio de hechos históricos, ni como hito del Noveno Arte. Todos los que leemos comics, y hacemos comics, estamos en deuda eterna con este dibujante neoyorquino nacido en Suecia, hijo del dolor y de la tragedia, y forjador de un libro hermoso como pocos.