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NOTAS

Dogon

Hora de revisitar una extraña obra de 1983 del inolvidable maestro Micharmut.
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Miércoles 08 de julio, 2026

Un genio llamado Micharmut

Hubo una vez un señor de inmenso talento, que se llamó Juan Enrique Bosch y nació en El Cabañal, Valencia, en 1953. Con el pseudónimo de Micharmut, desarrolló una carrera increíble como historietista e ilustrador (de la que hablamos en detalle en el nº4 de Comiqueando Digital) y falleció el 27 de noviembre de 2016.

Micharmut fue una pieza clave en el movimiento conocido como "la Nueva Escuela Valenciana", que en realidad era simplemente un grupo de autores con buena onda entre ellos, todos fans de la línea clara posmoderna, que entre fines de los ´70 y mediados de los ´80 cobró vuelo gracias a autores como Joost Swarte, Yves Chaland, Serge Clerc, Michael Cherkas y los propios valencianos (Micharmut, Daniel Torres, Sento, Mique Beltrán y algún otro). De este grupito de autores catalanes, Micharmut fue el exponente más radical, el más salvaje, el que tomó ese estilo ("estilo atómico" le dicen algunos especialistas) y le pegó una vuelta de tuerca más, más extrema, más zarpada y más jugada al blanco y negro.

En el inicio de su carrera, Micharmut realizó historietas para fanzines del under valenciano. Más tarde volcó su producción a las prestigiosas revistas de antología para adultos de principios de los ´80, y cuando esa movida se desvaneció, se reinventó como ilustrador, y como autor de historietas infantiles.

La colección Imposible

En 1981, pleno auge del comic para adultos y de la línea clara posmoderna, dos hermanos belgas crearon una colección de álbumes de historieta llamada Atomium 58. Eran libritos de tapa dura, con lomo de tela, bastante más chicos que el típico álbum franco-belga, con una única historieta de unas 32 páginas, presentada en blanco y negro (y a veces un tercer color). Con tiradas bajas, un perfil "boutique" y la posibilidad de dibujar pocas viñetas por página, la colección resultó muy atractiva para enormes autores de aquel entonces, como los ya mencionados Chaland, Clerc y Torres, y otros que en esa época eran jóvenes, pero se consagrarían años después, como Dupuy y Berberian o Emile Bravo.

Esto tuvo su correlato en España, donde dos años después apareció la Colección Imposible, publicada por la editorial valenciana Arrebato. A este experimento (capitaneado por Juan José Almendral y Pedro Porcel) no le fue tan bien, y en tres años (1983-86) llegó a publicar apenas seis libritos, que hoy son MUY difíciles de conseguir. A las bajas tiradas (2000 ejemplares) y el paso del tiempo, se suma el hecho de que los autores que participaron (Micharmut, Sento, Max, Miguel Calatayud) ya tenían muchos fans por su presencia habitual en revistas como El Víbora o Cairo, con lo cual sus lectores descubrieron gradualmente estos libros y los atesoraron en sus colecciones. Muchos años después, La Cúpula rescataría el trabajo de Max (El Carnaval de los Ciervos) y más recientemente, en 2021, la editorial Desfiladero republicaría el de Calatayud (La Pista Atlántica) en un libro que incluye otra de sus grandes obras de los ´80 (El Proyecto Cíclope). Pero el librito realizado por Micharmut para la colección Imposible nunca se reeditó.

Dogón, Dogón...

La colección Imposible debutó con Dogon, el álbum escrito y dibujado por Micharmut, que no se publicó con el sello de Arrebato, sino con el de Edicions del Cingle, muy asociado al under valenciano de los ´70 y ´80. Dogon (nada que ver con el relato homónimo de Howard P. Lovecraft) tiene apenas 28 páginas y un guion lineal, claro, que desarrolla una intrincada trama de espías, Guerra Fría, persecuciones, paisajes exóticos, etc.. Micharmut va a al grano, no se cuelga en boludeces, presenta y desarrolla perfectamente toda una serie de elementos vinculados a los tópicos del género en el que incursiona, muy en boga en ese entonces. El dibujo explica buena parte de lo que hace falta entender, y el resto... el autor especula (acertadamente) con que uno ya conoce cómo funcionan este tipo de thrillers de espías en ambientes exóticos.

Pero el fuerte de Micharmut, lo más conocido dentro de su producción, son las historias cortas, breves coqueteos con el delirio, a veces un toque crípticas, pero siempre fascinantes. Tal vez por eso, la falta de experiencia en relatos extensos le juega una mala pasada y en la página 28, cuando la historia tiene que terminar por una cuestión de formato, a Micharmut todavía le faltan resolver un montón de puntas. así es como Dogon se precipita a un no-final abrupto y bastante decepcionante, que no le hace justicia a lo que venía construyendo el autor.

Magia gráfica

Felizmente, esas inconsistencias en el tramo final del guion, ya invadido por elementos bizarros (como una tribu de indígenas que adora a seres del espacio exterior) no empaña las virtudes estilísticas de Micharmut. El dibujo es sublime de punta a punta del librito y nos muestra la asombrosa capacidad del valenciano para crear un lenguaje gráfico absolutamente novedoso, sumado a un magnetismo visual que incita al lector a navegar entre unas viñetas cargadas de claves y detalles sorprendentes.

Como siempre, Micharmut le agrega a la línea clara un tinte más brutal, más grotesco, y toma riesgos en materia de puesta en escena, planos y enfoques, que no eran muy frecuentes en 1983. Esto estaba claramente adelantado a su época, y tal vez por eso hoy nos siga resultando un comic moderno, fresco, innovador... a los pocos que tuvimos acceso a la obra, porque -de nuevo- en estos últimos 43 años no se ha reeditado y no es mucho lo que se ha escrito sobre ella.

Estaría bueno que, la próxima vez que a alguien se le ocurra recopilar las historias cortas de Micharmut en un tomo, incluya también las 28 páginas de Dogon. Los fans del valenciano que nunca consiguieron este librito van a estar muy agradecidos, y además lo va a descubrir gente que hoy ni sabe que esto existe.