Iberia Incógnita

En 1975, el maestro José Ortiz incursionaba en modo autor integral en el campo del comic infanto-juvenil.

El Pequeño Salvaje

02/07/2024

| Por Andrés Accorsi

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En medio del desierto

Esta es una historieta breve (43 páginas) y muy rara. Se publicó en España una sola vez, allá por Diciembre de 1975, en la editorial Amaika, que si bien no era ajena al mundo del comic (fue la primera en editar Paracuellos, de Carlos Giménez, nada menos), está asociada fundamentalmente a la revista de sátira política El Papus, clave en los años finales de la dictadura de Francisco Franco y la posterior transición hacia un sistema democrático.

En 1975 no había grandes antologías en España, ni apuntadas a los adultos ni apuntadas al público infanto-juvenil. En ese panorama desértico, los autores españoles trabajaban básicamente para los mercados de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Holanda… y casi todos realizaban una producción bastante adocenada, sin rasgos muy sobresalientes en los guiones, que eran bastante genéricos. El Pequeño Salvaje es hijo de ese contexto, y tiene su primera edición (también en 1975) en la editorial alemana Williams-Verlag, con sede en Hamburgo. Felizmente, el maestro José Ortiz encontró quién se la publicara en su país casi en simultáneo.

Nace un guionista

Y muere casi el mismo día. En la vasta trayectoria de Ortiz, encuentro apenas dos obras escritas por él mismo: El Pequeño Salvaje y Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, realizada para la editorial estadounidense Warren y rescatada años después por la editorial española Toutain. Es cierto que tuvo bastante suerte con los guionistas que le tocaron, pero también llama la atención que un autor claramente capaz de escribir sus propios guiones lo haya hecho tan pocas veces.

En el caso de El Pequeño Salvaje el guion es pobre. No llega a ser una falta de respeto, pero está muy por debajo no solo del nivel del dibujo (lo cual sería lógico) sino también del nivel de los guiones de otros trabajos «por encargo» realizados por Ortiz en los ´70 y ´80. La breve novela gráfica empieza como un remedo de Tarzan, pero con osos en vez de gorilas y el Oeste de los EEUU (la ambientación favorita de Ortiz) en lugar de la jungla africana. Y avanza a fuerza de casualidades absolutamente improbables, que ponen al verosímil de esta historia por debajo del de cualquier cuento de hadas.

La fuerza del carisma

Aún así, cuando al maestro Ortiz le preguntaban por sus obras favoritas, siempre citaba a El Pequeño Salvaje, junto con Hombre, su fundamental serie junto a Antonio Segura. Es que esta historieta tiene varios elementos infrecuentes en la obra de Ortiz (además de un guion de su autoría): está dibujada a un nivel infernal, a todo color, con una paleta exuberante y expresiva; tiene la frescura de un comic sin ambiciones, pensado simplemente para entretener un ratito a los pibes (que se aguanten cierto grado de violencia que en los ´70 «estaba bien» pero hoy por ahí es mucho); y tiene personajes sumamente carismáticos: hasta el villano más sorete tiene onda en esta historia.

Entonces, si bien la trama hace agua por todos lados, en la progresión página a página de la historia, Ortiz se prodiga en momentos emotivos, escenas de acción electrizante, momentos más tensos y unos dibujos descomunales, que logran superar esa sensación de WTF? que transmite por momentos el guion.

Con frescura, ternura y algo de humor, Ortiz te rema una trama que, si se tuviera que sostener solo en su fuerza dramática, se caería a pedazos. Si además le añadimos un dibujo y un color exquisitos, de un abanderado de la línea académico-realista en el pico de su talento (por suerte se quedaría en ese pico varias décadas), y una puesta en página dinámica, en la que el maestro se anima a probar cosas nuevas, nos queda una obra no sé si imprescindible, pero por lo menos digna de una lectura, en lo posible compartida con niños de menos de 10-11 años, que seguro van a flashear con las aventuras de Bruno, el Zurdo y los osos.

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