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NOTAS

Silver Surfer: Requiem

J.M. Straczynski y Esad Ribic nos ofrecen una reflexión en torno a la vida y la muerte que trasciende el género en el que se enmarca.
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Lunes 18 de mayo, 2026

Por regla general, los superhéroes suelen existir en una especie de tiempo presente constante que se mantiene según acompañen las ventas. Podemos llegar a ver cambios importantes en sus historias a lo largo del tiempo, algunos incluso bastante radicales, pero dado que tarde o temprano hay que volver al statu quo, es inusual que se nos cuenten los últimos días en la vida de un superhéroe si no se tiene un as bajo la manga para traerlo de vuelta más adelante, o si no es un una línea de tiempo alternativa que presente un futuro que podría ser... pero que posiblemente jamás llegue. Silver Surfer: Requiem entra en esta segunda categoría, pero está narrada con tal maestría que, en su momento, llegó a hacernos creer que efectivamente estábamos frente a la última historia de Norrin Radd... y que no tuviésemos problema en aceptarlo.

Requiem se publicó bajo el sello Marvel Knights en 2007 para coincidir, irónicamente, con la primera aparición de Silver Surfer en el cine, en la película Fantastic Four: The Rise of the Silver Surfer. En esta obra, J. Michael Straczynski y Esad Ribic nos cuentan los últimos días del personaje. Al notar que algo no está bien con la sustancia plateada que recubre su cuerpo, el Surfer se dirige a la Tierra para buscar la opinión de Reed Richards. Luego de varios estudios, el diagnóstico es certero e inapelable: Norrin Radd tiene los días contados. Su propio cuerpo lo está traicionando y no hay nada que ninguno de sus amigos, ya sea desde la ciencia como Reed, o desde la magia como Doctor Strange, puedan hacer para ayudarlo. De aquí en adelante, lo que vamos a ver es cómo encara sus días finales uno de los seres más poderosos y nobles de Marvel, que lejos de hacerse mala sangre por el tiempo que le queda, elige la oportunidad de poner sus cosas en orden y concretar algunos asuntos que le quedan pendientes.

La obra tiene un tono solemne (acorde al escenario que plantea) y es una reflexión en torno a la vida y la muerte que trasciende el género en el que se enmarca. En sus diálogos y monólogos cargados de intensas reflexiones filosóficas, se deja ver a aquel Surfer que tanto disfrutaba escribir Stan Lee. De hecho, Straczynski es, posiblemente, el guionista que mejor entendió y supo capturar la esencia del Surfer de Lee, para replicar su estilo y personalidad con un nivel de destreza formidable. ya que lo hace suyo sin perder de vista sus raíces. Cada página desborda de emoción, y cada viñeta nos deja algo en qué pensar. El manejo que tiene el guionista de las emociones que suscita y el equilibrio que logra con los detonantes para la reflexión intelectual son una clase magistral de lo que se puede lograr en narrativa secuencial. Las témperas y acuarelas que componen el estilo realista de Esad Ribic aportan el complemento perfecto, una atmósfera melancólica pero de una belleza poética que atrapa de principio a fin. Ribic hace un trabajo tan fino en su reinterpretación del Surfer de John Buscema que uno casi podría olvidarse de que al autor croata no le gustan los superhéroes.

Más allá de sus intensos pasajes filosóficos, uno de los principales atractivos de esta obra es la interacción del protagonista con el resto de los personajes, y cómo reacciona cada uno frente a la revelación de la situación. Todas las caracterizaciones son brillantes y emocionalmente desgarradoras. Para esa época, el guionista venía de varios años al frente de Spider-Man y los dos años anteriores había escrito también Fantastic Four, así que quizás es entendible el manejo que tiene de esos personajes, que se caracterizan por su humanidad. Algunos de los momentos más emotivos, sin embargo, los logra con otros, como Galactus y Uatu. Straczynski consigue dotar de sentimientos a personajes que son casi fuerzas de la naturaleza, sin traicionar por un segundo su esencia. Es tal el manejo que tiene de todos los personajes, que al acercarse el inexorable final de la historia uno no puede evitar pensar qué bueno hubiese sido que pegaran un golpe de timón y lograran revertir el fatídico destino del personaje para continuar con una serie regular de estas características.

Requiem es, para muchos, su historia favorita de Silver Surfer, y no es difícil ver por qué. Detrás del poder cósmico, los viajes interestelares y las civilizaciones alienígenas, se esconde una historia profundamente humana. Es, a fin de cuentas, una historia sobre la inevitabilidad y el cómo aprovechamos el tiempo que tenemos. A pesar de sus poderes, Norrin Radd, al padecer una enfermedad terminal, termina por partir como podría hacerlo cualquiera de nosotros. En este sentido, tiene ecos de la clásica The Death of Captain Marvel de Jim Starlin, y también se la puede comparar, así sea solo conceptualmente, con otra publicación contemporánea de la Distinguida Competencia que también goza de gran prestigio: All-Star Superman, de Grant Morrison y Frank Quitely. Requiem se encuentra en alguna especie de punto medio entre estas dos obras, pero a la vez es 100% un trabajo con identidad propia. Quizás su principal virtud es que puede ser la primera o la última historia del personaje que leas y su efectividad va a ser prácticamente la misma. Al finalizar, es imposible no dejar caer una lágrima y buscar en el firmamento, así sea por solo un segundo, una nueva estrella plateada.