La mano que vuelve a pintar la historia
En marzo vio la luz una nueva edición de La mano del pintor, el primer libro de María Luque, historietista argentina que también se desempeña como escritora e ilustradora editorial. No solo eso: la obra está a punto de cumplir diez años desde su primera publicación, y por eso me pareció oportuno aprovechar para volver a hablar de ella. En mi caso, la conocí en un taller de Amadeo Gandolfo y Pablo Turnes hace muchos años y, aun hoy, al releerla en esta flamante segunda edición de Editorial Sigilo, sigo pensando que se trata de una historieta de una originalidad admirable que nadie debería perderse.

El libro se propone revisitar la historia de Cándido López y lo que le ocurrió durante la Guerra de la Triple Alianza a partir de una propuesta lúdica que pone en diálogo la figura de este artista con la de una artista contemporánea: la propia María Luque. En ese encuentro entre dos generaciones -entrelazadas por la particular leyenda familiar de que el tatarabuelo de María fue el médico que le amputó la mano derecha a López- aparece una amistad improbable y una reflexión profunda sobre el horror de la guerra y la vocación artística.
En el apartado gráfico aparece con claridad lo que hace tan reconocible el trabajo de María Luque. Su dibujo, aparentemente simple, presenta un estilo que la autora ha ido puliendo hasta convertirlo en una marca completamente personal. Hay algo deliberadamente lúdico en su forma de representar el mundo, como si el libro invitara a perderle el miedo al arte, a su solemnidad, y a acercarse a él con curiosidad. A diez años de su publicación original, La mano del pintor también permite ver con claridad la huella que autoras como Luque dejaron en la historieta contemporánea, abriendo un camino muy libre y propio dentro del medio.

Quizás por eso el libro sigue resultando tan especial. Porque, más que una biografía o una lección de historia, propone una forma distinta de acercarse al pasado. La mano del pintor tiende lazos entre la historia de la pintura y la historieta, imagina una amistad entre estos distintos tipos de arte y distintas escuelas y estilos, al tiempo que nos recuerda que detrás de cada artista hay una experiencia y una mano que merece mostrarse en toda su particularidad, incluso -o sobre todo- cuando esa mano tuvo que aprender a dibujar el mundo de nuevo.
La historieta como resistencia colectiva
Las consignas a veces nacen en un lugar específico, pero su potencia aparece cuando se expande mucho más allá. “Mujer, vida, libertad” no es solo una frase, un slogan repetitivo y vacío como esos que tanto se encuentran en redes sociales hoy en día; es un grito colectivo que condensa una lucha política, social y cultural. En Mujer, Vida, Libertad, la autora y editora Marjane Satrapi reúne a distintos artistas para narrar, desde la historieta, el contexto y las consecuencias de las protestas que sacudieron a Irán en los últimos años. El resultado es un libro que funciona tanto como antología de historietas como documento político para la posteridad.

El volumen surge a partir de las movilizaciones desencadenadas por el asesinato de Mahsa Amini en 2022, tras ser detenida por la llamada “policía de la moral” del régimen iraní por llevar “mal puesto” su velo. A partir de ese hecho, el libro reconstruye el clima social que dio origen al movimiento Mujer, Vida, Libertad, explora la historia reciente del país y explica las tensiones entre la sociedad civil y el poder político. A través de diferentes capítulos realizados por autores y autoras de diversas procedencias, la obra combina relatos personales, explicaciones históricas y reflexiones políticas que ayudan a entender por qué esas protestas resonaron con tanta fuerza dentro y fuera de Irán.
En lo gráfico, el libro apuesta por la diversidad. Cada historietista aporta su propio estilo, lo que genera un mosaico visual que va desde propuestas más expresivas y caricaturescas hasta registros más sobrios o cercanos al reportaje gráfico. Lejos de sentirse dispersa, esa variedad funciona como reflejo de la multiplicidad de voces que participan del proyecto. La coordinación de Satrapi logra que todos esos lenguajes convivan en una obra que mantiene un mismo objetivo: hacer accesible una realidad compleja y amplificar el reclamo de quienes luchan por sus derechos.

En ese sentido, Mujer, Vida, Libertad se mueve en un terreno donde la historieta y el activismo se cruzan con naturalidad. El libro no busca la neutralidad, sino que asume una posición clara frente a la represión y la desigualdad. Pero lo hace apelando a la potencia narrativa de la historieta, capaz de explicar, emocionar y movilizar al mismo tiempo. Más que una simple antología, la obra se convierte así en un gesto colectivo de solidaridad y memoria, recordándonos que la historieta también puede ser una herramienta poderosa para contar las luchas de nuestro tiempo.
Nuevas plataformas, nuevas narrativas
Por último, me gustaría aprovechar el espacio para hablar de una de las obras que más me impactó en los últimos años y que terminó su publicación hace no tanto, luego de 280 episodios. La misma fue ganadora de dos premios Eisner, dos premios Harvey y dos Ringo y creció muchísimo desde que comenzó a publicarse en Tumblr en 2017 hasta su final por todo lo alto en Webtoon en junio de 2024. Estoy hablando claramente de Lore Olympus de la neozelandesa Rachel Smythe.

Los mitos sobreviven porque cada época encuentra en ellos nuevas preguntas. Historias antiguas que se reescriben para hablar de problemas muy actuales e inquietudes de cada generación. Y eso es exactamente lo que ocurrió con Lore Olympus, la popular reinterpretación del mito de Hades y Perséfone de Smythe. A través de un formato pensado originalmente para webcomic, la obra retoma la mitología griega y la traslada a un entorno contemporáneo para explorar relaciones de poder, vínculos afectivos y heridas emocionales con una sensibilidad muy particular.
La historia sigue a Perséfone, una joven diosa que llega al mundo del Olimpo para comenzar una nueva etapa de su vida. Allí conoce a Hades y comienza a construirse entre ambos una relación compleja que se desarrolla mientras la protagonista intenta encontrar su lugar en una sociedad llena de expectativas y presiones. Pero el relato también se adentra en una experiencia traumática: el abuso que sufre por parte de Apolo. A partir de ese hecho, la obra aborda con cuidado las consecuencias del trauma, el peso del silencio y las dificultades que atraviesan las víctimas para nombrar lo que les sucedió.
En el plano visual se construye gran parte de la potencia emocional de la obra. Smythe utiliza una paleta de colores muy marcada -rosas intensos para Perséfone, azules profundos para Hades- y composiciones que priorizan la expresividad de los gestos y las atmósferas. El uso del color y del espacio no es solo estético: muchas escenas relacionadas con el trauma y sus consecuencias se narran desde la fragmentación, la incomodidad o la distancia, reflejando la confusión y el aislamiento que atraviesa la protagonista.

Por todo eso, más allá de su popularidad o de su romance central, Lore Olympus se destaca por la sensibilidad en la que se propone hablar de aquello que aun cuesta nombrar. La obra muestra que sanar es un proceso largo, lleno de dudas y contradicciones, y que escuchar y acompañar también es parte fundamental de ese camino. En esa combinación de mito, sensibilidad y empatía está buena parte de la fuerza que convirtió a esta historia en un fenómeno para toda una nueva generación de lectores.


