Este libro es una rara avis del comic, pero asimismo, una novela gráfica fundacional. En 1990, James Truman, editor de la revista Details, encargó al novelista y guionista Bruce Wagner la creación de un comic posmoderno acorde con el estilo de la publicación. Wagner propuso Wild Palms, una historia sumamente original y singular para su época. La narración gira en torno a Harry Wyckoff, un abogado que se enfrenta a dos facciones rivales, Los Padres (The Fathers) y Los Amigos (The Friends), que controlan todo el submundo de Hollywood en Los Angeles, California. Harry descubre que todo su mundo es una farsa: su suegra no es realmente la madre de su esposa, sino su amante; su hijo Coty, una estrella infantil al estilo de Macaulay Culkin, no es su hijo biológico; y todo aquello en lo que creía resulta ser una mentira. Los Padres han diseñado un complejo plan basado en la realidad virtual y las drogas de diseño para someter a la sociedad. Mientras Harry, guiado por Los Amigos y en medio de alucinaciones, logra encontrar a su verdadero hijo —el que lleva tatuado en el cuerpo un mapa de las estrellas—, puede que ya sea demasiado tarde.

Wild Palms se publicó por entregas de entre dos y cuatro páginas en Details durante dos años, lo que genera un curioso efecto cuando se lee de forma continua. Encontrarse con el logotipo de la serie y el clásico «continuará» cada pocas páginas remite a los viejos comics, los seriales dominicales o las novelas por entregas de los años´30. Sin embargo, también es una fantasía adulta, una visión paranoica de la cultura popular y una crítica abierta al sistema en plena época del miedo al SIDA y los Yuppies. Ambientada en un futuro muy cercano donde la tecnología desempeña un papel fundamental, la obra incorpora la estética del cyberpunk y bebe de autores como William Gibson, Don DeLillo y Bret Easton Ellis. Está repleta de ironía y sátira dirigidas al frívolo mundo del espectáculo, además de ofrecer una amarga parodia del universo hollywoodense. Tampoco evita cuestionar el elitismo ni ridiculizar a la Cienciología, aquí rebautizada como Synthiotics.

En el apartado gráfico resulta especialmente interesante el contraste entre la exuberancia literaria de Wagner, desarrollada en largos bloques de texto siempre absorbentes, y el trabajo de Julian Allen, un talentoso dibujante procedente del mundo de la ilustración y la plástica, más que del comic. Su estilo hiperrealista crea un deliberado efecto de distanciamiento respecto al texto. Es evidente que utiliza fotografías como referencia; aun así, en las expresiones faciales se apropia plenamente de los personajes y construye una estética muy personal. Además, Allen experimenta con el diseño de página: en ocasiones recurre a una retícula convencional y, en otras, rompe la estructura de las viñetas para componer páginas que recuerdan a auténticas pinturas.

Wild Palms es una obra original que resiste múltiples lecturas gracias a la riqueza de sus detalles. Aunque cuenta una historia sólida, lo hace de una manera poco convencional, con una narración extraña que por momentos adquiere la lógica de un sueño. Es una auténtica obra de arte, probablemente adelantada a su tiempo. A pesar de haber aparecido en una revista de vanguardia, su impacto en el mundo del comic fue limitado, posiblemente porque no circuló dentro del mismo circuito que obras como Like a Velvet Glove Cast in Iron, de Daniel Clowes, o Watchmen, de Alan Moore. Se trata de un comic valioso y, por desgracia, descatalogado, que posteriormente fue adaptado a una serie de televisión de calidad bastante discreta. Paradojas extrañas, la única edición que se consigue en internet es la española, de Ediciones B, mucho más cuidada que las ediciones anglosajonas y con una buena traducción.

Como curiosidad final, en el comic Coty, el hijo de Harry, protagoniza una película titulada Map of the Stars. Años después, ya en el Siglo XXI, esa película acabaría por convertirse en una realidad: fue llevada al cine con guion del propio Bruce Wagner y dirección de David Cronenberg.


