En el día de ayer, 9 de Mayo, se produjo el deceso del maestro Richard Sala, quien había nacido en Oakland, California, algún día de 1959 que probablemente haya sido el 2 de Junio.
Sala vivió buena parte de la infancia en West Chicago, y la adolescencia en Scottsdale, Arizona. Se graduó en la universidad de Mills como Maestro de Bellas Artes y rápidamente empezó a trabajar como ilustrador freelance. Su primera historieta data de 1984 y se la editó él mismo. Se llamaba Night Drive y produjo el impacto buscado: Sala fue convocado por Art Spiegelman para colaborar en la revista RAW! y Monte Beauchamp lo invitó a participar en BLAB!, otra antología llena de nombres importantes. Como si esto fuera poco, la productora Colossal Pictures lo contrató para que animara Invisible Hands, una de las historietas de Night Drive, a la que Sala y el director Denis Morella convirtieron en un corto de 12 minutos, que se exhibió serializado en Liquid Television, el famoso programa de MTV de donde salieron Aeon Flux y Beavis & Butt-Head, entre otros íconos de la animación de los ´90.
Desde fines de los ´80, la producción de Sala en el campo del comic se hizo constante y encontró espacio principalmente en Fantagraphics, pero también en Dark Horse. Sus títulos más relevantes de esta etapa son Thirteen O´Clock, The Chuckling Whatsit, Mad Night y Peculia. Varias de estas series y personajes aparecieron entre 1998 y 2001 en la revista Evil Eye, una antología íntegramente dedicada a la obra de Sala de la que aparecieron 12 números, siempre en Fantagraphics.
Ya en este siglo, Sala nos sorprendería con creaciones como The Hidden, Delphine y Violenza, libros ilustrados basados en obras literarias (Doctor Sax and The Great World Snake, Dracula) y en 2014 empezó su producción fuerte y sostenida de material pensado para el soporte digital: de ahí salieron Cave Girls Of The Lost World, Super-Enigmatix y The Bloody Cardinal, entre otras gemas.
Imposible transmitir en palabras la magia y la gloria que nos regaló Richard Sala en sus obras a los que tuvimos el privilegio de seguir su carrera paso a paso. Su muerte deja un vacío imposible de llenar, porque era un artista absolutamente personal, irreemplazable, con un sello inconfundible y un talento único.


