Vox Dei, la vigencia de una banda que marcó a un tiempo

01 de abril, 2026 | 11.38

A veces sucede que a las bandas clásicas o a las canciones de siempre, terminan de contarlas y de cantarlas los libros que recorren su génesis, sus por qué. "Historias de Vox Dei", una investigación minuciosa de Lucas Fernández y Néstor Petruccelli -con prólogo de Alfredo Rosso y contratapa de Fito Páez- es la biografía de una banda icónica del rock argentino, fundada en los inicios de un movimiento musical que cambió el rumbo y que dibujó un camino. Más de cien entrevistas a músicos, el testimonio de los propios creadores de la banda y un puñado riquísimo de anécdotas y datos, sirven para conocer a los creadores de una obra conceptual como lo es "La Biblia", la composición del clásico "Presente" y los discos que mantienen intacta su vigencia. El Destape Web convocó a los autores para revisar ese mundo musical que arrancó en Quilmes y atravesó a varias generaciones.

-Vox Dei es parte fundamental de la historia del rock argentino... ¿Por qué escribieron Historias de Vox Dei?

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-Lucas Fernández: el deseo de escribir o saber más sobre Vox Dei siempre estuvo en nosotros. Más allá de la diferencia generacional, esta banda nos atravesó en algún momento de nuestras vidas y nos marcó para siempre. El porqué escribir sobre esta banda, también responde al haber sabido que practicante no existían investigaciones sobre el conjunto y eso despertó un interés y desafío muy interesante.

-Néstor Petrucelli: En mi caso, vengo de la escritura de guiones en distintos géneros, y la invitación a participar en contar la historia de la banda quilmeña la tomé tanto como un desafío como un obsequio para aquel adolescente que fui. Vox Dei no fue solo la música que me acompañó en esos años, sino también la puerta para descubrir a intérpretes que iban del Flaco Spinetta a Pink Floyd y a otros sonidos y letras que nos atravesaron.

-La banda de Quilmes es una de las primeras del rock argentino y atravesó el tiempo. ¿Cuál es el legado de Vox Dei?

-LF: El legado es inmenso, primero porque el hecho de ser pioneros ya pone al oyente atento, es como cuando en una reunión hay alguien mayor y todos escuchan, al menos así concibo yo la importancia de los que tienen más experiencia. Y con respecto a la obra con solo nombrar tres discos como “La Biblia”, “Jeremías pies de plomo” y “Es una nube, no hay duda” creo que es suficiente para darnos cuenta de la importancia de esta banda dentro del rock argentino y latinoamericano.

-NP: Muchas veces se es injusto con nuestros artistas y músicos en brindarles el reconocimiento que se merecen, y nuestro libro intenta hacerlo. Cuando la obra de un artista logra trascender y además se transforma en parte de la cultura popular, es el mejor legado que puede dejar. Además, cuando distintas generaciones la van descubriendo sin que haya perdido actualidad. En la extensa carrera de la banda hay numerosos hitos, como bien enumera Lucas, pero es imposible escapar a una obra conceptual como “La Biblia”, que sobrepasa lo religioso por su concepto de humanidad y que fue realizada por unos pelilargos en medio de gobiernos militares y de una Iglesia conservadora. Y que gracias a Soda Stereo tuvo un merecido reconocimiento en Latinoamérica.

-Alrededor de Vox Dei se han generado mitos -o no tan mitos-, tales como las diferencias entre ellos, la salida de algún integrante fundacional, la mística espiritual alrededor de las letras de las canciones... ¿Cómo se gestó aquella formación inicial de Rubén Basoalto, Ricardo Soulé, Juan Carlos Godoy y Willy Quiroga y cuánto tiempo estuvieron los cuatro juntos?

-NP: El primer desafío que afrontan los Vox Dei es el de su propio origen, y que va a servir para bandas venideras. Ellos pertenecían al suburbio, mientras que las otras bandas originarias del incipiente rock argento, como Manal y Almendra, tenían origen urbano. En cambio, los Vox Dei no tienen su génesis en amigos de la escuela, sino en la necesidad de un batero (Rubén Basualto), de los márgenes del barrio de Quilmes, de juntarse con un flaco concertista de violín de clase media (Ricardo Soulé), con un tipo treintañero laburante que pasó por el rock y el folklore (Willy Quiroga), y sumar a un guitarrista (Yodi Godoy) hijo del carnicero del barrio. Estas personalidades tan dispares, pero que tenían un deseo en común -hacer una banda y hacerse escuchar-, y vaya que lo lograron.

-LF: La gestación de esta banda, como tantas otras del mundo, surge con el empujón de hacer un tipo de música que no se hacía en estas tierras y coincide en que los miembros originales estaban en un lugar determinado a la hora señalada. La famosa banda de barrio que todos sueñan, más allá del dato anecdótico, pero real, que Willy Quiroga cuando lo buscan para integrar la banda les llevaba diez años de diferencia a los demás. Con respecto al tiempo de cada uno en la banda, es bastante relativo. Los cuatro miembros originales estuvieron desde finales de 1969, pasando por el primer LP “Caliente” (’70), hasta la grabación del segundo LP “La Biblia” (’71) que es cuando Juan Carlos Godoy abandona la banda y la presentan en vivo con Nacho Smilari en guitarra, con quien llegan a grabar un disco simple. En trío graban “Jeremías pies de plomo” (’72), “Es una nube, no hay duda” (’73), “La nave infernal” (’73), “Cuero caliente” (’74) y “Vox Dei para Vox Dei” (’74), hasta que Ricardo Soulé decide dejar la banda y viaja a Europa a probar suerte. Luego las idas y vueltas de Ricardo fueron varias a lo largo de los años, mientras que Willy y Rubén continuaron actuando con el nombre original.

-En el libro aparece la mirada de otros músicos ¿Encontraron puntos en común acerca de la mirada a Vox Dei por parte de los entrevistados?

-LF: Absolutamente. En las más de cien entrevistas que hicimos para el libro nos asombramos con cada testimonio de los músicos que hablaban más que todo desde su costado de fan de la banda, tal vez olvidándose que eran colegas. Músicos como Fito Páez y Andrés Calamaro dan cuenta de eso en el libro.

-NP: Mi primera sorpresa fue conocer que el primer disco de rock que escuchó y compró Fito fuera “Es una nube, no hay duda”: las nuevas camadas de compositores del rock argentino encontraban allí en qué proyectarse. Que el libro lleve por título Historias no es antojadizo, sino que se debe a la gran investigación y a los reportajes que realizó Lucas a distintos músicos que participaron en Vox Dei, el violero Nacho Smilari o el tecladista “Pollo” Raffo, así como también a músicos que pasaron por las bandas que armaron los integrantes fundadores, dando su testimonio.

-La vigencia del primer rock también existe porque lo contaban medios gráficos como Expreso Imaginario, Pelo o tipos como Miguel Grinberg, Pipo Lernoud. ¿Por qué ustedes siguen contando el rock?

-LF: Que nos pongas a la altura de Pipo y Grinberg, realmente es un gran halago, ellos picaron la piedra en el periodismo de rock, y en mi caso son modelos a seguir. ¡Uno de los reconocimientos más grandes que tuve con este libro, es leer un mensaje de Pipo diciéndonos “Que falta que hacía ese libro!”. Seguimos contando sobre el rock argentino porque aún hay cosas que no se han contado o se han contado a medias, y esa sigue siendo nuestra tarea.

-NP: La necesidad de seguir contando sobre el rock argentino (digo argentino, porque “nacional” lo acuñó la dictadura durante la guerra de Malvinas) porque es parte de nuestra idiosincrasia, de nuestra cultura, y en tiempos donde tratan de inculcarnos que lo nuestro es una mierda, decimos: miren, lean y escuchen lo que hicieron estos músicos del carajo. Además, la narración de nuestro texto, debido a mi oficio de guionista, me permitió recrear escenas de cómo fue la escritura y creación de distintos temas memorables como “Jeremías pies de plomo” o “Total qué”, en medio de diálogos y melodías aportadas por sus creadores. Todo dentro de un contexto histórico que tratamos de señalar en cada momento a lo largo de la extensa vida de Vox Dei.

-Presente está en todas las guitarreadas, nada puede escapar... ¿Qué lugar del podio de canciones de los 60/70 ocupa ese himno?

-LF: Evidentemente es una gran canción, de amor, inspirada en la relación de “desamor” que sufrió siendo jovencito Ricardo con Graciela, la madre de sus cinco hijos, vueltas de la vida y el corazón, aún siguen juntos y he sido testigo muchas veces compartiendo con ellos del amor que se tienen, como si fueran dos noviecitos. Es muy tierno eso. En cuanto a lo musical, no creo que sea la canción que más representa a “Vox Dei”, al menos eso me genera a mí. Antes de esa puedo elegir cinco que me gustan y conmueven más, pero eso ya es personal, y ya que estamos en lo personal, quiero aclarar que esa canción acercó a muchos jóvenes (entre los que me incluyo) al rock y a las guitarreadas, seguro influenciados por el boom del film “Tango Feroz” de Marcelo Piñeiro. Recomiendo el capítulo del programa “Como hice” de Emilio del Guercio donde se ocupan de esta obra minuciosamente.

-NP: Con “Presente” me pasa algo similar que con “Barro tal vez”, del Flaco Spinetta, y pienso cómo siendo unos pendejos pudieron escribir semejantes poesías, porque son eso, más que letras, y la fuerza que contienen al transmitir esos sentimientos se transforma en un himno para los jóvenes. El principal valor y su trascendencia se deben a que son letras que salen de las tripas, y eso las hace inoxidables.

-Mucho se ha dicho también de la relación entre Ricardo y Willy, siendo cada uno dueño de una trayectoria y una singularidad artística que los vuelven únicos. ¿Qué página escribió cada uno en la enciclopedia del rock argentino?

-LF: El hecho de ser pioneros, de “inventar” un sonido de rock argento desde los márgenes (Quilmes) con letras muy acabadas, con temas comprometidos como los textos bíblicos, y con la convicción de hacer lo que querían, a costa de cualquier cosa, cualquier cosa. Su compromiso con el arte es admirable, Ricardo sigue subiéndose a los escenarios con su banda “La Bestia Emplumada” y grabando discos y Willy lo hizo hasta unos días antes de partir de este plano. Unos verdaderos obreros del rock, de la vida.

-NP: Los Vox Dei, tras la creación de “La Biblia”, se encuentran con que han puesto la vara muy alta y con la deserción de Yodi Godoy, uno de sus fundadores. El desafío a lo que se venía era importante. Y ellos, más allá de alguna participación de Nacho Smilari, deciden ser el trío Vox Dei: Quiroga, Soulé, Basoalto. Y se mandan un discazo como “Jeremías pies de plomo”. No se habían quedado en la canción “Presente” ni en lo conceptual de las Sagradas Escrituras: pusieron un sonido heavy en este paso. De “Es una nube, no hay duda”, ya en una compañía internacional, saltamos a “Vox Dei para Vox Dei”. Una obra poco reconocida, pero que, para mi humilde opinión, tiene un sonido de vanguardia. Y justo ahí viene el alejamiento de Soulé. Creo que esa separación no era ajena a lo que pasaba en el movimiento local. ¡Cuánto duraban bandas como Pescado Rabioso o Crucis! En este parteaguas, entiendo que Willy siempre creyó que el manantial de creación estaba en ser Vox Dei y, para Ricardo, en abrir nuevos horizontes. Los intermitentes regresos de Ricardo a la banda no fueron para tocar las viejas canciones, sino para, con Willy, crear nuevos temas, y eso es lo que llevó a que estuvieran vigentes en distintas épocas. En nuestro libro no busquen puterío de separaciones, sino alejamientos y, lo más importante, la creatividad de hermosas canciones. En mi caso, respecto del cariño que tengo tanto hacia Willy como hacia Ricardo, recuerdo cuando, hace un par de años, la Municipalidad de Quilmes le hizo un homenaje a Vox Dei y ellos subieron al escenario y cantaron “Libros sapienciales”, el primer tema que escuché de ellos siendo un pibe.

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Gustavo Grosso