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NOTAS

Crónicas del bombardeo (parte 2)

Segunda y última parte de la nota sobre la novela gráfica de Emiliano Maitía y Fede Di Pila que recrea los trágicos sucesos del 16 de Junio de 1955.
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Miércoles 11 de febrero, 2026

Sutileza explícita

Emiliano Maitía, guionista de Crónicas del Bombardeo, pondera las posibilidades narrativas que la historieta brinda a la hora de contar algo así, más aún cuando se cuenta con un dibujante con la sensibilidad de Fede Di Pila: “Yo creo que quedó bien, juzgarán quienes lo lean. Alguna discusión se puede llegar a armar sobre varias cuestiones. Al mismo tiempo creo que pasaron 70 a años, y por eso sea un episodio que hiera menos sensibilidades que cosas que pasaron hace 50. Meterse con la década del ´70 es un poco más picante que con la del´50, porque ya está más lejos. Y me parece importante el laburo de Fede, que armó unas páginas muy atractivas desde lo visual, muy eficaces desde lo narrativo, a pesar de que a los dibujantes muchas veces no les gusta estar documentándose y copiar cosas que vienen de otros lados, hizo un muy buen laburo para recrear la época, los espacios, los objetos, las personas. No es una historieta histórica que esté llena de choclazos que te explican cosas. Tiene bastante texto porque los personajes hablan y piensan mucho, pero también hay algo de poder graficar la violencia del hecho que las personas que lo leyeron hasta ahora nos dijeron que había algo de eso que generaba un impacto. Que, si vos tuvieras que contarlo en literatura no es lo mismo, porque te lo tenés que imaginar, y si fuera cine, acaso termina siendo más cruento, medio pornográfico. El comic tiene una cuestión particular de lo que implica la violencia y la sangre, que me pregunto todavía qué es".

Preguntas sin respuesta

Una de las justificaciones del hecho más recurrentes con la que se topó el editor y guionista al documentarse gira en torno a la cuestión de que Perón había sido alertado sobre posibles acciones golpistas que tendrían lugar esa jornada, y que, una vez iniciado el ataque y tras una convocatoria de la CGT en defensa del gobierno, el líder demoró en desalentar dicha concentración, momento de la jornada en el que más víctimas civiles se registraron. El libro recoge esa discusión.

Y también otra, más incómoda, en relación a la celeridad con la que el gobierno desplegó los operativos de limpieza de cuerpos y escombros, y cómo eso favoreció más aún a la narrativa opositora del hecho. “Yo puse al final la cita de Félix Luna (que está lejos de ser peronista), que dice que fue un error de Perón permitir (o impulsar, o lo que sea que haya sido) la quema de las iglesias, porque ese episodio es recordado mucho más que el bombardeo inmediatamente anterior. Yo me acuerdo, cuando a mí me enseñaron este período, que lo que más me quedaba a mí y a mis compañeros era la quema de las iglesias. Más allá de todas las imágenes posteriores (mampostería destrozada, unos cuerpos), no hay una narrativa sobre el hecho. El discurso de Perón después, es tipo “bueno, calmémonos un poco”, como tratando de bajar las aguas porque, según diferentes lecturas dispersas, fue como un chispazo que podría haber encendido una guerra civil, o en todo caso fue un ensayo en ese sentido. Porque la Infantería de Marina estaba acuartelada, buena parte de la gente (armada) fue a defender al gobierno y hubo un enfrentamiento, donde hubo bajas sólo de un lado. Hubo granaderos a los que mataron cuando defendían la Casa Rosada, dos facciones del ejército enfrentadas... está lejos de ser un episodio claro, pasaron muchas cosas.”

Lo indiscutible: catorce toneladas de explosivos fueron arrojadas sobre la Casa de Gobierno y la población civil que transitaba la Plaza de Mayo, lo que dejó un saldo de más de 300  muertos (incluido un trolebús que transportaba un contingente de escolares) y alrededor de 1.200 heridos. “En definitiva, el episodio es opaco. Si juzgamos sólo los hechos, es una masacre. Y estuvo articulado por este gran conglomerado de oposición y esta lógica de poder que otorga legitimidad a ciertas violencias, en el sentido de que tenés la capacidad de ejercerlas. Yo, investigando todo esto, buscaba citas que me sirvieran para las carátulas de los capítulos y me daba cuenta de que en las historias de cada capítulo no iba a poder meter toda la información con la que yo me cruzaba, entonces empecé a buscar estrategias para meter toda esa data sin ponerla dentro de la historieta. Hay separadores con citas que te amplían el contexto, es un libro pensado casi como de divulgación, te diría. Es una combinación: te da información y al mismo tiempo, desde la ficción trabaja estos tres episodios”.

Una de esas citas, pertenece a Estela de Carlotto, quien se replantea la actitud de un sector de la sociedad (una clase media dentro de la cual ella se identifica) que no repudió el hecho, oscilando entre la indiferencia y la aprobación, como si la tragedia fuese sólo de quienes adherían al peronismo. Acaso la principal clave de lectura del libro. “Perón no aparece en el libro. Aparece sólo en un cuadrito, imaginado por uno de los militares, eso es una decisión también. Enfocarse en estos personajes que estaban ahí, como víctimas o como victimarios. Una mirada de la sociedad civil que mira los despojos y dice “¿qué hacemos con esto?” Y no está la respuesta.” Bienvenidas estas Crónicas del Bombardeo para intentar responder a esa pregunta colectivamente desde el hoy.