Hace un par de meses llegó a mis manos La Espera, de la historietista coreana Keum Suk Gendry-Kim, novela gráfica editada en castellano en 2020 por Reservoir Books y con traducción de Joo Hasun. Se trata de un libro de 256 páginas en blanco y negro.

En el primer tramo de la historia se explora una relación bastante críptica y repleta de tristezas y de silencios entre una madre, Gwija, y su hija, una escritora de mediana edad que busca consagrarse dentro del mundo de la literatura. Visitas, cuidados, momentos juntas...la hija hace de todo por su madre, pero se siente en falta: prometió hace bastante ayudarla a reencontrarse con su hijo primogénito que perdió literalmente en lo que fue su exilio desde el norte de Corea hacia el sur, en tiempos en los que no existían dos ´Coreas´ separadas y enfrentadas, sino una sola. ¿Conseguirá la hija que su madre se reencuentre finalmente con su hijo perdido?

Ahí estamos, ahora en un tiempo bastante lejano. Keum Suk Gendry-Kim nos introduce a un pasado del que poco sabemos de este lado del mundo, cuando había una sola Corea y la gente vivía una vida muy diferente a lo que nos llega ahora a través de los medios y de las noticias. Conocemos a una joven Gwija repleta de sueños y con todo un futuro por delante. Sin embargo, su vida dará un vuelco cuando su familia -para asegurar su futuro- decida casarla con un desconocido.
Sin dudas, esa no era la vida que Gwija hubiera querido para ella misma. Sin embargo, la sigue peleando y con ese señor desconocido consigue construir una familia. Ese relato íntimo y repleto de resignaciones se verá eclipsado por un contexto histórico que cambiará el rumbo de los acontecimientos y que de repente encontrará a Gwija y a su familia en una huida a pie desde el sur de Corea hacia el norte, para nunca jamás volver.

He aquí el nudo realmente dramático de la novela gráfica de Gendry-Kim: viñetas en las que la protagonista describirá el exilio y la migración forzosa hacia tierras lejanas y desconocidas. Será, en ese camino en el que no se le permite mirar atrás, cuando Gwija conocerá el significado de la tragedia al perder en un abrir y cerrar de ojos a su hijo, que caminaba junto a su padre. El hecho ocurrirá cuando Gwija decida hacer una breve parada estratégica para alimentar a su hija de brazos, quien se encuentra hambrienta. Cuando termine de amamantarla, Gwija ya habrá perdido de vista al resto de su familia.
De ahí, La Espera se revela como un relato repleto de dudas, carencias, pero sobre todo de incógnitas y culpas. Radicada en lo que luego sería Corea del Norte, Gwija vivirá una vida triste con un pasado inaprehensible, lleno situaciones inconclusas e insuperables, en el que finalmente todo resultará en convivir con el dolor. Toda su vida girará en la mera posibilidad de viajar algún día a Corea del Sur para reencontrarse con su hijo, aunque sea tan solo por unos instantes, para abrazarlo e intentar reparar toda una vida de ausencia. Esperar, solo se tratará de eso para Gwija, al mismo tiempo que su hija deberá lidiar con sus propias culpas asociadas a promesas no cumplidas, mientras intentar entender a su propia madre en el presente y cómo consiguió -y no tanto- rehacer su vida ante la completa adversidad.

Para desplegar su increíble calidad narrativa, Gendry-Kim opta por un dibujo a mitad de camino entre el comic oriental -en el caso de Corea, manhwa- y la historieta europea, probablemente porque la historietista ha vivido parte de su vida en Francia. Trazos muy cuidados se entremezclan con otros cargados de gran emotividad y melancolía, para acercarnos a algo así como cuadros expresionistas que evocan otra época. Todas viñetas, obviamente, realizadas 100% en blanco y negro para traernos luces y sombras que consiguen recrear una atmósfera triste, donde la espera se vuelve el centro del relato. Los fondos repletos de detalles se intercalan con imágenes más abstractas que consiguen transmitir emociones muy reales a partir de las gestualidades de lxs protagonistas.

En cuanto al ritmo narrativo, Gendry-Kim maneja una dinámica muy precisa que permite hacer respirar a la historia cuando es necesario y que, al mismo tiempo, permite a lxs lectores ubicarse fácilmente en las diferentes líneas de tiempo que se presentan. La Espera consigue sostener un relato que va y viene de manera muy orgánica, atraparnos en cada página, llevarnos a los tiempos de la Guerra de Corea (1950-1953) y hacernos testigxs del trauma que tuvieron que vivir aquellas familias que en ese proceso terminaron separadas.

A través de una ficción construida a partir de entrevistas mantenidas con varias personas que vivieron el contexto narrado en primera persona, incluida su propia madre que lleva 70 años esperando su reencuentro con su hermana, Gendry-Kim nos regala un relato durísimo y difícil de asimilar, pero no por eso menos cautivante. Sin dudas una joya, imperdible e imprescindible dentro de su estilo y su género.


