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NOTAS

Nightly News

La primera obra publicada del aclamado Jonathan Hickman nos trae la fantasía de muchos: hacer justicia con los medios (y no hablo de temas legales).
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Miércoles 01 de abril, 2026

Antes de ser el respetado autor cuya sola presencia en la portada de un comic genera ventas, expectativas y multiplicidad de premios, Jonathan Hickman era un arquitecto que trabajaba como diseñador gráfico y quería entrar en el mundo del Noveno Arte. Tras algunos intentos frustrados, toma la decisión de volverse autor completo y tenemos así esta historia publicada por Image entre Noviembre de 2006 y Junio de 2007. “Nightly News”, en sus seis entregas, nos cuenta sobre una agrupación terrorista (“The Hand”, nada que ver con la organización ninja marvelita) liderada por el enigmático “The Voice”, quien tiene como objetivo matar periodistas en forma indiscriminada para así denunciar la manipulación de los grandes monopolios mediáticos y sus mentiras que afectan a tantas personas inocentes (tal vez hubiera sido menos trágico que la organización se encargara de denunciar con pruebas esas mentiras, pero bueno, se ve que a La Voz no se le ocurrió).

Mientras escribo este texto, me doy cuenta de que resulta un comic difícil de valorar porque me es imposible verlo con la objetividad que requeriría ante un autor que me gusta mucho, y que algunas de las cosas que se le critica (no yo) aparecen aquí, aunque más burdas: el exceso de información, las infografías, saltos temporales, cierto aire de trascendencia que despersonaliza a los personajes y los hace a todos iguales… Vamos de a poco con cada cosa, así me explico mejor.

El comic no solo cuenta una historia tradicional, sino que Hickman aprovecha su rol de hombre orquesta (es el guionista, dibujante, letrista, colorista e incluso editor) para disponer la página de acuerdo a los dibujos y a los bloques de información que, si bien no aportan al desarrollo de lo que se quiere contar, sí me parece que ayudan a dar marco, a entender mejor por qué The Voice hace lo que hace, además de parecer por momentos una justificación a los hechos terroristas. Hickman debió pensar lo mismo, porque en cada número hay una aclaración de que como autor no se siente para nada identificado con las acciones de los personajes, algo que se disimula bastante bien, debo agregar. Esos datos, que implican una concienzuda investigación (ni idea si son reales, pero aparecen con una seguridad tan grande, que realmente me convenció) marcan un paralelismo entre las acciones de los terroristas con las de los medios de comunicación, quienes también arruinan vidas con noticias falsas y exageraciones que solo sirven para vender más.

En ese contexto es que aparece el protagonista del relato, John Guyton, un hombre con una vida arruinada, reclutado por la misteriosa voz. Siempre es atractiva la idea de un burgués que pierde todo por culpa de malignos empresarios cuyos rostros se mantienen en las sombras, y gran parte del discurso ideológico del comic va por ahí. En ese sentido, es criticable la escasa caracterización de los personajes: son arquetipos, son envases que representan ideas del autor, misma crítica que puede hacerse a otros comics de Jonathan Hickman (la forma por sobre el fondo).

Por otro lado las infografías, más allá de su valor informativo-narrativo, aportan una mirada artística original a la disposición de página ante la casi inexistencia de viñetas tradicionales. Al estudiar comics posteriores del autor, me da la sensación de que esta disposición tiene mucho que ver con las limitaciones que tiene como dibujante: las páginas se llenan de texto y se aprovechan las tintas para tapar gestos o detalles de los cuerpos (por ejemplo, a veces se diferencian los personajes porque uno tiene barba, otro el pelo largo, otro usa lentes y así), sumado a la casi inexistencia de fondos. La escasa capacidad de Hickman para dibujar se confirma en que rápidamente abandona ese rol para dedicarse el resto de su carrera a ser guionista.

Otro grupo de interés que Hickman pone en primer plano es el político quien, a través de arreglos con los medios de comunicación, intenta transmitir mensajes contaminados por sus intereses que nunca tienen que ver con mejorarle la vida a la gente. Allí también se denuncia esa connivencia entre poderes tan grandes que parecen imposibles de enfrentar con éxito (bueno, me convencieron: bien tiroteados todos). Estas denuncias me recuerdan a la novela “Fight Club” de Chuck Palahniuk, donde también vemos una organización que se termina volviendo terrorista, aunque en ese caso para denunciar el consumo vacío del ser humano.

Vamos ahora un poco a la historia: ¿es buena? Es… legible. Ponele. No es muy original en su premisa y siento que se empantana en lo que quiere contar con toda esa carga informativa porque, en definitiva, las seis revistas van de una organización que mata periodistas, se recluta gente, un par de plot twists, y fin. Hay muchos (muuuuchos) discursos que se tornan repetitivos (sí, Johnny, ya entendimos quiénes son los buenos y quiénes los malos) e ideas que se resuelven de la nada (el destino de un personaje que se entrega a la policía, la revelación del final, etc.). Tampoco ayudan demasiado los saltos temporales que por momentos pueden volverse un poco confusos si no se presta atención; los saltos pueden criticarse porque no parecen tener una función narrativa concreta: se podría contar lo mismo de manera tradicional y no afectaría demasiado la historia; se distinguen el presente del pasado por las palabras y por la paleta de colores usada.

En definitiva, lo que tenemos aquí es un comienzo prometedor que, con sus aciertos y sus fallos, da pistas de un autor que no ha parado de crecer hasta volverse uno de los nombres más importantes de la industria. Recomiendo la obra para fans del autor que quieran conocer sus orígenes y cómo aparecen muchos de los elementos que serán característicos de sus trabajos posteriores. Para un público casual, puede servir como una curiosidad interesante.