Te presentamos el genial manga meta-comiquero de Satoshi Kon, que no quedó inconcluso de milagro... ¿o sí?

Opus

23/11/2016

| Por Andrea Vega

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61snuw7ngyl-_sx342_bo1204203200_El nombre de Satoshi Kon se hizo conocido entre el público occidental como director de largometrajes de animación. Desde su debut con Perfect Blue, su original estilo surrealista revelaba un talento sin igual que, merecidamente, lo convirtió en uno de los grandes del animé. Pero Kon había comenzado su carrera artística como mangaka, y al leer Opus queda claro por qué la transición de una industria a otra fue exitosa. Opus fue el último manga que escribió y dibujó en los ´90, y Kon lo puso en pausa en ese entonces para dedicarse de lleno a su primera película. Tras su muerte en 2010 ésta se convirtió en una obra inconclusa, pero no por eso deja de ser fascinante ver las primeras muestras de un estilo que luego refinaría con sus películas.

El lector conocedor del resto de la obra de Kon no se sorprenderá de que la historia comience con lo que parecen ser las páginas finales de otro manga, Resonance, una creación de Chikara Nagai. Gracias a las notas al margen de la página provistas por el editor obtenemos un resumen del argumento: es la historia de una valiente joven llamada Satoko, que usa sus poderes psíquicos para combatir al malvado Masque, amo y señor de un culto de esclavos a quienes se les ha lavado el cerebro.

opus_resonanceCuando la acción está llegando a su climax, los trazos del dibujo se vuelven más desprolijos e indefinidos, y nos encontramos con los bocetos de lo que será la continuación de la historia. El plan de Nagai es matar a Lin, otro psíquico, que aparece justo a tiempo para salvar a Satoko; un giro argumental que ni siquiera el editor se veía venir y con el cual no parece estar muy conforme.

Luego nos encontramos en el diminuto estudio del mangaka, mientras él y su asistente trabajan contra el reloj para cumplir con los plazos de entrega a la editorial. Nagai no ha dormido en un par de días para lograr terminar a tiempo y, mientras trabaja en el entintado de la viñeta donde Lin muere, comienza a cabecear de sueño. Al despabilarse de golpe, observa que el original ha desaparecido, y en su lugar hay lo que parece ser un túnel del cual emerge el propio Lin, furioso con la decisión de Nagai de matarlo. Entonces Nagai es absorbido dentro del universo de su comic, cayendo literalmente en él para aparecer justo en medio de la batalla contra el villano.

A partir de ahí, la historia podría haber tomado un camino simple: hacer que Nagai use sus “poderes” como creador de ese mundo ficticio para manejar todo a su conveniencia. Pero Kon tenía otras ideas y las ejecuta de manera brillante. Conociendo su obra posterior, no es sorprendente que el interés esté puesto en la forma en que se funden el mundo de fantasía y el real.

opus_ruutuPero también explora sus efectos; las personas que habitan en la ficción no sólo deben lidiar con el hecho de que sus vidas no son más que una historia creada con fines de entretenimiento, sino que acabar con el mal que amenaza a su mundo también implica el fin de su existencia, cuya razón de ser es la permanencia del conflicto. Terminado el conflicto, sus vidas ya no tienen un propósito, y su lucha por comprender y aceptar esta realidad está retratada en varios momentos de la historia.

Kon también recurre al arte para ejecutar sus ideas, y hay detalles que transmiten lo metódico que era en ese sentido. Cada escena, cada giro dramático, cada detalle en el dibujo, todo sirve un propósito y nada está hecho al azar. Por ejemplo, cuando Lin comienza a desviarse del guión, Kon nos muestra un mundo chato con dibujos simples. ¿La explicación? Eran fondos pobremente dibujados a las apuradas. Detalles como éste sirven para reforzar la idea de que este mundo ficticio existe sólo en la medida en que Nagai lo creó, y que a pesar de ser el autor, él no comprende totalmente cómo funciona.

El clima de tensión en aumento y la hábil ejecución del guión forman un combo que mantiene al lector expectante, a la espera de ver la resolución de la historia. Pero hay que estar preparados, porque todo concluye abruptamente en un climax. Por supuesto, no es el final propiamente dicho, ya que Kon nunca pudo darle un cierre a la historia luego de que su carrera como director despegara.

satoshi-kons-opus-02Sin embargo, sí había un final planeado, y la edición de Dark Horse contiene las últimas páginas creadas por Kon. En su mayoría son páginas sin entintado y con bocetos algo rudimentarios que, irónicamente, convierten a Opus en un caso extremo de metaficción. Sin entrar en detalles, estas páginas finales redondean la idea de que la lucha del artista con las publicaciones, los plazos de entrega, y las complejidades de la industria es muy real. Quizás ése haya sido uno de los mensajes más importantes escondidos en esta obra.

Como metaficción, Opus es magnífica. Por supuesto, el hecho de que no tenga un final (y de que nunca vaya a tenerlo) hace difícil recomendarla a cualquiera, y definitivamente no es un punto de partida para conocer la obra de uno de los talentos más grandes que haya existido. Pero para aquellos que ya la conocemos y admiramos, es bueno que este trabajo haya emergido del limbo, sin importar la forma en que lo haya hecho.

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