Empezamos a contar la historia de uno de los personajes más queridos entre las tantas creaciones de Robin Wood y Cacho Mandrafina.

Savarese (parte 1)

05/07/2021

| Por Ariel Avilez

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17973152TIEMPOS VIEJOS
El día de los Santos Inocentes del año 1978, los lectores de la revista D’artagnan presenciaron sorprendidos la pérdida de la inocencia de un enclenque sicilianito de ficción y también de toda una línea editorial, la de Columba; hasta la fecha, ni el propio Robin Wood, el más audaz de los guionistas de la casa, se había animado a desarrollar del modo que luego desarrolló a un personaje de las características de Savarese, un antihéroe, un sujeto que no conoce otras victorias que las amargas victorias pírricas.
1978 fue un año clave para la Editorial Columba: festejaba su aniversario número 50, tenía cuatro publicaciones en las calles y una gallina ponedora de huevos de oro que no cesaba de crear series para cada una de ellas. Progresivamente, Robin Wood -la mentada gallina, claro- fue abandonando sus pseudónimos -Roberto Monti, Robert O’Neill, Mateo Fusari- para estampar su verdadero nombre en la mayor cantidad posible de historietas: Aquí la Legión, Los Amigos, Mark, El Cosaco, Or Grund, Wolf… todo eso y mucho más es fruto de aquella fértil época.
Antonio Presa, uno de los capos de la editorial, apostó fuerte a la nueva creación de Don Robin: para ella sugirió a un dibujante en ascenso que venía haciendo méritos desde hace poco más de una década (adaptaciones de películas, cierta serie de corte romántico en Intervalo): Domingo «Cacho» Mandrafina, completísimo artista, dueño de un manejo singular de las sombras, soberbio narrador y, como si esto fuera poco, amante documentado de las historias del New York de los años ’30. Y de eso iba, precisamente, la nueva serie.
mandrafina-savareseAntes de comenzar, Rubén Marchionne, el dibujante de Dax, donó sus facciones al protagonista de la historieta: En esa época compartíamos el estudio en la Galería Güemes y utilicé su rostro -nos contó Mandrafina-. Lo adapté primero en su etapa juvenil, sabiendo que iba a crecer, a evolucionar y finalmente tener una cara parecida a esa. En los primeros años es un niño, luego un joven, después adulto y ahí entra en la fantasía habitual de la historieta que consiste en congelar un poco al protagonista y dejarlo más o menos estabilizado en la edad madura, donde puede estar incluso veinte años más con la misma cara, el mismo aspecto.
Ya con varios episodios en carpeta, el Anuario número 12 de la revista D’artagnan salió a la calle con los impagables tres primeros capítulos de la serie, entrevista a Mandrafina incluida, con foto y todo: “Son hitos que uno no se olvida más, obviamente. En su momento tiene un peso muy grande para lo que uno ve, que es el inicio de una carrera”.

Como no podía ser de otra manera, el éxito acompañó desde el vamos a las aventuras de Savarese; éxito testimoniado por la cantidad de portadas que desde entonces se le dedicó.

Savarese episodio19 pag02 Round con la muerteBONACuando ya entrados los ’80 a Wood le resultó imposible sostener su volumen de producción, Columba le asignó al afamado guionista otros tantos escritores encargados de proporcionarle guiones-base que Robin, al mejor estilo Alejandro Dumas, procedía a modificar, enriquecer y hasta reescribir. Así, Pablo Pastore se hizo cargo de Helena, Armando Fernández de Aquí la Legión y Or Grund, y Manuel Morini (Gustavo Amézaga) de Savarese, serie a la cual, entre tantas cosas, proporcionó un personaje de importancia capital: Ingeborg.
Entre 1978 y 1989 se publicaron alrededor de 160 episodios de parejísima factura.  Durante más de una década, a este entrañable personaje lo vimos caer, arrastrarse y levantarse para volver a caer en historias ambientadas entre 1920 y 1945… y con él sufrimos. Tal vez por eso y por el inmenso cariño que uno adivina tanto Wood como Mandrafina depositaron en su creación, es que aún hoy, a más de cuarenta y dos años de su creación, Savarese sigue siendo considerado uno de los picos más altos de nuestra historieta.

AQUEL MUCHACHO TRISTE
El Giovanni Savarese de la ficción nace en 1906 en Graziano, Sicilia, en el seno de una típica familia rural. Vittorio es el nombre de su padre, Rosetta el de su madre y Fredo el de su hermano mayor; gente dura, curtida, de pocas palabras y dueña de un indeclinable sentido del honor.
Desde el vamos, Giovanni desentona: miedoso, enfermizo, apocado, es poco más que la vergüenza de la familia; sólo le falta declarar ser lector de historietas para no merecer la más mínima de las consideraciones.
Ecg9xDiX0AUHok2Las cosas se ponen realmente feas cuando el bambino cumple sus catorce años; Don Vittorio se enemista con Don Fabio, el capo mafia local, a causa de que este pretende que los Savarese cedan sus tierras a un compadre suyo. El buen Don Vittorio es un perro de muy pocas pulgas, pero un perro de los bravos, así que antes de ser acribillado a escopetazos se carga al joven e impulsivo Enzo, hijo único de Don Fabio. Fuera de sí, el mafioso clama vendetta en contra del resto de los Savarese y pronto es parcialmente complacido: Doña Rosetta y el prometedor Fredo perecen bajo el fuego de las luparas cuando se aprestan a huir. A último momento, Don Fabio -quien a diferencia de Wood no ha leído El Padrino de Mario Puzo ni visto la versión fílmica de Francis Ford Coppola- se apiada del insignificante Giovanni y le ordena abandonar para siempre Graziano.
Así comienzan las desventuras del último Savarese.
savarese-di-wood-e-mandrafinaDurante un año, se establece en Palermo, en casa de sus tíos Roberto y Giuliana, gente de muy mala leche, empecinada en matarlo de hambre y cansancio y hacerlo laburar de sol a sol en el almacén del que son dueños. Harto de los abusos y de la violencia psicológica que no tarda en transformarse en violencia física -literalmente lo muelen a palos al tiempo que lo acusan injustamente de ladrón-, Giovanni gana la confianza del capitán del navío Cormorán y se embarca rumbo a New York. Ya veremos cómo le va en ese viaje.

(El lunes, la segunda parte).

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