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NOTAS

Silver Surfer: Parable (parte 1)

Los legendarios Stan Lee y Moebius se unieron para enfrentar al Silver Surfer y Galactus, en un relato que habla sobre nosotros mismos.
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Lunes 06 de abril, 2026

Cuenta la leyenda que en la San Diego Comic Con de 1987 (o en la Anaheim Book Fair de 1988, según a quién le preguntemos), dos creadores mitológicos se conocieron y terminaron por compartir un almuerzo. Para cuando las flores del reconocimiento profesional mutuo dejaron de volar de un lado al otro de la mesa, una idea había empezado a tomar forma: Stan "the Man" Lee y Jean "Moebius" Giraud tenían que trabajar en un mismo proyecto. Según sus propias palabras, Moebius siempre había querido hacer "un verdadero comic americano". Stan, por su parte, cuenta que fue el propio maestro francés quien mencionó su interés por el Silver Surfer, que le parecía "fascinante". En retrospectiva parece casi obvio: ¿Qué otro personaje de Marvel tiene un balance tan perfecto entre poder, elegancia y lirismo poético? Como bien señalara en su momento Stan: "Moebius tiene el alma y las inclinaciones de un poeta". Sea como fuera, el protagonista del proyecto estaba decidido y así, de la colaboración entre estas dos fuerzas imparables de la creación de viñetas nació en 1988, bajo el sello de Epic Comics, Silver Surfer: Parable.

Las parábolas se caracterizan por la expresión de conceptos espirituales, y el título de la obra no fue elegido al azar. En Occidente la idea de parábola está generalmente asociada a muchos de los relatos que podemos encontrar en la Biblia. Desde su concepción, tanto Galactus como Silver Surfer estuvieron atravesados por una cierta aura religiosa que, en clave de comic de superhéroes, retrataba una especie de mito del ángel caído, esta vez en oposición a una figura de divinidad amoral que, en lugar de crear, destruía. En este sentido, la figura de Galactus como analogía de Dios es fallida, y Stan Lee va a retomar esas ideas (esta vez de manera un poco más explícita) para contar una historia sobre el potencial poder destructivo de la fe, la naturaleza cíclica de nuestra historia y la importancia de pensamiento crítico. La historia tiene en Silver Surfer a un claro protagonista y en Galactus a un antagonista perfectamente definido, pero en el fondo Parable es un relato que habla sobre nosotros mismos.

La historia arranca con el retorno de Galactus a la Tierra. Norrin Radd vive entre los humanos como un vagabundo. Tanto su apariencia como su emblemática tabla están camuflados entre harapos andrajosos que lo hacen parecer un indigente. Nunca se aclara en qué continuidad o momento temporal tiene lugar la historia, pero se puede deducir que sucede en algún futuro más o menos lejano. No se hace ningún tipo de referencia a otros personajes de Marvel, con lo cual no podemos saber si los Fantastic Four y el resto de los héroes de la editorial existieron alguna vez o no en este mundo. Si existieron, lo más probable es que fuera en tiempos muy pretéritos. Lo que sí queda bastante claro es que el conflicto original entre nuestro protagonista y su creador es similar al que conocimos en las páginas de Fantastic Four, con o sin su presencia: el Surfer se rebeló contra Galactus en algún punto del pasado y el devorador abandonó nuestro planeta, con la promesa de no volver para consumirlo. Como consecuencia de su traición, el héroe quedó aprisionado en nuestro mundo, condenado a compartir el resto de sus días, como un paria, con los humanos a los que eligió salvar.

Galactus rápidamente se anuncia ante el mundo, sin ningún tipo de tapujos, como un dios. Esto genera una nueva corriente de fanatismo religioso en torno a su figura, que es aprovechada por Colton Candell, un evangelista venido a menos que rápidamente se posiciona frente al público como principal predicador de la palabra del dios cósmico. Será él quien se dedique a arengar a las masas y consolide una posición de poder incuestionable. El plan de Galactus es simple: no puede consumir al planeta porque está habitado, así que va a dejar que la humanidad se destruya a sí misma en un conflicto religioso, para luego proceder a darse su banquete cósmico, cuando no quede nadie a quién proteger. Esto, finalmente, saca a Silver Surfer de su letargo y se eleva una vez más hacia los cielos para enfrentar a su antiguo amo. A través de las figuras del Surfer y Galactus, Lee explora temas de fe y memoria. Un análisis cristiano podría decirnos que la violencia que suscita la fe en Galactus es lo que acaece cuando se cae en la idolatría: Galactus no es el verdadero Dios y por ende adorarlo solo puede traer consecuencias negativas. Un enfoque más cínico podría extenderlo a cualquier tipo de figura pseudo-mesiánica y es aplicable a todo episodio de la humanidad en el que se busque la salvación a través de una única figura, divina o divinizada.

(el lunes, la segunda parte)