Dick Giordano había abandonado su rol como director de la serie en el nº 32, pero quedaba en carpeta una historia más aprobada por él. Sin embargo, el nuevo director a cargo, Murray Boltinoff, no tenía muchas ganas de seguir trabajando con el guionista Steve Skeates, así que a pesar de que el nº 32, terminaba con continuará, decidió patear el tablero y llamar a Bob Haney para que retornara a la serie.
Boltinoff y Haney venían de colaborar de the Brave and The Bold, con bastante éxito, y hacía apenas unos meses, en el nº 94, había vuelto a cruzar a Batman con los Titans. Esta aparición, al igual que su regreso en un numero posterior, y un cruce con Superman en World´s Finest, al que vuelvo en un ratito, parecía una clara movida de editorial de hacer “salir a yirar” a los personajes para ver si de rebote conseguían nuevos lectores y subían las ventas, que en la era Giordano venían en picada. Con el diario del lunes, pareciera que no les rindió lo suficiente.
En cuanto al team-up con Batman, estamos ante la típica historia de Haney de adolescentes que se rebelan contra los adultos, pero ahora con un giro, valga la redundancia, más adulto. Y eso es algo que va a teñir toda esta última etapa del guionista en la colección. Estábamos en los ´70 y el mundo del comic estaba mutando. Ya habían quedado atrás la Batmania y Adam West, eran los tiempos donde Denny O’Neal hizo madurar a los superhéroes con gemas como Green Lantern/Green Arrow, y la saga de Ras Al Ghul. Y Haney, a pesar de sus limitaciones, no era ajeno a estos cambios de rumbo.
En uno de los guetos más jodidos y olvidados de Gotham, un movimiento de jóvenes conocido como STOPP, amenaza con detonar una bomba atómica en la ciudad si no cumplen con sus demandas. Batman decide llamar a Dick y pedirle ayuda para que su equipo infiltre a la organización y tratar de localizar la bomba, mientras él lucha porque se cumplan las demandas de los jóvenes y ganar tiempo, porque en el fondo todo apunta a que mas allá de sus métodos, los reclamos de los jóvenes son justos, ya que viven en un barrio abandonado a la buena de Dios y solo quieren mejorar sus condiciones de vida. La resolución es bastante tirada de los pelos, y todo resuelve gracias a las habilidades empáticas de Lilith, pero no de la forma que uno esperaría. Quizás lo mas interesante que tiene la historia es que son los Titans los que sacan las papas del fuego, ante la imposibilidad de Batman o las autoridades de encontrar una solución al conflicto.
Pero volvamos a la Teen Titans nº 33. Skeates se fue y nos había dejado a Wally y Mal atrapados en una línea de tiempo alternativa. Y entonces llega Haney, resuelve todo este conflicto y encima le suma dos nuevos, y el episodio termina yendo para cualquier otro lado. Parece mentira que fueran solo 22 páginas, por la cantidad de cosas que pasan. En las primeras 6 paginas, nos resumen el capitulo anterior, y Jupiterius ayuda a Wally y Mal a regresar al pasado antes de alterar la línea temporal. De esta manera ellos evitan matar al cavernícola, cuando son nuevamente transportados al presente que ahora se mantiene tal y cual lo conocemos, pero…. Al estar enfrascados en una pelea con el cavernícola se lo trajeron con ellos al presente y si señores no es otro Gnarrk. Y acá me molestan dos cosas: la primera es que estamos repitiendo una historia que ya vimos en el nº 2, y la segunda es que la resolución del conflicto temporal no tiene sentido, ya que la muerte de Gnarrk provocaba una línea paralela, pero ¿arrancarlo de su época y traerlo al presente deja inalterado?? No cierra por ningún lado, pero vamos a ignorarlo, para hacerle un favor a Bob que ya es casi un amigo a esta altura del partido. En las 15 páginas restantes, los Titans se dedican a “Civilizar” a su amigo de las cavernas y transformarlo en un joven de la edad moderna, cuestión que se complica y apura el trámite cuando descubre que fue testigo de unos negocios turbios, que involucran políticos corruptos y que la única manera de llevar a los responsables ante la justicia es lograr que un juez considere valida su declaración. Una huevada cósmica, que nos recuerda a las peores épocas, pero por suerte eso está a punto de cambiar.
Antes de meterme de lleno en lo que viene después, quiero dedicarle unas líneas a la World´s Finest nº 205, donde con guion de Steve Skeates y dibujos de Dick Dillin, los Titans comparten cartel con Superman en una historia pelotudisima, que como dije más arriba no debía ser más que una excusa para mostrar a los personajes en otras revistas. Para no hacerla muy larga y aburrirlos, en un pueblo en el medio de la nada, los Titans se instalan y se comportan de manera muy extraña, porque según parece todos el pueblo está controlado por una super-computadora alienígena, que entró en contacto con un viejo muy conservador antes de morir y hace que todos se comportan de acuerdo a sus estándares, por lo cual el racismo, el machismo y las “buenas costumbres” están a la orden del día. De alguna forma Lilith le manda un mensaje subliminal a Superman de manera inconsciente y el último hijo de Krypton llega al pueblo para sacar las papas del fuego al destruir a la máquina infernal. Los Titans están pintados al óleo, totalmente desnaturalizados y no cumplen ninguna función en la historia, que es por demás estúpida y olvidable.
Por suerte con el nº 34 levantamos la puntería y nos enteramos que Donna está poseída por una bruja, y así, sin mucho preámbulo y explicación lógica, la serie cambia radicalmente y comienza a coquetear de manera directa con el comic de horror y sobrenatural. Incluso desde lo gráfico, las portadas de Nick Cardy, parecen más de la House of Secrets que de un comic de superhéroes y el dibujo de los interiores (donde George Tuska dibuja y Cardy apenas retoca un poquito los trazos de su colega) también refleja esta atmosfera más oscura, que se va mantener por los próximos episodios.
En este capítulo todo gira en torno a una bruja que está por morir y quiere poseer el cuerpo de Donna para poder continuar con su existencia, sin que ella ni la actual huésped sean conscientes de esto. Obviamente Lilith y sus poderes son fundamentales para desentrañar el misterio que lleva varios siglos y sobra decir que al final triunfa el bien.
Los números 35 y 36 proponen una historia en dos partes, pero de solo 15 páginas cada entrega, acompañadas de un back-up. No sé muy bien si es una historia que les quedo muy larga y la partieron a la mitad o si la idea era hacer capítulos más cortos para poder darle lugar al complemento con historias unitarias de distintos personajes, ya que a partir de este número el precio de las revistas había subido unas monedas y venía con más páginas, en la mayoría de los casos rellenadas con reprints.
La historia principal nos cuenta cómo en un viaje a Verona, para inaugurar un nuevo laboratorio de industrias Jupiter, Lilith es poseída por el espíritu de Julieta, y se enamora de Romeo, el hijo de un enemigo de Jupiter que no quiere que instale el laboratorio en sus ciudad. De esta manera empieza un remedo de remake consciente de la obra de William Shakespeare, que los Titans tratarán de evitar que llegue al mismo trágico final. Suena estúpido, la idea en cierto punto lo es, pero Haney levanta bastante la puntería con los guiones y el dibujo está tan prendido fuego, que la historia se disfruta bastante.
Por el lado de los back-ups, en el 35 tenemos una historia de Mal que nos cuenta qué se quedó haciendo mientras el resto del equipo está en Italia, y que refuerza la idea de por qué continúa en un equipo de superhéroes, sin tener poderes ni una identidad secreta. Esta historia trae también el regreso de Gargoyle, aunque para el final de la historia Mal consigue volver a mandarlo al limbo, como si jamás hubiera salido de ahí.
En el 36, además de un reprint, tenemos una historia corta de Aqualad escrita por Skeates y que editada por Giordano, por lo que suponemos que es algo viejo que quedó en el tintero sin publicar. Aqualad ayuda a una misteriosa chica de un extraño villano que parece venir de otra dimensión, pero los dos desaparecen antes de que sepamos nada de ellos. Probablemente sea un plot que se desarrolle mejor en la revista de Aquaman, por entonces escrita por el mismo Skeates.
El otro back-up original, es el origen de Lilith (o lo más cercano que el personaje tiene a eso), una historia en la que vemos cómo se manifiestan por primera vez sus poderes y descubre que es adoptada, luego de que su madre, de quien heredó sus poderes, la dejara en un orfanato escapando de su padre. En los próximos números, seguirán las aventuras de Lilith pero en eso ya nos meteremos en la próxima entrega, que esta se hizo muy larga.


