Pasaron dos años de la cancelación y DC estaba entrando en una nueva era capitaneada por Jenette Kahn, por lo que un bastante despierto Joe Orlando, viendo los números de ventas que tenían los reprints en “DC Super-Stars” y “Super-Team Family”, consiguió una segunda oportunidad para los jóvenes titanes.
Estos 10 números que se publican a partir de 1976, son quizás una de las etapas menos valorada del equipo a pesar de que es acá donde se tejen muchísimos de los argumentos que más adelante van a servir de disparadores de grandes historia. Siempre a la hora de referenciar a los Titans, caemos por lógica en la etapa Bob Haney/ Nick Cardy y la ineludible Marv Wolfman/ George Perez, pero lo cierto es que sin estos numeritos de Bob Rozakis los Titans no serían lo que son. Igual aclaro, antes de que se me vengan al humo, que con esto no estoy diciendo que estos episodios sean excelentes, ni muchísimo menos. Es más, ahora vamos a ver que en varios aspectos dejan mucho que desear. Pero lo que es innegable es que sientan un montón de bases para todos los que van a venir después, con episodio de origen incluido.
El rumbo del guionista es claro, y quiere imponer al equipo como especie de Justice League de segunda línea. La idea es enfrentarlos a supervillanos y robarle bastante al estilo Marvel de la época, con más foco en las relaciones interpersonales. Atrás quedaron los problemas juveniles y/o sobrenaturales que nos presentara Bob Haney. Según sus propias palabras en una entrevista de 2003 decía Rozakis: «Mi sensación es que estos eran un grupito de pibes con superpodres. Si el mundo se está por acabar, ellos no son la primera línea de defensa. Para eso está la Justice League. Entonces los enfrenté a amenazas menores y un poquito más entre ellos mismos. Si los lectores disfrutaban esas historias, yo sentía que había tenido éxito en mi labor, aunque fueran pavotas”.
En el nº44, que Rozakis escribe junto a Paul Levitz, nos enteramos que los dos años en que la revista no salió pasaron también en la ficción. Los distintos miembros del equipo tomaron caminos separados, en muchos casos para dedicarse a sus carreras en solitario. Mr. Jupiter cerró su programa y les donó a los Titans el equipamiento que quedó en su cuartel bajo la vigilancia de Mal, que parece que no tenía nada mejor que hacer más allá de pegarse una vuelta una vez por semana, para chequear que todo estuviera en orden. La cuestión es que después de todo este tiempo se reactiva la alarma y el equipo vuelve a juntarse como si nada. De esta manera, responden al llamado el antes mencionado Mal (de quien por fin sabemos que se apellida Duncan), Wonder Girl, Kid Flash, Robin y un ya rehabilitado de las drogas Speedy. Al final resulta que la señal fue activada por el Dr. Light en un plan para cargarse al equipo, lo cual carece de sentido, porque ¿para qué enfrentarse a un equipo que estaba disuelto? Pero bueno, se la vamos a dejar pasar, porque al final parece que lo que quería eran los códigos de acceso al satélite de la Liga.
Tras capturar a Robin, Wonder Girl, Speedy y Kid Flash, el villano ningunea mal a Mal (valga la redundancia) y el morocho decide tomar cartas en el asunto, para que no lo vuelvan a pasar por arriba. De esta manera toma del salón de trofeos del cuartel un viejo exoesqueleto recuperado por Batman, que le otorga super fuerza, y se calza un viejo traje del Guardian, asumiendo como propia su identidad superheroica. De esta manera, viaja hasta el satélite de la Liga, se enfrenta a Light y salva a sus compañeros. Así queda todo listo para que el grupo retome las actividades de manera regular, sin que se entienda muy bien por qué. El guion no es de los más inspirados y el dibujo del peruano Pablo Marcos no ayuda demasiado. Quizás el punto más flojo de esta etapa sea la terrible rotación de dibujantes sin que ninguno sea demasiado bueno, como para que nunca dejemos de extrañar a Nick Cardy.
El nº 45 trae consigo un cambio de coordinador en la serie, ya que Joe Orlando deja su puesto en manos de Julius Schwartz, que de movida descarta a Mal como el Guardian. En ese mismo número, entonces, Rozakis decide darle una nueva identidad superheroica como Hornblower (un nombre que tranquilamente podríamos traducir de manera poco feliz como «el sopla quenas») cuando Mal recibe de manos del arcángel Gabriel un cuerno mágico que -al hacerlo sonar- equilibra la batalla en su favor. El conflicto de este número es bastante pelotudo, con una vieja banda de adolescentes rebeldes de un barrio pobre de Gotham que vuelve a juntarse una docena de años más tarde, para evitar que Industrias Wayne construya lujosos departamentos en su viejo barrio. Lo más relevante es lo que le pasa a Mal y que, al soplar el cuerno que invoca a los Titans, aparece de la nada Aqualad, que va decidir quedarse también en el equipo. Este número al igual que el siguiente son dibujados a media máquina por Irv Novick, con lo que el dibujo no ayuda a un guion con pocas luces.
Para el nº 46 vuelven los supervillanos y le toca su momento al Fiddler que, cansado de fracasar en Tierra 2, decide hacer el cambiazo a ver si en esta otra tierra le va un poco mejor con sus crímenes y no tiene mejor idea que interrumpir un concierto de rock.
Rozakis tiene buenas intenciones pero sus guiones no llegan a buen puerto. Lo que sí podemos destacar es que por primera vez los Titans tienen una continuidad más o menos sólida y son parte integral del DCU. Prueba de esto es la incorporación en el equipo de la hija del Joker, Duela Dent, quien le había pedido sumarse al equipo a Robin tras descubrir su verdadera identidad en el nº 9 de Batman Family (también escrito por Rozakis). Aparte las historias suelen tener referencias a cosas que pasan en los números anteriores y también van sembrando a futuro, como las peleas de Mal con su novia Karen, quien muy pronto debutará como Bumblebee.
El nº 47 es el peorcito de esta tanda, sin ninguna duda. Si hasta ahora los guiones y las peleas venían pareciendo patéticos, acá se van al carajo. Tenemos dos equipos de villanos que son básicamente el mismo pero con poderes opuestos, con trajes y modus operandi casi idénticos, lo que hace que en el segundo enfrentamiento con ellos fallen al confundirse con sus poderes. Es decir, el que se hace gigante, acá se hace chiquitito, el que genera oscuridad, acá hace luz, y el que tira fuego, acá dispara agua. Y todo esto usado como excusa patética para incrementar la tensión entre Speedy y Duela, ya que desde el principio éste duda de su honestidad y no la quiere en el equipo.
Acá en la segunda misión, el único miembro que ya enfrentó a los villanos es ella y al describir sus poderes a sus compañeros para derrotarlos da todas las indicaciones mal, lo que hace que Roy crea que está confabulada con los malos. Esto hace que Duela y Robin se pierdan la confrontación final con los villanos, por ir detrás de otra pista, que es lo único bueno de este número ya que -en un giro inesperado- descubrimos que detrás de ambos grupos y sus crímenes estaba Two-Face. Acá Duela le explica que no es la hija del Joker sino la suya y que tomó esa identidad solo para molestarlo porque sabe que se odian entre ambos villanos. Esto podría ser un gran giro, pero ya lo sabíamos.
El siguiente número continúa esta historia, pero ya quedaron atrás los dos grupos de villanos y ahora la misión de los Titans es detener a Two Face. Nos enteremos del origen de Duela y tiene su primera aparición Bumblebee quien, sin revelar su identidad, les cae de sorpresa a los Titans y deja fuera de combate a cuatro de ellos sin demasiado problema. Al final del episodio, Duela adopta la identidad de Harlequin tras resolver sus daddy issues y tenemos un cliffhanger sobre el estado de salud de Aqualad que había sido metido en un tanque lleno de agua destilada para curarse de una gripe hidro-asiática en el número anterior. Parece que nadie se acordó de cambiarle el agua, como si se tratara de un pececito que tienen de mascota. Pero todo esto y mucho más, lo dejamos para la próxima entrega, en la que terminamos el repaso de esta etapa.
(Muy pronto, una nueva entrega)


