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NOTAS

Western a la europea (parte 1)

Recorremos el Viejo Continente tras la pista de las historietas que abordaron la temática del western a un océano de distancia del Far West.
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Lunes 11 de abril, 2022

Queda fuera de toda duda que uno de los mayores acontecimientos ocurridos en el mundo del comic europeo en los últimos tiempos fue la aparición de “Rencor Apache”, la nueva entrega de las aventuras del Teniente Blueberry, “resucitado” de la mano de Joan Sfar y Christophe Blain: un trabajo tan correcto en su realización (es decir, con el nivel de calidad que se espera de dos autores de su notable valía) como innecesario; innecesario al menos desde el punto de vista creativo, otra cosa es el económico que ya sabemos que las grandes editoriales, como Dargaud, no dan puntadas sin hilo, como reza un dicho castellano.

Sea como fuera, la repercusión de la obra ha servido para reactivar el interés en un género, el western, que en el campo de las viñetas ha ido perdiendo presencia con el paso de años y las décadas hasta situarlo en un nivel bastante secundario en el comic de este tercer milenio. Las siguientes líneas no pretenden ser un estudio pormenorizado de los tebeos “de vaqueros” realizados en Europa, sino más bien una suerte de recordatorio de su historia y un repaso a la actualidad de un género que, como decimos, ha perdido relevancia con el paso de los años pero que aún hoy nos ofrece notables trabajos.

EL WESTERN FRANCO-BELGA: LOS ORIGENES

Para no inducir a error es necesario señalar que con el subtítulo que encabeza este apartado no quiero dar a entender que el western sea un género creado en Europa, y más concretamente en el mercado franco-belga. Como es lógico, el western como género se creó en Norteamérica, lugar en el que se desarrolla, y por tanto su primera versión en viñetas procede de allá. Sin embargo, pese a que en otros medios el western se erigió en el más genuino depositario de un cierto tipo de mítica, en el soporte de cómic el género nunca tuvo un peso preponderante en el mercado norteamericano. El género fantástico primero y posteriormente el bélico (en sintonía con la Segunda Guerra Mundial) serían los que llevaron un mayor peso, hasta que los superhéroes se erigieron en la mitología propia del Imperio, para ocupar un trono que ostentan aún hoy y que se ha visto potenciada merced a su salto a otros medios, como el cine y las series de televisión.

Volviendo al viejo continente, los historiadores del medio señalan el año 1934 como el de la aparición de la primera historieta de temática western en Europa. Su autor era Jacques Dumas, quien creó el personaje Jim Boum para el semanario francés “Couers Vaillants”. Sin embargo, todavía deberían pasar veinte años hasta la aparición de la primera serie de éxito sobre esta temática en el mercado franco-belga: me refiero a “Jerry Spring”, serial creado en 1954 por Jijé dentro de las páginas de la revista “Spirou”. Joseph Gilliam, Jijé para el mundo de la historieta, fue uno de los más grandes autores que haya proporcionado el comic belga; de hecho, no sería muy descabellado el decir que fue formó parte, junto a autores como Franquin o Giraud, del grupo de historietistas que más influencia han tenido en el comic europeo del pasado siglo. “Jerry Spring” era una serie con un marcado carácter humanista, más cercana a los sentimientos de los personajes que a cualquier tipo de épica: su protagonista solía tomar partido del lado de los más débiles (que no es necesario decir que solían ser los indios, negros, chicanos…). Jijé solía colaborar con otros autores, principalmente guionistas, para desarrollar su trabajo en la serie; como anécdota cabe señalar que en uno de los tomos de la serie colaboró un joven autor llamado Jean Giraud.

Y precisamente de la mano de este último nos llegaría el siguiente gran hito del western europeo: “El teniente Blueberry”. En 1963 Jean-Michel Charlier y Jean Giraud crean en las páginas de la revista “Pilote” una nueva serie que en un principio se llamó “Fort Navajo”, para la que el propio Jijé había recomendado a Giraud, toda vez que Charlier no consiguió convencer a aquel para que la ilustrase él mismo (aunque sí ilustraría la mayor parte de las páginas de uno de los episodios). El éxito de la serie fue espectacular; y con ello tendrá mucho que ver el carácter rebelde, indisciplinado y anarcoide del propio protagonista de la serie. Aunque de lo que no creo que quepa duda es sobre que el principal motivo de la repercusión de la serie es el trabajo de su dibujante. Jean Giraud, con su labor en “Blueberry”, marcó toda una época y con él se dio el paradójico caso de que fue, seguramente, el único autor de la historia del comic que sólo pudo ser “desbancado” por sí mismo: esto es, Giraud sólo pudo ser eclipsado por la llegada de Moebius.

 

El mercado belga no quiso quedar atrás ante el éxito de “Blueberry” y respondió con la creación en 1969 dentro de las páginas de “Tintin” de “Comanche”, serie con la que se cierra el triunvirato de grandes western franco-belgas. Escrita por Greg e ilustrada por Hermann, la serie destacaba por el estudio de la figura del protagonista, Red Dust, una suerte de héroe-a-su-pesar cuya complejidad formal lo aleja de cualquier tipo de arquetipo al uso. Además, conviene destacar el trabajo de Hermann, al ser esta la serie con la que inicia definitivamente el despegue como dibujante que lo llevaría a convertirse en uno de los más importantes autores de comic de Europa en toda su historia.

Lógicamente, mucho es lo queda además de lo que denominamos como los tres grandes nombres del western franco-belga. Ya cuatro años antes de la creación de “Comanche”, William Vance había estrenado “Ringo” en las mismas páginas de “Tintin”, serie sobre un conductor de diligencias que supondría el primer espaldarazo de su carrera. Años más tarde, género y autor, se volverían a encontrar al realizar junto a Giraud “Marshal Blueberry”.

“Buddy Longway”, creada por Derib en 1972, es otra obra de referencia. Se trata de las andanzas de un trampero casado con una india narradas en un tono humanista (cercano al del film de Sidney Pollack “La balada de Jeremiah Johnson”, para entendernos). Dos años más tarde aparecerá “Las aventuras de Alexis Mac Coy”, colección escrita por Jean-Pierre Gourmelen e ilustrada por Antonio Hernández Palacios que se beneficiaba del peculiar talento plástico que atesoraba el dibujante madrileño. De ese mismo año 1974 data también “Jonathan Cartland», serie que contaba con guion de Laurence Harle y dibujos de Michel Blanc-Dumont y que destaca sobre todo por la habilidad de su ilustrador para la escenografía, en especial en lo que se refiere a espacios abiertos y paisajes. “Durango”, creada por el belga Ives Swolfs en 1980, es una obra un poco más atípica, debido a su tono más cercano a lo que se ha denominado como western crepuscular.

Podría decirse que “Bouncer”, de Alejandro Jodorosky y François Boucq, es el último gran western de una cierta extensión producido por el mercado francés.

Creada en 2001, la serie ya lleva 12 tomos; si bien es necesario recalcar que los últimos aparecidos hasta el momento fueron realizados por Boucq en solitario, sin la participación del guionista chileno. En un análisis global, “Bouncer” es un western poco ortodoxo en el que el escenario por momentos es tan solo una disculpa estética donde caben mucho de tragedia griega o de género negro y, sobremanera, de delirios místico-fantásticos.

Todo lo contrario, sucede con “Western”, un volumen unitario también de 2001 que adquiere notoriedad, pese a ser un trabajo puntual, por estar realizado por Jean Van Hamme y Grzegorz Rosinski, los creadores la mítica serie “Thorgal”. En este caso se nos presenta una narración mucho más ortodoxa, que arroja luz sobre la historia y la forma de vida de la gente de la época, y que destaca sobremanera por el gran despliegue de talento plástico del dibujante polaco que realiza la obra pintada a color directo, técnica que luego incorporaría también a la colección protagonizada por Thorgal Aegirsson y su familia.

(el lunes, la segunda entrega)