Bienvenidos a la sección que se pasea por la prolífica y asombrosa década de los ‘80 para desempolvar las joyas de una inmensa corona o descubrir los bofes más recalcitrantes que se produjeron en el mercado de los superhéroes yankis. En estas expediciones cuasi-arqueológicas indagamos en revistas, libros o el formato que fuere, publicados entre Enero de 1980 y Diciembre de 1989, para ver quiénes brindaron su arte y cómo se desarrollaban las aventuras en ese período.
Análisis
· Título: Fantastic Four
· Editorial: Marvel Comics
· Formato: revista mensual
· Período: completo (121 revistas + 8 anuales)
· Autores: a relevar en Informe
Informe: Enero de 1980 encuentra a los Fantastic Four en su número 214, la segunda parte de una aventura contra los skrulls, con Marv Wolfman como editor y guionista y John Byrne en los dibujos, contenido en el pasado kirbyano por las tintas de Joe Sinnott. En el 215 Wolfman introduce a Blastaar como regalo de despedida, ya que para el número siguiente tiene que entrar Bill Mantlo a terminar los diálogos porque Marv se calentó y se fue a DC; Pablo Marcos entinta un poco mejor a Byrne y Jim Salicrup se hace cargo de la coordinación de la serie por los siguientes 40 números. Mantlo en los guiones se saca de encima al robotito Herbie (217) y sufre horribles tapas de Al Milgrom y Sinnott. El nº 219 presenta al que tratará de ser el nuevo equipo creativo con Doug Moench en los guiones y un novato Bill Sienkiewicz en los dibujos, también aplastado por Sinnott. En el 220, el barbado dibujante de X-Men recuenta el origen de los FF, ahora a cargo de toda la faz creativa, excepto por el veterano entintador del título que sigue tratando de hacernos creer infructuosamente que Kirby está entre nosotros. Acá entra el Annual 15 con George Pérez entintado por varios artistas filipinos que no dan lo mejor de sí y un guion de Moench que trae al Captain Marvel. Lo más interesante del nº 222 (septiembre 1980) es que aumenta el precio de la revista de 40 a 50 centavos. Se repite el equipo creativo de Doug, Bill y Joe en historias bastante sosas hasta el 231 (Junio 1981) en que Moench y Sienkiewicz parten hacia Moon Knight y Sinnott a dar lástima por ahí.

En el número siguiente entra con todo John Byrne, con el control total de la serie en “Back to Basics!”, ya desde las tapas. Por supuesto no tuvo tiempo de realizar el Annual 16 que recayó en las añejas manos de Steve Ditko, escrito por Ed Hannigan, bastante triste. Por los siguientes 32 números, casi tres años, Byrne será el único nombre en los créditos internos Fantastic Four y seguirá escribiendo la saga hasta el 294, 60 números de corrido a cargo del mismo autor, algo hoy impensado y soñado. Y el nivel que despliega el anglo-canadiense es tremendo. Las historias aumentan la emoción, el horizonte narrativo se eleva, los personajes crecen, la trama se afianza en un alto nivel, todo con dibujos increíbles para principios de los ‘80, y más si pensamos que al mismo tiempo Byrne estará haciendo Alpha Flight, escribiendo el comic de Thing u otro proyecto en paralelo. Un monstruo genial.

En Noviembre del ’81 se festejan los 20 años de los Cuatro Fantásticos y Byrne tira la casa por la ventana en el nº 236. La 237 la quiero remarcar porque fue mi primer acercamiento a un comic de John. En ese año mi viejo volvió de un viaje a New York y trajo un par de revistas. Para alguien que leía a Mike Grell, Jim Aparo o Dick Dillin en las revistas de Novaro, Byrne era un alienígena. Menos cuadros por página, más acción, más expresiones faciales, un ritmo trepidante, toda una revolución. El 238 es recordable porque Frankie Raye recibe poderes ígneos y porque aumenta nuevamente la revista, ahora a 60 centavos. El 240 se llama “Exodus” y es cuando los Inhumans mueven su hogar del Himalaya al lado oscuro de la Luna y nace la hija de Pietro y Crystal. Salto al nº250, también especial de más páginas con invitados, último editado por Salicrup, ya con su sucesor, Tom De Falco en el timón y unos X-Men, un Gladiator, espectaculares. Byrne larga la saga de la Zona Negativa con un nº 252 que se lee todo apaisado, otro de los experimentos de narrativa con los que este autor integral magnífico lleva al título muy por arriba de la media. Galactus, mundos nuevos, dimensiones, viajes fabulosos... los Fantastic Four recuperan el espíritu de Lee y Kirby de pioneros de la aventura sorprendente, de una familia real en busca de lo imposible, expandiendo el universo con gloria. En el nº 265 (de Abril de 1984) van y vuelven de la Secret Wars y Ben se va por su cuenta para dejar cupo en el grupo a She-Hulk, otra gran movida de John. El 266 marca la primera vez que el barbeta no llega a realizar toda la faz gráfica y lo suple Terry Gammill en los dibujos. Pero se desquita en el siguiente, todo a su cargo y con la dramática historia en que Sue Richards pierde a su hijo nonato.

En el Annual 18 Byrne plotea una historia que dibujará Mark Bright (horriblemente entintado por Mike Gustovich y con diálogos de Mark Gruenwald) para presentarnos la boda de los reyes Inhumanos. Sigue la magia a full incluso a partir del 274 en que Byrne debe dejar las tintas entre dos grosos que se alternarán en embellecer sus lápices: Al Gordon y Jerry Ordway. En el 277 (Abril del 85) la inflación ajusta 5 centavos más el precio de tapa y el 282 (de Septiembre) será el primer crossover de Secret Wars II que deberá fumarse el barbudo. Para el 284 se establece definitivamente a Sue Richards como Invisible Woman en vez de Girl, porque vamos, ya está grande la señora. Para el Annual 19, los lápices de Byrne se ven nuevamente mancillados con el regreso de Joe Sinnott y ese mes sale también el nº 286 de la colección regular con el regreso de Jean Grey (de quien John dibujara y co-escribiera la muerte en X-Men), pieza clave para la formación de X-Factor. Al número siguiente no sólo aumenta el precio a 75 centavos sino que vuelve a entintar Sinnott.

El 288 trae al Beyonder para engancharlo con Secret Wars II y para el 289, ya con Al Gordon, se suma a la aventura Nick Fury. En el 291 (Junio del ‘86) Byrne coquetea con DC en una tapa que homenajea al nº1 de Action Comics, ambientada en 1936. En sucesivos números a un ritmo trepidante y sin dar respiro, Fury va a asesinar a Hitler, ayudan a los West Coast Avengers y en el 294 ya se pudre la cosa: idea de Byrne con guión de Roger Stern, lápices de Ordway y tintas de Gordon. Algo no está bien. Byrne se peleó con alguien, DC puso la tarasca para Man of Steel, chau. En el 295 el guion es todo de Stern con un recuadrito que dice “Gracias especiales a John Byrne”. Hijos de puta. Le deben gracias por cinco años de excelencia al mando de un título que era un bofe soso y lo deja encumbrado en la cima del Marvel Universe.



