¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

NOTAS

Will Eisner (parte 1)

Te invitamos a recorrer la ilustre trayectoria de uno de los máximos próceres del Noveno Arte.
|
Miércoles 11 de febrero, 2015

Resulta muy difícil explicar la importancia de alguien como Will Eisner. Hubo mucha gente de talento en los mismos momentos y lugares en los que él supo destacarse, pero no todos tuvieron su visión de futuro. Eisner podía encontrar a la peor situación alguna solución práctica que se terminaba transformando en algo más.

Parece mentira, pero Eisner también fue joven, alguna vez.

Asistió al nacimiento de la industria del comic-book y logró convertir un oficio de mala muerte en una carrera redituable.

Cuando llevó con The Spirit imágenes expresionistas y dramas humanos al suplemento dominical de todos los diarios, exigió que se respetaran sus derechos de autor, sentando un precedente que no sería la norma hasta muchas décadas después.

Al entrar al servicio activo durante la Segunda Guerra lo asignaron a la ilustración de manuales. Eisner empleó técnicas de historieta para revolucionarlos y conseguir con ellos reducir de manera drástica la tasa de accidentes en el uso de material bélico. Fue un trabajo que continuó haciendo durante mucho tiempo a través de la revista militar P*S, a través de personajes como el soldado Joe Dope y la infartante Connie.

En 1978 había completado «A Contract With God», cuatro historietas de trama entrelazada en el que había puesto sus inacababables ganas de experimentar. Mientras hablaba por teléfono con un editor, pensó que si le ofrecía un comic-book, le iban a colgar. Sí, así surgió el término «Novela Gráfica», pero lo que hay que destacar es el pálpito eisneriano de que el futuro de la historieta estaba en los libros.

Diez años después, en 1988, se instituían los premios Eisner que se otorgan todos los años en la célebre Convención de San Diego.

Mucho antes de que Scott McCloud publicara «Understanding Comics» o de que Alan Moore volcara su saber en «Writing for comics», existían dos textos fundamentales (lo siguen siendo) sobre historieta y los había hecho Eisner: «Graphic Storytelling» y «Comics and Sequential Art» (sí, cuando decís «arte secuencial» también citás a Eisner).

Eisner falleció el 3 de enero de 2005 a la edad de 87 años. Pero el espíritu sigue vivo.

1. La fábrica de camisas

Will Eisner, que nació en 1917, era hijo de padres inmigrantes. Su padre pintaba las escenografías del Jewish Art Theatre de New York y de otros teatros, carrera que alguna vez él también quiso seguir, pero de la que desistió debido a la oposición de su madre. Apenas salido del secundario, hacía grabados (técnica de impresión que ya no se usa) para una revista y arreglaba máquinas en una imprenta. Le hubiera gustado hacer ilustraciones para las revistas más importantes pero su estilo no se adecuaba a ellas. Todo cambió cuando fue a la fábrica de camisas.

John Henle fabricaba camisas, pero su sueño era ser editor y estaba ofreciendo trabajo a dibujantes. Eisner llegó con su carpeta bajo el brazo justo cuando a Samuel Maxwell «Jerry» Iger., la persona que recibía a los postulantes le avisaban que tenía una emergencia en el taller. Iger corrió a ver de qué se trataba con Eisner detrás. El problema parecía insoluble, nadie sabía como destrabar la máquina de grabado… excepto Eisner, que pidió una herramienta y la arregló. Iger le ofreció trabajo de asistente, pero Eisner le dijo que él quería dibujar comics. En  “Wow, What A Magazine!”, publicó su primera historieta de acción, Scott Dalton, y una de piratas, por entonces llamada “The Flame”. La revista duró apenas cuatro números.

2. Eisner / Iger

Desde chico, Will Eisner observaba a su padre pintar las escenografías de los teatros, pero también lo había visto meterse en negocios que nunca daban dinero. Su padre era un soñador, mientras que su madre siempre tenía los pies en la tierra. Seguramente ello influyó en su personalidad, porque constantemente descubría la oportunidad en los momentos de crisis.

Jerry Iger, socio para la aventura.

Eisner y Iger están sentados en uno de los típicos locales de la Depresión, pensando qué hacer con su futuro. “Wow, What A Magazine!”acaba de cerrar y probablemente Henle se dedique exclusivamente a manufacturar camisas. Frente a ellos, cruzando la calle hay una imprenta. Quizás en ese mismo momento, las máquinas estén a full editando algún comic-book.

En aquella época los comic-books tenían bien merecido su nombre. En directa competencia con los pulps, tenían unas 64 páginas, pero a diferencia de aquellos, no contenían material original, sino tiras exitosas previamente publicadas en periódicos.

¿Por cuánto tiempo más iba a durar esa situación? ¿Cómo iban a hacer los “syndicates” para suministrar la cantidad necesaria de tiras si la demanda de revistas iba en aumento?

Entonces Eisner tiene una idea y le propone a Iger una sociedad. Más que una idea revolucionaria a este le parece una locura. Lo que este chico de 19 años quiere hacer es dibujar historietas en cantidad para vendérselas a distintas publicaciones. El editor no tendría que remontar tiras de diario para adaptarlas al formato de la revista, ya que ellos le venderían historietas originales pensadas para las páginas de un comic-book. La tarea de Iger, que tiene los contactos será conseguir a los clientes.

Una de las tantas historietas que Eisner firmó con seudónimo.

La idea es tentadora. Eisner está tan seguro del éxito de la empresa que ofrece pagar el alquiler de la oficina que le servirá de estudio, jugándose todo su capital, nada menos que 15 dólares. Se estrechan las manos.

3. La galera de esclavos

Iger consigue a los clientes, pero estos quieren saber los nombres de los artistas que tienen en el staff. Bueno, está “Willis Rensie”, “Erwin” y “Erwin Willis”, que por supuesto son los menos originales entre todos los seudónimos que utiliza Will Eisner. Así como cambia de nombre cambia de estilo para que los editores no se den cuenta de que están contratando los servicios de una fábrica de comics de un solo hombre.

La profecía de Eisner en relación a la demanda de material se cumple. Los pedidos aumentan y se impone la necesidad de contratar a un staff de gente real. Alquilan una oficina más grande para albergar a los quince artistas contratados entre una enorme cantidad de solicitantes.

Los tableros están dispuestos como en un salón de clases, y no está mal porque algunos de estos dibujantes están aprendiendo el oficio, mientras que otros tienen experiencia en las artes plásticas pero no en contar historias en cuadritos. Jerry Iger lo ve como una galera de esclavos listos para remar.

La demanda de material sigue creciendo y Eisner tiene dos nuevas ocurrencias. La primera es imprimir hojas donde las viñetas ya estén pautadas. Limita las posibilidades del dibujante (algunos borran algunas líneas para lograr algunas viñetas más grandes) pero ahorra tiempo. La otra es pagarle un salario fijo a los empleados, para que no estén pensando cuánto ganan por hora o por página. Allí trabajan entre otros que serán menos recordados Lou Fine, Jack Kirby, Bob Kane, George Tuska, Chuck Cuidera. Bob Bossert y su futura esposa Audrey “Toni” Blum (hija del dibujante Alex Blum, también miembro del staff) suelen aportar guiones.

S.M. “Jerry” Iger también hace su parte. Convence a la editorial Fiction House, que hasta ahora publicaba exclusivamente pulp magazines, de que el futuro está en los comic-books. Ya en el primer número de Jumbo Comics aparece Sheena, la más famosa hasta hoy de todas las “chicas de la jungla”, creación de Eisner que dibuja Mort Meskin; está Peter Pupp dibujada por Bob Kane; está Hawks of the Seas, la historieta de piratas que había quedado interrumpida por el cierre de “Wow, What A Magazine!” firmada con el seudónimo Williis Rensie además de otros personajes como Spencer Steel y el agente secreto ZX-5.