Ya tiene casi 75 años y, en vez de tramitar la jubilación, sigue tan vigente como siempre. Pero no todas fueron rosas para la máxima heroína del panteon de la dc. Desde 1941 hasta hoy soportó larguísimos períodos a la deriva, en manos de autores que no tenían la menor idea de qué hacer con un concepto que -claramente- no es de los más faciles de pilotear. Acompañanos a repasar la maravillosa historia de
La princesa de las Amazonas fue creada en 1941 por el psicólogo William Moulton Marston (el hombre que perfeccionó el detector de mentiras que aún hoy es usa en todo el mundo) bajo el pseudónimo de Charles Moulton. En el primer guión, el nombre completo era “Suprema, the Wonder Woman”, pero como recaló en la editorial de Superman, el coordinador Sheldon Mayer decidió que la palabra “Suprema” tenía que desaparecer. Marston la sacó, con fritas.
Por supuesto, la idea de una “Superman con pollera” despertó una cierta desconfianza en los editores de la National, pero finalmente le dieron la oportunidad. Wonder Woman debutó en All-Star Comics n° 8 (Diciembre de 1941) y anduvo tan bien que la eligieron como personaje central para un nuevo título, Sensation Comics (Enero del ‘42), y apenas medio año después, cumplía el sueño de la revista propia (Verano de 1942).
En sus tres primeras apariciones, el origen de Wonder Woman fue narrado de distintas formas, todas cargadas de elementos fantásticos y memorables: la Isla Paraíso, el rayo púrpura con el cual Diana revive al moribundo Steve Trevor, la guerra entre las Amazonas y Marte, la traición de Hércules (con sexo incluído), los brazaletes que simbolizan la dominación del hombre por sobre la mujer, el montoncito de barro convertido en princesa y el torneo que Diana gana disfrazada para acompañar a Steve al mundo de los hombres. De ahí en más, los villanos mitológicos se suman a los grandes “malos” del momento, los nazis, encarnados principalmente en la Baronesa Von Gunther; y además, hombres-topo, viajes a Marte, el Dr. Psycho (muy siniestro si pensamos que el guionista era psicólogo), el avión invisible, Cheetah, Giganta (una gorila evolucionada con la máquina de un científico loco), un viaje a la prehistoria, las mujeres aladas de Venus y otros delirios por el estilo.
El ancla a la realidad (mínimo, como habrán visto) estaba provisto por los nazis, y por los únicos dos personajes secundarios más o menos importantes de la época: Steve Trevor (quien cumplía el triste rol de Lois Lane, y hasta ponía carita de “¿dónde estaba Diana Prince mientras Wonder Woman me salvaba el upite?”) y Etta Candy (juego de palabras que en inglés suena igual a “comete una golosina”), una gordita con onda que jugaba en el puesto de Jimmy Olsen. La química entre los tres reproducía de modo muy similar la de Clark/ Superman/ Lois/ Jimmy, incluso con el detalle de que Wonder Woman no usaba máscara y nadie sospechaba que era Diana, porque Diana… usaba anteojos!
Dicen los que lo conocieron que el Doctor Moulton Marston era un feminista y que su “supermujer” no era más que un aporte a la liberación de las mujeres contra el yugo de una sociedad patriarcal. Si es así, realmente no se nota. Las historias de Wonder Woman rebozan de mujeres con escasa vestimenta cuyas espectaculares curvas nos hacen olvidar velozmente cualquier proeza que realicen o cualquier virtud que demuestren para ganarse nuestra admiración. Y además, el bondaje. En plena década del ‘40, Wonder Woman era un verdadero show de sadomasoquismo, zarpado incluso para los standards contemporáneos: estas chicas de escasa vestimenta solían ser amarradas, encadenadas, sometidas al látigo y hasta manoseadas por sus enemigos. Además, eran frecuentes las luchas entre mujeres, sin el barro, pero con mucho franeleo. Y si bien casi todos los hombres de la serie eran más bien incompetentes, las mujeres eran o bien busconas insaciables, o bien muchachones forzudos con poco aire de femeneidad. No resulta ilógico que otro psicólogo medio tocado, el tristemente célebre Dr. Wertham, se haya hecho un festín criticando a Wonder Woman en su libro Seduction of the Innocent.
Y no podemos dejar de mencionar a quien fuera el principal dibujante de la serie durante toda la Edad de Oro: Harry G. Peter, un extraño fenómeno que no parecía copiar a ninguno de los dibujantes de moda de aquel entonces. El propio Moulton Marston presionó para que Peter fuera el dibujante de Wonder Woman, no sin cierta reticencia por parte de Sheldon Mayer. Peter miraba más bien a grabadistas europeos y japoneses y se especializaba en las expresiones faciales, con lo cual tendía a dibujar a los personajes un tanto cabezones. Peter, además, se mataba con los detalles de los fondos y las vestimentas y le daba a todo el comic una onda muy rara, entre art-decó y el cuasi-grotesco de las tiras de humor costumbrista de los años ‘20 y ‘30. Los episodios que no dibujaba Peter solían caer en las exquisitas manos de Frank Godwin, un capo de los comics para la prensa, famoso por su tira Connie.
Afectada como todos los superhéroes por el fin de la Segunda Guerra Mundial, Wonder Woman sufrió en 1947 una segunda estocada letal, con el fallecimiento de Charles Moulton. Se terminaba así esa etapa demencial, bizarra y fantásticamente descontrolada… y se venía la noche.


