Buenas, me llamo Manuel Loza, dibujo historietas y dibujo historietas todos los días y si puedo todo el día; pero no puedo todo el día y no puedo todos los días porque tengo que trabajar, pagar el alquiler y alimentarme. Soy docente, trabajo hace muchos años en la UNA (Universidad Nacional del Arte) y es un trabajo y una carrera que amo y en la que me encanta invertir mi tiempo y energía. En algún momento de mi vida toda esta dinámica me puso frente a esa consigna con la que el mundo nos taladra la cabeza, la de “pero yo quiero vivir de la historieta” y hoy me encuentro escuchándola en pilones de estudiantes en los distintos ámbitos donde trabajo. Peor, muchas veces la frase viene acompañada de caras de angustia, de sensación de derrota. Algún imbécil les dijo alguna vez que sólo los que viven de la historieta, los que pagan el alquiler con la plata que viene de dibujar páginas, son historietistas; los demás son principiantes, amateurs, de la B.
Hoy más que contestar a si se puede o no se puede vivir de la historieta en una industria en decadencia y constante empobrecimiento quiero preguntarme si es necesario, si cambia algo saber que los veinte pesos que te cuesta un alfajor vienen de una página de historieta o de una oficina, o de una verdulería, o ferretería o lo que te haya tocado en esta realidad laboral donde sólo unos privilegiados eligen realmente de qué trabajan; si tiene o debería tener un peso en cómo te hace sentir la producción de historietas.
A la gente de la vida real esa elección no les pasa: laburan de lo que laburan, sobreviven como sobreviven y hacen lo que pueden como pueden; llegan hechos concha después de horas y horas afuera de casa e intentan con lo que les queda agarrar un lápiz y ponerse a dibujar aquel sueño que tuvieron hace tiempo, aquella historia con la que vienen flasheando hace meses y que pasito a pasito van viendo avanzar en sus tableros. ¿Necesita esa gente la carga con la que fuimos criados todos sobre el laburo como legitimador de una identidad?
Pensalo así: conocés a un otrx, te gusta, te ponés a salir y llega el día en que te presenta a la familia “esta es mi tía la abogada, aquel es mi tío el médico y este es mi primo el que tiene una verdulería cerca de tu barrio”. ¿Viste cómo se construyen las identidades a partir de las profesiones? ¡Yo arranqué este artículo contando que soy docente! Todxs tenemos ese chip en la cabeza, y todxs podemos hacer el intento de no darle bola, de ir desarmándolo porque, sinceramente, en el Siglo XXI es un anacronismo sostenerlo.
Pero bueno, el tema da para mucho más y prefiero resumir un poquito porque ya demasiado amables fueron lxs de la Comiqueando al invitarme. Acá va: LO QUE TE PAGA EL ALQUILER NO TE DEFINE. No importa de qué laburás, no es lo que sos, te sorprendería el número de historietistas que todxs leemos y admiramos y que reciben la mayor parte de sus ingresos de cualquier otra cosa que no es dibujar las historietas por las que lxs leemos y admiramos. Y no importa, son historietistas, nadie dudaría de eso, si todos sabemos que lo que te paga el alquiler no te define; que es lo que te impulsa todos los días y lo que te ocupa horas y horas la cabeza, lo que te marca el pulso en el pecho. No vivimos de las historietas, vivimos por y para las historietas.
Hace poco Jim Rugg contó cómo uno de sus primeros libros tiene viñetas todas del mismo tamaño porque había descubierto que podía dibujarlas en el trabajo en la hora del almuerzo, después llegaba a su casa y armaba las páginas. Eso es tener en claro cuáles son tus prioridades. La pulsión por la historieta viene primero, todo lo demás es relleno.
¿Pensás en dibujar historietas todo el día? ¿Cualquier elemento que agarrás te sirve y te ponés a dibujar aunque se te caigan los ojos de sueño? ¿Dormís pocas horas por día porque tu sueño es terminar ése libro que estás dibujando y autoeditarlo y llevarlo a Dibujados para vender pilones de copias? ¿Querés contar historias usando un dibujito al lado del otro en forma de secuencia?
Listo, que no te corra más la angustia del “vivir de esto” y toda la gansada con la que nos criaron: sos historietista.
Tirá ese chip a la mierda.
Ahora ponete a dibujar.


