Quiero comenzar esta reseña contándoles lo difícil que fue para mí volver a relacionarme con un autor que me lastimó tanto, los enormes miedos que guardé y la gran incertidumbre que tenía, la cual me generó una pésima predisposición para leer el primer número de Powers 25. Tener que volver a lidiar con un comic escrito por Brian fucking Michael Bendis luego de haber tenido que tolerar el daño irreparable que le hizo este señor a Superman, la porquería de Legion que tuve soportar de su mano y otras tantas basuras irredimibles más que hizo y deshizo mientras estuvo en DC Comics, hacen que esta sea una de las entradas que más tomó de mi persona a la hora de comenzar el arduo trabajo de investigación para lograr este cometido final.

Hay cosas de las que no se vuelve, sí, pero uno siempre romantiza un poco el primer amor, sobre todo si el final de esa relación no fue a los tiros, con un divorcio de por medio y con abogados chupasangres sembrando el horror por encima de las cenizas de lo que otrora fue una relación de pareja. No fue el caso de Powers, por ejemplo. El final, digo, no fue algo tan traumático. Powers fue una serie preciosa de principios de siglo que lograba la comunión entre el género superheroico y el policial noir y de procedimiento, algo realmente muy complicado de lograr. Y sucedió hace tanto tiempo, que mi memoria no es del todo precisa en ese punto, pero sin recurrir a la web, déjenme aventurar que este comic significó la puerta de entrada a la industria mainstream para Bendis, y en menor medida también para su dibujante, Michael Avon Oeming. Powers encontró un tono único de la mano de ambos, en un momento de transición no solamente por el siglo nuevo sino también para la industria norteamericana.
Los diálogos verosímiles de Bendis, y algunos tropos en los mismos, al comienzo nos van a resultar encantadores y quizás con el tiempo se volverán una herramienta narrativa de la cual el guionista abusaría demasiado. Esta será su marca personal, su legado, algo que definitivamente lo iba a distinguir, la ventaja que le permitiría pasar a la historia con la creación, años después, de Jessica Jones y Miles Morales... y también un incordio que comenzaría a molestar en sus versiones de los Avengers y los mutantes. Pero aquí, en Powers, es oro puro. Y la expresividad, el manejo de sombras, claroscuros, el dinamismo y los trazos fuertes serían el sello característico del dibujo de Oeming, en contraposición con el hiperrealismo imperante, todo en pos de buscar la atmósfera necesaria para conseguir ese clima de policial negro.

La sinergia que se generó entre estos dos grandes autores en esos años con este título se traslada a sus protagonistas, Christian Walker y Deena Pilgrim, dos detectives sin poderes que resuelven casos donde los involucrados (sospechosos y muchas veces víctimas) sí cuentan con la ventaja de tener habilidades que están por encima de lo que conocemos como normal. Un ex-superhéroe con un pasado truculento y una detective ruda y con muy pocas pulgas responden a un departamento de policías encargado de resolver los crímenes de “supers”, en una ciudad en la cual abundan este tipo de personajes, al punto tal que incluso tienen clubes privados y condominios o barrios con el acceso restringido solo a ellos. Una ciudad, por supuesto, corrupta hasta la médula, donde la política y las ambiciones personales interfieren constantemente con la línea de trabajo de nuestros héroes. Bendis y Oeming usan Powers como el patio de juego donde experimentan y pueden hacer lo que quieren sin que nadie les ponga un solo punto, sin presiones.
25 años después del lanzamiento de esta serie, seis años después de haber finalizado el último volumen, los autores deciden festejar en gran este número redondo y regresan con una serie limitada de 12 números, en la cual los lectores vuelven a ser testigos del accionar de este departamento de policía, pero los protagonistas han cambiado: los casos siguen a cargo de una pareja de detectives, pero ahora la misma está conformada por la detective Kutter, que viene del área de homicidios, y Moebius Moon, el primer superhéroe en ser incorporado como parte de ésta división, ya que históricamente ningún detective ni personal administrativo trabajando para esta división podía tener poderes porque, entre otras cosas, se consideraba que había una suerte de conflicto de intereses.

Deena Pilgrim todavía forma parte del elenco ya que ha ascendido como Capitana, y si bien no está encima de la pareja protagonista, se mantiene en la órbita para poder aportar lo suyo, máxime cuando el statu quo se vea alterado por la "Ley de Poderes de Christian Walker", una medida burocrática global que otorga a los superhéroes una autonomía sin precedentes y convierte instantáneamente el ya de por sí imposible trabajo de esta División en una pesadilla legal y ética. Esto no es solo un recurso argumental; es un catalizador que expande y enriquece el universo de Powers y plantea nuevos desafíos a nuestros personajes.
La pregunta del millón es la que, por supuesto, a esta altura de la nota, todos ustedes se están haciendo: ¿es Powers 25 una proyección y/o secuela coherente y enriquecedora de la serie original, la magia y la interacción entre los autores está intacta?

La respuesta no es sencilla. La serie funciona, creo yo, muy bien para aquellos que nunca leyeron Powers. Estoy convencido que ya para el tercer número no les queda prácticamente ninguna duda ni del funcionamiento de este mundo y la lógica interna que tiene, ni tampoco del timing, el tono y el color de las historias. Michael Avon Oeming, además, está brutal. Parece que los años no hubieran pasado. Su trazo sigue intacto, y si algo cambió es para mejor: sus dibujos nunca fueron tan potentes, tan expresivos, y sus puestas de página tan fluidas. Por suerte, han reducido casi al mínimo él y Bendis esa maldita costumbre de mierda que tenían ambos de clavarte un par de páginas con la misma puta viñeta duplicada y desparramada a lo largo y ancho de la misma, con una sucesión de diálogos poblando las esquinas, para emular una suerte de toma y daca de las sitcoms yankis. Por suerte. Y la historia es buena, realmente lo es. Tiene una introducción que funciona como una suerte de regreso al barro en los primeros tres números (incluso le dedican todo un número a contarte la historia de vida de Moebius Moon, con una participación muy emotiva de un invitado), una suerte de cartas sobre la mesa en los siguientes tres números y luego el clímax en los últimos tres, con altas dosis de excitación.
Powers 25 es una carta de amor nostálgica al fan de Powers, e incluso funciona para nuevos lectores, pero dejó de ser un comic relevante. 25 años atrás, Powers le hablaba a la industria, tenía una conversación muy interesante con Marvel y DC, con lo que esas dos enormes compañías estaban haciendo, con las historias que contaban y el tono de las mismas. También tenía algo para decir sobre la década que habíamos dejado atrás y lo que nos deparaba por delante, Hoy, Powers 25 es solo un comic muy entretenido, uno más de los, por suerte, muchos que da el mercado, algunos de los cuales intento rescatar en esta sección. Si me preguntan a mí, esta nueva serie habla más de lo interesante que sigue siendo la oferta de una editorial como Dark Horse que de un renacimiento y relanzamiento a todo gas de un título que supo entregarnos toneladas de felicidad dos décadas atrás. Sea como sea, que esto funcione como una invitación para que se acerquen a esta nueva aventura. No se van a arrepentir.



