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NOTAS

The Last One

Hora de revisitar una gema de J.M. DeMatteis hoy bastante poco recordada por el público en general.
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Sabado 18 de abril, 2026

La era de Karen Berger al frente de Vertigo nos trajo algunas de las mejores obras del Noveno Arte, sobre todo en los ´90, que probablemente hayan sido la época dorada del sello. En esta sección hablé de algunas de las series más recordadas e importantes de Vertigo (The Books of Magic, Sandman Mystery Theatre, Swamp Thing), que al día de hoy siguen haciendo sentir su influencia de alguna forma en el mercado estadounidense. Sin embargo, hubo también otras obras, no tan notorias, pero de gran calidad que merecen ser mencionadas. Especialmente algunas miniseries, que tuvieron su peso durante el tiempo de su publicación pero de las que la gente hoy en día ya no habla.

Una de ellas es “The Last One”, del guionista Jean-Marc DeMatteis y el artista Dan Sweetman, unas de las contribuciones a Vertigo de este guionista, (las otras “Farewell, Moonshadow” y “Seekers into the mystery” quedan para otras notas, más adelante), más corta que las otras al tratarse de una miniserie de solo seis números, pero reconocida y premiada como tantas obras publicadas por esta rama de DC Comics a principios de los´90.

La historia se centra en Myrwann, un ser inmortal (a veces manifestado como hombre, otras veces como mujer) cuyos orígenes verdaderos se desconocen, aunque se dan pistas desde el comienzo de que podría tratarse de un ángel caído o tal vez una raza con características similares a los ángeles. Como sea, Myrwann parece haber estado presente durante toda la historia de la Humanidad, y a lo largo de su extensa vida se ha encontrado con distintas “almas” con quienes se ha relacionado y creado conexiones, y a quienes vuelve a contactar era tras era. Esto es lo que lo lleva a rescatar gente perdida, sin rumbo, caídos en desgracia, que han sido parte de esas conexiones en otras encarnaciones, y es donde entra el otro protagonista de la miniserie: un hombre llamado Pat, quien al comienzo sostiene una postura escéptica frente a Myrwann, aunque no evita ser conducido y rescatado por él.

Como tantas otras obras en distintos medios artísticos, hay distintos aspectos por los que se la puede abordar y analizar. Está el aspecto visual, el arte de Sweetman, que es muy distinto de lo que suele apreciar el lector acostumbrado al mainstream superheroico, mucho más orientado a enfatizar la emocionalidad de las realidades internas y percepciones de los personajes. Un estilo mucho más abstracto si se quiere entenderlo así, que el arte caricaturesco orientado a la sátira, o el naturalismo que se conforma con la mera representación superficial de lo que intenta retratar. En este aspecto, el trazo de Sweetman es muy efectivo. Cada deformación de las figuras, cada sombra, cada color, cada ángulo, todo contribuye a remarcar el aspecto humano de cada personaje y situación.

Otro aspecto es el literario, que a su vez ofrece la posibilidad de encontrar muchas lecturas posibles. Cada personaje tiene su propio arco, su historia, su misión y es afectado de distinta forma por las relaciones con otros personajes, lo que hace al componente social de la miniserie. Es especialmente interesante en este aspecto, la idea de explorar el componente social desde el punto de vista de un inmortal, que desde el comienzo de la vida en la Tierra construye relaciones y vínculos con distintas almas que lo han impactado de alguna forma, y a quienes de algún modo ha intentado ayudar o influenciar, con diferentes resultados en cada caso. Lo que lleva (o me ha llevado a mi, al menos) a plantearse la siguiente pregunta, ¿cuál es el legado para la posteridad, de una persona que nunca muere?

Sin duda Myrwann ha dejado su marca en las vidas de muchos a lo largo de los tiempos, pero si él nunca dejó atrás al mundo, ¿Cómo podría el mundo reconocer, o aceptar, o entender su obra y su impacto? Un inmortal tiene el privilegio de ser testigo del surgimiento y caída de las civilizaciones a lo largo de la historia, y de posiblemente conocer la historia mejor que nadie (si es que la recuerda y no olvida detalles), pero corre el riesgo de no ser reconocido, o aceptado, y a la larga resultar irrelevante. La ventaja de ser mortales es que dejamos un legado y durante un tiempo al menos, somos recordados. Una de las cosas más hermosas es, precisamente, la admiración y fascinación que siente Myrwann por la capacidad de los humanos para lograr grandes obras en el transcurso de una vida tan corta en comparación a la suya, y quizás por ello se niega a perder la fe en nosotros. De algún modo, tenemos el potencial de alcanzar nuestra propia forma de inmortalidad. Myrwann, desea creer en el potencial humano, porque ha visto lo que es capaz de lograr cuando el mismo se realiza, pero sabe también que se expone a la decepción frente a las veces en las que el instinto de autodestrucción de los seres humanos se sobrepone a su capacidad de autosuperación.

DeMatteis es uno de esos escritores que a lo largo de su carrera nos ha dado algunas verdaderas gemas. Algunas de ellas no son lo suficientemente reconocidas por el público en general, otras han sido malinterpretadas, y se lo suele recordar por su trabajo más comercial (Kraven’s Last Hunt en los títulos de Spider-Man, y Justice League International suelen ser las más mencionadas en relación a su nombre), pero cuyas mejores obras se hallan sin duda por fuera de ese elemento, y “The Last One” es un claro ejemplo.

“The Last One” se publicó desde Julio hasta Diciembre de 1993, ganó varios premios Eisner, y fue recopilada años después en un TPB de 192 páginas publicado en 2008 por Boom! Studios.