Bernardo Houssay no solo fue el primer latinoamericano en recibir un Premio Nobel en ciencias (Medicina, 1947), sino también un ferviente defensor de la soberanía científica en la región. Sus frases suelen reflejar su ética de trabajo implacable y su visión sobre el progreso, pero ninguna ha quedado tan grabada en la identidad nacional como su definición sobre el rol del investigador: "La ciencia no tiene patria, pero el científico sí la tiene"
Esta emblemática frase no fue un comentario aislado, sino una de las tesis centrales de su pensamiento sobre la función social del científico. Aunque la utilizó en diversas conferencias, su contexto más profundo se encuentra en su defensa de la profesionalización de la ciencia en Argentina y en su rechazo a la idea de que los científicos debían ser "ciudadanos del mundo" sin compromiso local.
El significado detrás de sus palabras
Houssay sostenía un equilibrio necesario entre el saber global y la construcción local:
La universalidad del conocimiento: La primera parte ("La ciencia no tiene patria") se refiere a que las leyes de la naturaleza y los descubrimientos son universales; un hallazgo en un laboratorio de Buenos Aires es tan válido para la humanidad como uno en Oxford o París.
El compromiso nacional: La segunda parte ("pero el científico sí la tiene") es un llamado al patriotismo. Houssay creía que el investigador tiene la obligación moral de trabajar para el progreso de su propio país, formando discípulos y fortaleciendo las instituciones (como lo hizo al fundar el CONICET en 1958).
Un discurso para la historia
Aunque la idea fue un pilar de su pensamiento durante décadas, la ocasión más documentada donde Houssay articuló esta frase de manera formal fue el 10 de abril de 1960, durante la inauguración de la nueva sede del IBYME en Buenos Aires. Ese día, el Nobel no solo celebraba un edificio, sino la resistencia de la ciencia argentina frente a las crisis y la falta de presupuesto.
"Los países ricos lo son porque dedican dinero a la investigación científica; y los países pobres lo siguen siendo porque no lo hacen. La ciencia no es cara, lo caro es la ignorancia. La ciencia no tiene patria, pero el científico sí la tiene. Mi patria es la Argentina, y mi ambición es que el nivel científico de mi país sea tan alto como el de las naciones más adelantadas".
