El toxicólogo y director del Hospital Fernández, Carlos Damin, alertó por el "impactante" uso de fentanilo y propofol de manera clandestina, luego de que se conocieran las muertes de un anestesista y un enfermero por el consumo indebido de estas drogas. Las advertencias se dan en medio del escándalo por la sustracción de estos medicamentos por parte de médicos del Hospital Italiano.
"Definitivamente es impactante, sobre todo para los que somos médicos", sostuvo Damin en declaraciones a La Nación+, al referirse al caso que involucra a especialistas y anestesiólogos.
Para el toxicólogo, ambas sustancias forman parte de las prácticas médicas y que su utilización, si no es controlada y dentro de un hospital, puede provocar altos riesgos para la salud. "Esto es como cuando la policía detecta que hay un policía que además es ladrón", reflexionó, y luego se quejó: "Tenemos algunos profesionales de la salud que cuidan de nuestra vida al momento de operarnos, la situación mas próxima de la muerte".
Al respecto del propofol, remarcó que es un fármaco que provoca "un estado crepuscular que genera euforia" y que se requiere "una dosis milimétrica de aportes sostenido y continuo". "Podríamos estar hablando de adicción o de alguna alteración en la salud mental", afirmó.
En tanto, sobre el fentanilo recordó que "es primo hermano de la morfina", un fuerte opioide que puede ser mortal. "Genera un estado de mucha euforia y placer al momento en que se administra, pero con el uso dura cada vez menos tiempo", detalló.
Los dos muertos por fentanilo y propofol
Al detallar el trabajo de los anestesistas, admitió que a lo largo de su carrera que observó casos en los que, debido al estrés, utilizaron medicamentos como clonazepam para lidiar con la presión laboral. "Son profesionales que realmente estudian, están bien formados, tienen muchos controles, también mucho estrés", planteó.
Los comentarios del director del Hospital Fernández se dan un día después de que trascienda la muerte de Eduardo Bentancourt, un enfermero de 44 años que fue hallado sin vida en un departamento del barrio porteño de Palermo. Fue encontrado rodeado de más de 50 ampollas de fármacos hospitalarios, entre ellos propofol y fentanilo.
Su muerte se sumó a la de Alejandro Zalazar, un anestesiólogo de la guardia del Hospital General de Niños R. Gutiérrez y exresidente del Hospital Rivadavia, que fue hallado el 23 de febrero en su domicilio, tras una sobredosis de propofol y fentanilo.
