La investigación judicial que involucra a la anestesióloga Delfina “Fini” Lanusse y a su colega y ex jefe Hernán Boveri, sumó una serie de testimonios que podrían resultar decisivos para reconstruir los hechos en la causa propofol, caracterizada por el consumo de sustancias, los vínculos personales complejos y una muerte que disparó muchas preguntas.
La causa, en manos del juez Javier Sánchez Sarmiento y del fiscal Lucio Herrera, intenta determinar si los dos anestesiólogos sustraían propofol y equipamiento médico del Hospital Italiano para consumir los fármacos en encuentros privados. Las declaraciones de ex compañeras de trabajo de Lanusse se convirtieron en uno de los pilares del expediente.
Según evaluó el magistrado, los relatos resultaron “coherentes, circunstanciados y concordantes con otros elementos probatorios”. Entre las personas que declararon figura Chantal “Tati” Leclercq, anestesióloga y amiga cercana de Lanusse.
Las escenas preocupantes que relataron en las testimoniales
Según el expediente, Tati Leclercq reveló que hacia septiembre del 2025 Lanusse y Boveri mantenían encuentros en el departamento de ella, donde consumían propofol. La médica relató incluso un episodio que presenció personalmente.
Leclercq contó que una vez regresó al departamento de Lanusse para buscar un bolso que se había olvidado, porque tenía una copia de las llaves. Al ingresar, encontró a su amiga “tirada en el piso, semiconsciente”. Según declaró, Fini más tarde le confesó que se había drogado y que Boveri había estado allí poco antes de viajar a Perú por trabajo.
En otro episodio incorporado a la causa, Leclercq relató que Lanusse la llamó porque se sentía mal y tenía fiebre. Ante ello, se comunicó con Alejandro Zalazar, quien le facilitó un antibiótico. Cuando llevó la medicación al domicilio de su amiga, aseguró haber visto jeringas y una ampolla de propofol tiradas en el piso.
Tati Leclercq también enfrenta una investigación propia por el presunto robo de propofol en el Hospital Rivadavia.
La muerte de Alejandro Zalazar
El anestesiólogo fue hallado muerto el 20 de febrero del 2026, pocos antes de que estallara públicamente la causa propofol. Según trascendió, el cuerpo fue encontrado con una vía conectada a uno de sus pies, en una escena que guarda varias similitudes con los relatos sobre el consumo de la anestesia en ámbitos privados.
Ahora, el juez Sánchez Sarmiento también tiene bajo análisis el expediente que busca esclarecer las circunstancias de la muerte de Zalazar, incluyendo el resultado de las pericias realizadas sobre su teléfono.
Las defensas de los acusados cuestionaron duramente los testimonios incorporados al expediente y buscan desacreditar la interpretación que hace la fiscalía sobre los hechos. Sin embargo, para los investigadores, las declaraciones comienzan a delinear una posible trama de consumo problemático de sustancias anestésicas dentro de un círculo profesional.
