La Mansión Wayne

Jaime Delano y Sean Phillips nos invitan a internarnos en un thriller socio-político espeso, repulsivo y visceral.

Hell Eternal

08/09/2021

| Por Bruno Magistris

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RCO001_1603376149Hay una película que estoy seguro todos han visto: Die Hard (o “Duro de matar”, como se conoció en estos pagos). En ella, el villano de turno es un tipo atildado, culto, fino, que se enfrenta al clásico cana yanki imbatible que se las sabe todas y que es prácticamente invencible. Están muy bien determinados los roles: el bueno, el malo, el gracioso, el compañero, etc. Pero en lo que quiero centrarme, muy brevemente, es en una escena específica. El plan de nuestro malvado es robar la caja fuerte del “Nakatomi Plaza”. Durante un gran tramo de la película se aboca a esto hasta que, por fin, uno de sus esbirros consigue abrir la cuasi inexpugnable bóveda. Y mientras eso sucede, y los villanos ven con enorme felicidad que el fruto de sus esfuerzos finalmente se concreta, el director (el gran John McTiernan) ilustra la escena con la “Oda a la alegría” de Beethoven. En ese instante, por tan solo unos segundos, uno se pone del lado de los malos: se identifica con ellos, se hace parte de su quiebre al sistema, de su intención de salirse con la suya sin represalias, de llevarse la guita y que los demás se caguen. Pero el momento pasa y terminamos volviendo a la racionalidad y a entender que lo que hacen está mal, y no es digno de ningún tipo de loas. Hablando de esa escena en particular, el director comentaba que justamente lo que quería era eso: que el espectador entendiera qué es lo que “el malo” quería, que lo deseara. Si “el malo” es el demonio, por llamarlo de alguna manera, la tentación tiene que estar siempre presente. Gran momento de una gran película.

RCO021_1603376149¿Y a qué voy con todo esto? Encontré otra historieta bastardeada en la mesa de saldos de una librería ignota de San Bernardo y la compré con tan solo ver los nombres en la portada: Jaimie Delano y Sean Phillips. Historieta corta (64 páginas), autoconclusiva, del amado sello Vertigo, ¿cómo no entrarle?

“Hell Eternal” es una oda a esa juventud perdida que no sabe qué carajo quiere, enojada, resentida por su eterno fracaso ante el mundo, para la que basta el más mínimo panfleto facho de odio y marginación para convertirlos en ávidos representantes de la derecha más recalcitrante y homicida. En sus páginas no hay ni un solo personaje querible. Ni uno. Todos están hechos mierda. Todos bogan por algo que los saque de su miseria y los convierta instantáneamente en “gente feliz”, aunque eso signifique cagar a tiros a alguien para lograrlo.

La prontagonista es Anne, una mina que pega onda con Annie, que luego sumarán a un tal David (blanco, ario, furioso nazi) a un trío sin rumbo en el que lo único que tienen en mente es conseguir armas y matar negros, hispanos o lo que sea que consideren inferior. En una Inglaterra que no tiene nada para ellos y de la que deberán escapar tras un incidente con inmigrantes Sij en el que al parecer hay un muerto, la narración será en primera persona (Anne). Y se da en el momento cúlmine de su existencia, donde le cuenta todo lo que veremos nosotros en la página a su arma, a la que llama “Ruger”, y que será casi un personaje más en la historia. Como dije, es muy difícil que simpatices con alguno de los personajes que pueblan la narración: ni estos pibes perdidos, ni la cana, ni la gente “común” actúa con el más mínimo dejo de decencia o alguna condición moral.

RCO054_1603376149Las armas (como la ya nombrada “Ruger”) tienen nombre. Pasan a ser no tan solo un instrumento agresivo sino que sus portadores les darán personalidad, nombre, historia. Se enamorarán de ellas, tendrán sexo con ellas, las volverán sus más honestos interlocutores. Es que en una sociedad (o al menos la que se plasma en esta historieta) donde el odio está tan fuertemente a flor de piel, la interrelación con un instrumento tanto de muerte como de autoprotección se vuelve casi carnal.

Sean Phillips la descose, como siempre, en la narrativa. Si bien es un trabajo que podría haber estado más laburado en cuanto a los fondos, no está mal. Creo que siempre, lo que debe primar, es la muñeca del artista para saber contar y guiar lo que pasa en la historia, no tanto la calidad del dibujo (aunque hay algunos casos que no se salvan con nada, pero eso es otro tema). Delano está en su salsa: hace lo que se le canta, sin restricciones, sin censura, cuenta una historia áspera, dura, sin nadie a quien uno pueda querer en ningún momento. Salvo, quizás, cerca del final, donde Anne tendrá cierto brote pasajero de una especie de atisbo ético, pero que le dura poco.

Entonces, ¿está buena o no la historieta? Sí, está muy buena y es muy recomendable.

RCO051_1603376149Porque habla de un lado humano que está cada vez más vigente: el de aquellos personajes que no tienen nada para dar, y quieren tomar todo del otro. Del odio, de la marginación, del “sin salida”, de la exclusión, de la falta absoluta de un norte al cual dirigirse.

Y pasa lo que en aquella película de la que hablaba al comienzo: el autor se las ingenia para que ese mundo deplorable, sea a la vez atractivo. Sea interesante, sea atrayente. Uno quiere ver cómo termina esta gente tan hecha mierda, aunque sepa desde la primera página que seguramente no será un final feliz.

Será, justamente, un infierno eterno.

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