Segunda parte del repaso por las obras que Grant Morrison co-escribió junto a su otrora protegido Mark Millar.
Estamos en 1996 y Grant Morrison era el guionista de moda, el pulpo que escribía 136 títulos mensuales y cuyo relanzamiento de la JLA lo había consagrado (finalmente) ya no como freak limado que la rompía en Vertigo, sino como guionista pulenta del mainstream superheroico. En Agosto del ´96, un par de meses antes del primer número de la JLA, DC lanza el nº1 de Aztek, esta extraña serie que Morrison co-escribe con Mark Millar, a quien en ese entonces seguíamos con fervor un puñadito de fans de Swamp Thing. La propuesta era rara: una ciudad ficticia de la que nunca habíamos oído hablar (Vanity) y un superhéroe 100% nuevo, sin vínculos con ninguno de los ya existentes. En un mercado todavía convulsionado, Aztek tenía todo para fracasar, y obviamente fracasó.
Creo que lo más terrible fue el dibujo, que cayó en las abyectas garras de N. Steven Harris, un muerto, una especie de deformación grotesca de Richard Case (el que acompañaba a Grant en la Doom Patrol), realmente horrendo. Los primeros seis episodios (en total son 10) están particularmente mal dibujados. Pero mal en serio, eh? Después hay un leve repunte, pero el nivel sigue muy por debajo del de cualquier comic mainstream actual. No es casualidad que la carrera de este “profesional” sea muy difícil de rastrear de Aztek para acá. Ojalá esté en un penal de máxima seguridad pagando por sus crímenes contra el Noveno Arte…
De todos modos, si con estómago y abnegación te aguantás el dibujo de Harris, algo positivo te llevás, porque Morrison y Millar tiran a lo largo de esta serie algunas ideas realmente interesantes. El origen de Aztek está bueno, el elenco de personajes secundarios que se arma también, el planteo de la ciudad hiper-corrupta ya lo habíamos visto en The Question, pero funciona… y después hay plots que no llegan a desarrollarse (acá, porque Morrison resuelve algunos en la JLA), como la misteriosa runfla orquestada por Luthor, y la inminente llegada a la Tierra del Shadow God, una entidad cósmica infinitamente poderosa a la que Aztek está destinado a enfrentar. Son cositas que adornan las tramas, en las que básicamente vemos… machaca de héroes contra villanos. Con algunos giros limados en el uso de los poderes, con momentos MUY extremos en materia de violencia, pero nada muy distinto de lo habitual.
Por ahí lo más rico es el contraste entre Aztek, que es un tipo puro, casi ingenuo, criado para ser un gran héroe, y la ciudad de Vanity, que es una fosa séptica de putrefacción moral, donde hay mafias jodidas, curas heroinómanos, supervillanas que de día son yiros, villanos que violan a sus cautivos, laboratorios clandestinos donde se gestan horrendas mutaciones y cosas así, lindas, para toda la familia. Pero los momentos memorables son pocos. Ni siquiera cuando M&M echan mano a Batman y a un Joker fuera de control la cosa se pone power. El episodio final, la machaca contra Amazo que termina con Aztek sumado a las filas de la JLA, tiene algunos diálogos y situaciones muy interesantes, sobre todo si venías leyendo la otra serie de Morrison. El resto, suma más bien poco. De hecho, una vez que el propio Morrison sacrificó a Aztek en una saga horrible de la JLA, nadie más se volvió a hacer cargo de NADA de lo que pasa en estos diez episodios. Ni de Vanity, ni de la Fundación Q, ni de los villanos creados para esta serie.
Realmente no me queda claro si M&M hicieron Aztek para chorear, o si había un plan, una dirección genuina, una intención posta de contar otro tipo de historias con un personaje distinto. Si había todo eso, es una lástima que la serie no haya prosperado. Pero lo cierto es que cuando leés la historieta, lo que se ve en primer plano es un festival de trompadas, rayos, explosiones, sangre y tripas, interrumpido de a ratos por subplots no muy atrapantes, y encima dibujado para el ojete por un verdulero impresentable.
Y nos vamos a 1997, para repasar los episodios de Flash co-escritos por Morrison y Millar. La dupla desembarca en la revista de Wally West en el nº130 y se despide en el nº138, o sea que son apenas nueve entregas.
Entre los nºs 130 y 132 tenemos el arco titulado Emergency Stop, muy flojito, con un gran despliegue por parte del dibujante Pop Mhan, pero poco para rescatar en materia argumental. Los nºs 133 y 134 son episodios autoconclusivos. El 133, enfrenta a Wally con el Mirror Master escocés (lógico, lo escriben Morrison y Millar) y es bastante aceptable. Y el 134, centrado en Jay Garrick y con la aparición de la Justice Society, es una joya, probablemente lo mejor de todo lo que escribieron juntos Grant y Mark. El dibujante es Paul Ryan, que a mí me resulta bastante pecho frío, y que se acompañará a la dupla hasta el nº138.
El nº135 es la tercera parte de un crossover con Green Lantern (Kyle Rayner) y Green Arrow (Connor Hawke). No es un desastre, hay una intención muy loable de hacer que Wally gane peleas sin piñas, a puro intelecto, pero tampoco des genial. Y el cierre de esta etapa es otra trilogía, titulada The Human Race, un triste intento por recuperar esa onda limada de la Silver Age que tanto le gusta a Morrison. Hay imaginación desbordada, hay grandilocuencia, hay una cierta ingenuidad… lo que falta es una buena historia. Una vez terminada The Human Race, Morrison abandona la serie de Flash, donde Millar quedará como titular (de nuevo junto a Pop Mahn) para un último arco argumental.
¿Y hay algo más? No, después de esta experiencia, M&M no volvieron a trabajar juntos. ¿Es verdad que están peleados? Puede ser. Veamos qué dicen ellos.
En 2011 dijo Morrison: “Hay una tensión entre nosotros, basada en historias pasadas, pero no es exactamente cierto que estemos peleados. No me gusta hablar mal de gente como Mark. Le deseo que le vaya bien, más allá de que entre él y yo no hay un buen sentimiento, por muchos motivos. Muchos de los motivos tienen que ver con que él destruyó mi fe en la naturaleza humana”.
La última vez que le preguntaron a Millar por su ex-mentor, respondió: “No lo veo hace diez años, o una cosa así… Vive entre Los Angeles y algún lugar del norte de Escocia, no nos cruzamos nunca más. No estoy enemistado con él, nada que ver. Siempre disfruto los comics que escribe, siempre me divertí mucho con él. De verdad, me encanta lo que hace. No tengo ningún tipo de animosidad para con él”.
Y bueno, nada más. La colaboración entre Morrison y Millar no fue muy generosa en materia de obras geniales, pero sí llamativa porque no es muy frecuente que dos autores de semejante magnitud unan fuerzas para encarar proyectos conjuntos. En los ´90, esa bizarreada fue realidad y en este repaso por el Mundo Morrison no podíamos dejar de visitarla.


