Sangre y Trueno

En su paso por Ghost Rider, Jason Aaron dejó una huella flameante de humor negro y acción al palo.

Ghost Rider

14/12/2021

| Por Francisco Lobo

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1207014508_cvrEn Febrero de 2008, a Jason Aaron le llega la oportunidad de agarrar una serie en Marvel. Sin dudarlo un instante, el pelado de Alabama se pone la campera de cuero, se sube a la moto infernal y aborda la serie de Ghost Rider en el número 20 del volúmen 4[1] y la pistea como un campeón hasta el nº 35 para cerrar con una miniserie de 6 números: “Heaven’s on fire”.

El puntapié inicial de la historia que nos cuenta Aaron es la revelación que se da al final de la etapa de Daniel Way, en donde Johnny Blaze descubre que, contrario a todo lo que él (y los lectores creían), su unión con el espírítu de la venganza no es fruto de un pacto con Satanás sino con el ángel Zadkiel, un tipo que viene operando asquerosamente para voltear a Dios y convertirse así, en el nuevo regente celestial. Como consecuencia, Johnny decide ir a buscar a este Storsionelli de los ángeles para ajustar cuentas, todo así, muy cabeza y sin mayores reflexiones del protagonista. Como parte de esta cruzada, el motoquero titular tendrá que enfrentarse con Danny Ketch, el Ghost Rider de los ´90 que -al mejor estilo Majul- pega una panquequeada de antología y termina fichando para Club Atlético Zadkiel.

Ghost_Rider_Vol_6_29La propuesta está bastante encorsetada por la estética (en sentido amplio) de Ghost Rider; y es que el personaje un poco que impone eso desde su diseño y ecosistema, donde todo parece una suerte de festival de cine clase Z con resaca de trasnoche y ocultismo, en ese escenario argumental bien noventoso que es el sempiterno combate entre el cielo y el infierno, en donde los humanos no parecen ser otra cosa que piezas de un tablero en el que juegan entidades tan inescrupulosas como antiguas y poderosas.

Conocedor de la naturaleza de estos ingredientes narrativos, Aaron acelera a fondo y exacerba las posibilidades de la historia con mucho humor negro, acción de alto octanaje y el uso del absurdo como herramienta estética, como el ejercito de las enfermeras motoqueras super jodidas que ofician de fuerza de choque terrenal de Zadkiel. A esto se le suma, al menos en el primer arco, la ambientación sureña de los Estados Unidos, que tanto le gusta al autor, ya que la acción tiene lugar en el pueblo New Beulah, Montana.

Ante este escenario, ¿cuál es el valor agregado de la serie? A mi entender hay dos importantes: El primero, el del corto plazo y mas fácil, es el planteo que hace el guionista sobre los dogmas religiosos en general y sobre la concepción del Bien, el Mal y los fanatismos en particular. O sea, nada muy original en este tipo de ambientaciones. Lo piola es que, a pesar de la grandilocuencia del planteo, Aaron se toma todo medio joda así que no resulta muy empalagoso. El otro, el más interesante, es la expansión de la mitologia que rodea al personaje por tres vias distintas: la incorporación de nuevos roles a los ya pre asignados y así nos enteramos que los Ghost Rider son una especie grupo de tareas y al igual que los angeles y sus seguidores, pueden cometer cualquier atrocidad en nombre del Señor; el concepto del “legacy hero” notablemente visibles en el personaje del “Caretaker”, esa especie de guardián del legado/maestro Yoda de los Ghost Rider; y finalmente el reparto ampliado, donde vemos que no solo hay un Ghost Rider por época, sino también por religión y/o panteón, así tenemos uno budista, uno hinduista, uno musulmán, etc.

PlancheA_397890En cuanto a los dibujos, los estilos de sus dibujantes oscila bastante, lo que puede generar cierta disrupción visual por la diferencia de estilos, anche en la ambientación del relato. Empieza con el primer arco ilustrado por Roland Boschi (con quien ya habían trabajado juntos en un especial de Navidad para Punisher MAX) y el estilo virulento y agitado de su trazo le calza muy bien a la onda “moto/velocidad/cuero/infierno/cráneoconfuego”. Después desacelera con Tan Eng Huat, que tiene un estilo mas “prolijito” si se quiere, pero a la vez lento, medio monótono y con alguna composiciones donde se nota que se llevó “escorzos” a Marzo. A Huat también le tocó el diseño de los nuevos Ghost Riders, y si bien son interesantes, es muy dificil dejar de pensar que se “tiró para atrás” en una propuesta de plantel que le daba mucha más cancha para correr en ataque. Una suerte del Boca de Alfaro de la creatividad. Para el arco final vuelve Boschi con el tanque lleno, para poner todo su expresionismo al servicio de esa batalla a todo o nada entre los bandos en conflicto en medio plumas, espadas, cadenas y unas motos tan grotescas y demenciales como alucinantes.

Luego de 21 entregas entre serie regular y mini, Jason Aaron se despide de Johnny Blaze y su banda dejando una huella flameante de humor negro y acción al palo, sobre todo en esas escenas del duelo entre Blaze y Ketch. En este primer encargo para una serie regular de Marvel, Aaron aborda otra vez los planteos sobre el rol de la religión y la ambigüedad de la moralidad y si bien lo hace desde una iconografía judeo-cristiana, con los conceptos bajo los cual presenta a los otros Ghost Riders, busca extender su reflexión a los dogmas de las religiones en general.

d2j41a3-08019000-400f-4a08-8ce1-d33a546bcaa5Además de su huella de autor que deja en los planteos conceptuales que aborda al escribir y de expandir las fronteras de la mitología de este anti-héroe, Jason comienza a desperdigar semillas que veremos florecer a lo largo de las diversas series que escribirá en el futuro para la editorial. Si somos observadores, podremos ver un hilo conductor que atraviesa cada una ellas (a veces mas evidente, otras menos), lo cual refuerza una sensación de Aaronismo, o Aaronverse, dentro de la propia continuidad del universo Marvel.

[1] Arrancó en el 2001.

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