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NOTAS

Sundome

Este manga de Kazuto Okada es mucho más que bombachas envasadas al vacío: tiene la perversión justa para no ser ni eroguro ni tampoco fanservice barato vendido por kilo.
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Martes 04 de agosto, 2026

El placer de ser Sísifo o, La cancelación matemática de la doble frustración

¿Puede algo tan simple (y bastardeado) como un manga ecchi y fanservice plantear una paradoja psicológicamente profunda?

Si hojeás muy rápido Sundome, algunos detalles te hacen dar cuenta de que algo no va bien, pero es normal que esperes otro Battle Club, Ikki Tousen, Prison School y la lista sigue… Mangas con pendejos excitaditos y pibitas calenturientas que usan ropa ajustadísima, donde la clave siempre pasa porque el mangaka consiga los ángulos de cámara más pecaminosos posibles. Creemos que con eso basta para que la obra tenga valor, porque básicamente el objetivo se encuentra dentro del japi-shock value (una mecánica que se repite también en el género del terror con los jumpscares, o “julepes” como le diríamos en mi país).

Cuando el erotismo "sofisticado" (como el de Guido Crepax, o el Guillem March de Monika y Karmen, o en literatura la verga esa de Cincuenta sombras de Grey) entra en el mismo cuarto que el ecchi, terminan chocando y los dos pierden: el primero queda muy soft o vainilla, el segundo queda muy grasa, hecho para pendejos pajeros. Pero Sundome es mucho más que bombachas envasadas al vacío: tiene la perversión justa para no ser ni eroguro ni tampoco fanservice barato vendido por kilo. De hecho el título lo dice antes de que abras la primera página: Sundome en japonés significa "detenerse justo antes", que tiene su explicación en un arte marcial como el karate, pero que en este contexto es básicamente detenerse justo antes de acabar.

El autor es Kazuto Okada, alguien con poco renombre, cuya obra fue publicada entre Mayo de 2006 y Octubre de 2009 en Young Champion, una revista seinen que apunta a un público adulto masculino de 18 a 40 años (¡cómo les gusta la segmentación del mercado a los ponjas!) y que luego IVREA recopiló en ocho volúmenes hace más de una década.

Aún no sé si podemos decir que el ecchi es un género o una característica visual, pero sí puedo asegurar que el erotismo en la obra de Okada pasa tanto por el contexto como por los primerísimos primeros planos que logra, con esas gambetas tremendas a la censura (algunas páginas me hacen pensar en cómo logró evitar las clásicas barritas negras, los blureados espantosos, o peor aún, los borrados digitales casi criminales). El tipo intenta, y logra, que en la misma composición la imagen te caliente igual que la situación hot que le toque vivir a los protagonistas Hideo y Kurumi.

Pero si nos quedamos ahí, nos perdemos de que eso es solo un árbol dentro de un bosque psicológico enorme. En la historia el juego nunca pasa por la genitalidad, sino por la adrenalina interior que vive esta parejita con los juegos de poder que deciden ejecutar el uno al otro. Lo cual es muy llamativo, porque si en el comic erótico/porno mainstream, la obligación de cierre de escena siempre es el "show de la lluvia de eyaculaciones", Sundome la invierte: la no consumación no es el obstáculo, sino el ritual. Así se genera una historia de amor que tiene a la variante del “orgasm denial” (la retención y apropiación del orgasmo del otro) como forma de dominio y acumulación de tensiones. Lo interesante de esto, es que Kurumi y Hideo hacen un pacto desde las primeras páginas de forma explícita, al cual se suma el lector (aunque de forma tácita, casi firmado como Términos y Condiciones) al avanzar las páginas, lo cual es un cambio muy llamativo porque subvierte la típica imagen machista del ecchi y el hentai. Kurumi arranca tímida, pero esconde a una dominatrix psicológica que no necesita cinturonga para quebrarte.

Con todo, se trata de una mirada masculina, para un público masculino, sobre fantasías que involucran protagonistas femeninas. Se nota el género de quien lo escribe y dibuja. Pero esto no significa que una lectora no se pueda erotizar con lo que lee, sino que aun con todas las capas, la perspectiva es una versión y -como tal- refuerza y recorta distintos elementos. Pero al margen de cualquier pija parada o concha mojada, las páginas tienen algo más que el sexo no reemplaza sino que potencia, donde Okada reproduce en el lector lo mismo que Kurumi le hace a Hideo: llevarlo al límite y cortarle el aire justo antes. La puerta siempre está abierta a ver si en este capítulo la pelota entra de una puta vez, o si se queda en la línea nuevamente. Pero lo que despierta es algo mejor (mucho mejor) que eso: ¿cuál va a ser la nueva parafilia que Okada nos va a entregar para reemplazar el éxtasis del orgasmo "común y corriente"?

Ahora bien, dijimos que es palpable que algo no andaba bien, y la fuerza psicológica de Kurumi y la potencia de su salud son dos curvas que corren en paralelo durante varios tomos hasta que se intersectan y a partir de ahí cada una sigue su camino. Mientras el cuerpo de Kurumi desciende, su dominio sobre Hideo asciende. Y el muchachito, sin saber si es amor o calentura, nota que su cuerpo empuja y avanza sin saber dónde ni cómo va a terminar... pero sobre todo, sin saber cuándo. Creo que el autor sabía desde el momento cero lo que quería hacer con ellos, más allá de sí estiró o no la historia para meter nuevos fetiches.

Pero hay una dinámica de la que vale la pena hablar, porque trae lo que hoy llamamos CNC (consensual non-consent), algo que es un acuerdo explícito entre pares para ejecutar una dinámica de poder dentro de un marco consciente y negociado (básicamente, ambos aceptan jugar un juego de degradación… ¡y ambos lo disfrutan!). El término empezó a circular masivamente en la conversación cultural sexual años después de que Sundome fuera publicado, y existen muchos estudios actuales (de los serios) que indican que más del 60% de personas, independientemente del género y la edad, fantasean con este tipo de escenarios. No sé si por sus obsesiones, por su valentía o por su aparente inconsciencia del peso, Okada lo hizo en un manga de publicación mundial, sin la necesidad de decir "esto se llama X", simplemente lo presenta en acción. Lo cual nos lleva a otra cara de la misma moneda, en “La chica a la orilla del mar”, de Inio Asano, donde también dos protagonistas de secundaria están en una relación sexual, pero en ese caso sin conexión emocional real. La inversión exacta de Sundome: en La Chica... hay consumación y no hay vínculo; en Sundome no hay consumación y la conexión es tan fuerte que asfixia.

El contraste entre el erotismo y la oscuridad de lo que viene se percibe desde el primer tomo, lo que genera un choque brutal. Porque lo que tienen Hideo y Kurumi no es solo tensión sexual: es algo que el sexo no reemplaza sino que potencia. Si nos importa lo que ocurre en el último tomo, es únicamente por la conexión real que existe entre ellos y que como lectores nos la recontra creemos. Lo que sí hace Okada es no tomarte de pelotudo/a. Hay mucho "no dicho" en cada página, con una trama armada con un ritmo particular que requiere que el lector complete los espacios si quiere exprimir todo lo que la historia puede ofrecer. No es algo críptico al estilo Grant Morrison, sino que la obra respeta tu inteligencia y tu capacidad de análisis.

Creo que por su género, terminó por ser una historia de culto tremendamente subestimada, incluso a pesar de tener cuatro adaptaciones con actores reales y una miniserie en Abema TV estrenada en 2023, 14 años después del cierre de la serialización original. Algo en esta historia sigue vivo (aunque sabemos que cualquier adaptación de manga es, cuanto menos, complicada). Traerla hoy, cuando el debate está sobre la mesa, nos puede aportar una mirada distinta que desde nuestro lugar no tenemos, y también mostrarnos que hay obras que aportan mucho más que su valor erótico. En el terreno de la fantasía y los acuerdos conscientes entre adultos responsables de sí mismos, la política tiene poco para aportar. Porque al final de cuentas, lo que tenemos es una historia de amor, donde el cuerpo manda y la mente disfruta... hasta que el corazón diga "no puedo más con esto."