Atentado contra Trump: el hotel maldito para los presidentes de Estados Unidos

El Washington Hilton vuelve al centro tras un incidente con Donald Trump. La historia del “hotel maldito” y el atentado que marcó a EE.UU.

26 de abril, 2026 | 18.40

El Washington Hilton volvió a quedar bajo la lupa tras un nuevo episodio de tensión que obligó a evacuar al presidente Donald Trump durante la cena de corresponsales. El hecho reavivó un recuerdo que persigue al edificio desde hace décadas: el atentado contra Ronald Reagan en 1981. Desde entonces, el lugar carga con una fama inquietante en la historia política de Estados Unidos.

Durante años, el hotel fue sede de eventos de alto perfil, desde recepciones diplomáticas hasta la tradicional cena de corresponsales de la Casa Blanca. Sin embargo, su nombre quedó asociado a episodios críticos que involucran directamente a presidentes estadounidenses.

El más reciente ocurrió este fin de semana, cuando un hombre armado intentó atravesar un control de seguridad en pleno evento, generando momentos de caos y obligando a evacuar rápidamente a Donald Trump y a otros funcionarios.

El atentado contra Reagan

El 30 de marzo de 1981, el Washington Hilton se convirtió en el escenario de uno de los ataques más impactantes contra un presidente en funciones. Ronald Reagan llevaba poco más de dos meses en el cargo cuando asistió a un evento sindical en el hotel. Al finalizar su discurso, el mandatario se dirigía hacia su vehículo oficial por una salida que, hasta ese momento, era considerada segura. En cuestión de segundos, un atacante abrió fuego. Fueron seis disparos en menos de dos segundos.

Una de las balas rebotó en la limusina presidencial y terminó impactando en el cuerpo de Reagan, perforándole un pulmón y quedando a escasa distancia de su corazón. El episodio dejó además varios heridos, entre ellos su portavoz James Brady, un agente del Servicio Secreto y un policía. El presidente fue trasladado de urgencia a un hospital, donde logró recuperarse.

El atentado contra Reagan no solo marcó un antes y un después en la historia política de Estados Unidos, sino que obligó a replantear por completo los protocolos de seguridad. Los recorridos breves, como el trayecto entre la salida del hotel y la limusina, pasaron a considerarse momentos de alto riesgo. A partir de entonces, el Servicio Secreto introdujo cambios clave: mayor control de accesos, nuevas distancias de seguridad con el público y una revisión integral de los tiempos de exposición de los mandatarios.