ESPERMAN
Ningendomo atsumare! es un manga del inmortal Osamu Tezuka que podría traducirse al castellano como "Levántate, Humanidad!", si es que alguna vez alguien la publica en nuestro idioma. Originalmente serializada entre 1967 y 1968 en las páginas de la revista Manga Sunday, este es un caso típico de "el que mucho abarca poco aprieta". A Tezuka se le ocurre una idea loquísima: un tipo con unos espermatozoides raros, que le permiten engendrar una nueva raza cuasi-humana: l@s asexuad@s. Seres muy parecidos a nosotros, que son prácticamente idénticos entre sí y que pueden asumir el aspecto (y los genitales) de hombres o de mujeres de manera indistinta. Son una sub-especie sumamente dócil y leal, sin pulsiones sexuales, obedientes, disciplinad@s, ideales para ser convertidos en un ejército. Científicos inescrupulosos le extraen millones de espermatozoides al pobre Tenka Taihei (que es bastante pajero) y está todo dado para que, en 20 años, esos fetos estén listos para ser soldados que les ayuden a ganar una guerra entre países vecinos que estalló hace décadas. Hasta ahí, es un concepto atractivo, que da para infinitas peripecias, aventuras, intrigas y hasta chistes sexuales subidos de tono.

UNA NUEVA ESPECIE
Pero a Tezuka le gana la ambición y ahí la cosa se empieza a desmadrar. Pongámosle que hasta la mitad de la obra, Ningendomo atsumare! es rara pero interesante. Rara porque (como otras obras del ídolo) se mete con un tema cruento y desolador como una guerra en la que abundan las muertes, las torturas, los bombardeos, las masacres y demás, mientras los protagonistas se ven envueltos en situaciones cómicas, en un contraste que -por lo menos leído hoy- hace mucho ruido. E interesante porque el plan de los villanos está bueno, hay personajes secundarios bien trabajados (principalmente el profesor Otomo Kurosumi) , la consigna es original, etc.. El problema llega con la segunda mitad de la obra (digamos, a partir de la página 200) cuando el Dios del Manga se propone explorar a fondo las consecuencias de la aparición de esta nueva sub-especie humana.

En las 220 páginas que le quedan por delante, el autor se propone planteos filosóficos, sociológicos, de discriminación racial y sexual, sin dejar de lado la temática de la guerra (por supuesto, la mirada de Tezuka es anti-bélica) ni las escenas (mayoritariamente en joda) que tienen que ver con el sexo. Y es mucho. Es mucha la violencia, son muchas las peripecias que se acumulan, y sobre todo es mucho lo que Tezuka pretende explicarnos acerca de cómo surge, crece, se organiza y se planta frente a la Humanidad esta nueva especie. El guion se vuelve barroco, convulsionado, abarrotado de personajes y de elementos que no se llegan a amalgamar de manera armónica, a tal punto que la historia termina prácticamente en cualquier lado, como si Tezuka hubiese dicho "listo, ya fue, la corto acá porque me estoy yendo demasiado al carajo".

OTRA ESTÉTICA
Y lo más loco: Tezuka dibuja esta historia en un estilo mucho más cercano al humor gráfico, con un trazo muy simple, muy sintético, prácticamente despojado de masas negras como si en vez de Walt Disney sus influencias fueran Jules Feiffer, Jean-Jacques Sempé o el Sergio Aragonés más minimalista. El resultado es una narración gráfica muy dinámica, en la que el maestro demuestra que aún dibujando poquito te puede atrapar y hacer que entiendas todo lo que él quiere que entiendas, pero también se extraña el trazo más prolijo y más esmerado de las otras obras de Tezuka. Esto está dibujado a los santos pedos, y se nota mucho. No molesta demasiado, pero si estás acostumbrado al Tezuka más virtuoso, te va a sumar ruido a una historia que ya de por sí es un toque fallida.

LA GUERRA, EL HORROR, EL SEXO
Ningendomo Atsumare!, entonces, es un manga muy extraño, donde vemos a un Tezuka pendular: por momentos dramático y reflexivo, por momentos (generalmente cuando el sexo cobra protagonismo) volcado a una comedia chabacana, en la que te imaginás a Tenka Taihei haciendo las muecas que hacía Alberto Olmedo en esas tomas en las que la cámara enfocaba su cara junto a las nalgas de una chica con escasa vestimenta. No importa si el acto sexual es consentido, violento, perverso o trágico: a Tezuka parece causarle gracia cualquier situación que involucre tetas, culos, pijas y conchas, y en una trama que gira en buena medida en los "superpoderes" del semen de Tenka, estas están a la orden del día. Que haya esta cantidad de escenas de sexo en una historia tan vinculada con la guerra y sus horrores, desentona bastante. Si encima el autor se las toma en joda, ya es como demasiado.

Con su mix tragicómico entre ciencia, política, humor negro y chabacanería, el insólito devenir de sus personajes principales (a los que en 420 páginas les pasa literalmente DE TODO), y esa estética tan simplificada, Ningendomo Atsumare! termina por ser un comic más raro que bueno. Que por supuesto resulta atractivo redescubrir, porque en 1968 se metía con temas que hoy son candentes, como las cuestiones de género, la objectificación de las personas y las ansias coloniales de las grandes potencias militares. Y sí, son demasiados temas para una sola obra, y encima temas demasiado espinosos para abordarlos desde una óptica que por momentos parece satírica y por momentos se acerca más a una crónica periodística o a un panfleto crítico, o de denuncia.
¿Recomiendo buscar este manga (que no está publicado ni en castellano ni en inglés)? Sí, pero solo a los MUY fanáticos de Osamu Tezuka que quieren leer TODO (o lo más posible) de la inabarcable obra del autor más grande que dio el Noveno Arte en sus 130 años de historia.



