De las muchas particularidades que pueda tener el mercado franco-belga de la BD, una que nos ocupa ahora es que precisamente se trata de un lugar en el que el westen ha mantenido una cierta presencia (a diferencia del comic de otros lugares o en otros medios, como el cine o la literatura, donde el declive es notorio). Además de todas las obras ya mencionadas se podría hablar de muchas más. Muchas de ellas adolecen de una excesiva influencia de lo que podríamos denominar como “el canon del western a la francesa” ejemplificado en el eje Jijé-Giroud-Hermann. A este grupo pertenecerían obras con el “Undertaker” de Xavier Dorison y Ralph Meyer, “Black Hills” de Swolfs y Marc-Reiner o diversos trabajos ilustrados por Christian Rossi (“WEST”, “Jim Cuttlas”, “Deadline”, “El carro de Tespis”), por mencionar algunas.
También es necesario recalar que existen una serie de obras que se alejan de ese modelo canónico y muchas de ellas llegarían de las manos de algunos de los creadores surgidos en L’Association, la ya mítica editorial francesa fundada en 1990. Así, David B crearía junto a Christophe Blain “Hiram Lowatt & Placido” de la que publicarían dos volúmenes entre 1997 y 2000. Curiosamente, el propio Blain crearía más tarde y en solitario la serie “Gus”, de la que ha publicado cuatro volúmenes entre 2007 y 2017. El factor común entre ambos trabajos, además de la figura de su dibujante, es que en realidad el western es apenas un escenario cualquiera para que los autores desparramen sus preocupaciones sobre el ser humano y otras inquietudes. En resumen, son historias que, perfectamente podrían haber desarrollado en otro momento y lugar.
“Texas Cowboys”, por su parte, es una obra de Lewis Trondheim y Matthieu Bonhomme que se publicó bajo el peculiar formato de 18 suplementos gratuitos de 16 páginas de la revista “Spirou” aparecidos entre 2011 y 2014. En esta ocasión, sí se trata de un trabajo más genuinamente western, que juega con un interesante equilibrio entre la nostalgia y la actualización de algunos de los tópicos del género.
Mención aparte merecerían las series de carácter humorístico o paródico que se desarrollan en el Far West. Aparte de obras como “Las casacas azules” de Raoul Cauvin y Louis Salvérius o el “Oumpah-pah, el piel roja” de Uderzo y Goscinny, el gran referente es sin duda “Lucky Luke”, obra creada por Morris en 1946, y a la que más tarde se incorporaría como guionista René Goscinny. Como acaba de suceder con Blueberry (aunque en su caso de forma inmediata) la colección se ha seguido publicando de manera ininterrumpida desde la muerte de Morris en 2001. Entre las curiosidades a resaltar en estos 20 años transcurridos cabe destacar que varios episodios cuentan como guionista al renombrado escritor Daniel Pennac o el volumen especial “El hombre que mató a Lucky Luke”, una suerte de experimento, en el que Matthieu Bonhomme abandona el tono paródico para realizar un homenaje en clave más “realista”. Aquí cabría ser un poco malvado e ir al chiste fácil y preguntarse si ese hombre que va a “matar” a Lucky Luke no será el propio Bonhomme. Chascarrillos aparte, el experimento debió resultar satisfactorio a nivel editorial, toda vez que ya se ha publicado un segundo volumen de este tipo realizado por el mismo autor.
LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE HERMANN HUPPEN
Puede parecer una digresión, y de hecho lo es, el que en un repaso tan somero como el que estamos haciendo nos detengamos para dedicar un apartado a un solo autor, pero entiendo que el caso lo justifica. Por un lado, por resaltar un hecho muy concreto de especial relevancia, y por otro, porque Hermann es el responsable de uno de los dos mejores westerns, en opinión de quien esto suscribe, de los que actualmente se publican en Francia: “Duke”.
Antes de pasar a “Duke”, hemos de volver por un momento a “Comanche”; en concreto a los tomos tres y cuatro, “Los lobos de Wyoming” y “Cielo rojo sobre Laramie”, en los que Red Dust se debe enfrentar a una banda de forajidos formada por varios hermanos, los Dobbs. Es al final del cuarto libro cuando nos encontraremos con una de las secuencias claves en el devenir posterior de la colección: aquella en la que Red Dust dispara sobre el último de los hermanos Dobbs cuando éste se encontraba desarmado. Greg quería resolver la historia con un duelo al sol, frente a la cantina y en la calle principal, pero Hermann le convenció para que el desenlace se produjese al fondo de un callejón en las circunstancias recién referidas. Nunca el protagonista de un western clásico dispararía a nadie desarmado, pero “Comanche” como obra ya había trascendido un nivel, ya no era la narración llena de arquetipos de sus primeras páginas. Se había convertido en un western moderno, emparentado con el cine de Altman, Peckinpah o Leone.
Hay que decir que “Comanche” tuvo a su favor en su momento que Charlier y Giraud ya habían abierto brecha con “Blueberry”. La diferencia estriba en que las aventuras del díscolo teniente del ejército aparecían en “Pilote”, una revista orientada a un público menos infantil. En cambio, “Comanche” aparecía en una revista apuntada a lectores de menor edad, lo que añadía un plus de dificultad. Sea como fuere, desde ese momento el western en la BD nunca volvió a ser lo mismo. La página 44 de “Cielo rojo sobre Laramie” se convirtió así en una de las planchas más relevantes, sino la más, del comic europeo del género.
A pesar de que Hermann abandonaría “Comanche” en 1983 para centrarse en su carrera en solitario, nunca perdió de vista el género (y de hecho podría decirse que durante muchas décadas “Jeremiah” era más un western post-apocalíptico que otra cosa) e incluso llegó a realizar alguna historia corta de la serie con posterioridad. En el formato de álbumes unitarios Hermann volvería de manera recurrente al género. Así en 1997 realizaría “Caatinga”, un western atípico protagonizado por los cangaceiros de la región brasileña que da nombre a la obra, una historia que nos habla de la injusticia, la libertad, el fanatismo religioso o los extraños caminos de la venganza. “Caatinga” resulta también un libro absolutamente deslumbrante desde el punto de vista gráfico, seguramente el más bello visualmente que Hermann haya realizada utilizando la técnica del color directo y que destila una especial luminosidad.
“Wild Bill ha muerto”, aparecida 1999, arranca en el día en que Wild Bill Hickook es asesinado. Sin embargo, contra lo que pudiera pensarse, no gira en torno a la figura del héroe/leyenda del Far West sino sobre los menos épicos avatares de un joven anónimo desde su adolescencia, hasta su madurez. Por su parte, “Redención” (extraña traducción del título original “Sans Pardon”) es un volumen realizado bajo guion de su hijo, Yves H, en 2015 en donde, a través de una historia de abandonos y venganzas, exploran temas como el perdón y la culpa.
(el lunes, la tercera parte)


