¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

NOTAS

Enrique Fernández

Lo que más me gusta del comic de hoy en día es que las influencias nos llegan de todas partes.
|
Domingo 03 de septiembre, 2017

Lo que más me gusta del comic de hoy en día es que las influencias nos llegan de todas partes, de autores europeos, americanos, japoneses… de todas partes del mundo acaba llegando un autor de referencia. Y eso aporta una gran riqueza. Lo ideal sería tomar todas esas influencias y tamizarlas, adaptarlas a tu propia forma de entender tu obra, a tus gustos. De cada uno tomas lo que más te gusta, sin prejuicios. Creo que hace algunos años las influencias o el hecho de ser más marcadamente de un estilo u otro te abría o cerraba puertas, según el mercado al que quisieras acceder. Pero hoy en día lo veo todo mucho más abierto a lo que cada uno pueda aportar.
En mi caso en particular las primeras influencias venían de autores americanos y europeos, incluidos muchos españoles. Con el tiempo me fueron atrapando las películas de autores japoneses y el manga poco a poco va entrando en mi biblioteca, aunque sigue siendo la menor parte. Mignola, Corben, Guarnido, Wendling, las películas de animación… no podría poner todo en un texto porque son muchísimas cosas y siempre me dejaría algún autor o referencia.

El autor que más me impresionó en su momento seguramente fue Corben. El tratamiento cinematográfico de la luz y las texturas, la fuerza del movimiento de los personajes y la violencia o el terror de las historias, hacían de aquello algo muy contundente. Den fue un bombazo. Y no recuerdo el orden, pero llegaron otros, como El Mercenario de Segrelles, Juan Giménez, Fernando de Felipe, Beroy, Wrightson, el fantástico libro de las Hadas de Alan Lee, algunos Conan de Buscema que tengo y que aún me leo cada dos por tres, aunque me los sepa de memoria, Carlos Nine, etc. De aquí a un par de días me estaré arrepintiendo de no haber citado algún otro autor u otro álbum clave, pero por ahí va la cosa.

El salto de la animación al comic no fue fácil, pero el propio medio me terminó por decidir. Al terminar mi parte en el largometraje «El Cid» comencé a trabajar para «Nocturna«, pero las cosas no estaban muy claras en la productora en ese momento, así que aproveché un parón para probar con la ilustración infantil. Había empezado hacía un tiempo a hacer algunas ilustraciones, por probar, pero sin enseñarlas más que a los amigos. Y además tenía ganas en ese momento de quitarme de la cabeza la historia de Libertadores, que la arrastraba desde hacía mucho tiempo.

Así que el medio que me tiraba con más fuerza, el que tenía más sentido en ese momento, era el comic que, además, me permitía trabajar desde mi casa, a mi ritmo. A todo esto hay que sumar que ya hacía tiempo que Toni Fezjula, otro artistazo, ya me venía picando desde hacía tiempo para hacer algo de comic. Él estuvo en «El Cid» diseñando escenarios, y de vez en cuando nos traía comics de Francia para que conociéramos lo que había por ahí. Para ejemplo bueno éste: el mismo día nos trajo el primer álbum de SkyDoll y el Drawers de Wendling. ¡¡Aquel día se me pusieron las pilas a pleno!! ¡Qué mezcla de depresión, envidia artística y motivación profunda!

El comic español lo que tiene son sobre todo valores, grandes profesionales con un talento desbordante y una enorme motivación para trabajar en un sector, que si bien en España no es el sector más potente, se intenta compensar con ganas, entusiasmo y una actitud que lleva a reconocer a la “escuela española” en países donde el comic goza de muy buena salud, como en Francia y Bélgica».

Alguna vez dije en una entrevista que « hacer comic en España es sufrir » y la verdad es que aquí es todo bastante cuesta arriba. Por eso, después de unos cuantos años creando comics por la vía “tradicional” me encontraba con varios factores que me desmotivaban, tanto personales como profesionales y que me hicieron ver como obsoleto trabajar para ese medio. Por un lado tenía que trabajar con un ritmo constante de producción que no permitía fallos, sacando un álbum al año, algo que resulta extenuante cuando debes combinarlo con encargos paralelos, que por lo general son mucho más rentables.
Por otro veía que a pesar de que algunos editores extranjeros se interesaban por mi trabajo, y así me lo hacían saber directamente, esas ediciones extranjeras no prosperaban tras negociar con la editorial que poseía los derechos. Tampoco me agradaba tener tanto material extra de cada proyecto que nunca podría compartir con mis lectores. Se trata de un material que enriquece la obra y en el que invierto muchas horas de trabajo.

Realizar un comic por la vía en que lo estaba haciendo, conlleva dedicar mucho tiempo, con poca compensación económica, con nulo control sobre la obra, poca difusión y con escasas posibilidades de opinar sobre cómo darlo a conocer. Un número de personas interesadas relativamente bajo es suficiente para apoyar un proyecto diferente con mucha más difusión, más beneficio para autores y lectores, y con un material mucho más interesante y exclusivo.

Coincidió en ese tiempo en que andaba buscando algo diferente el toparme con el crowdfunding, y empecé a considerarlo como una alternativa eficiente para financiar la autoedición. El único inconveniente era que debía comprender y gestionar muchos aspectos del mundo editorial que me eran ajenos. Mi corta experiencia con el crowdfunding me ha demostrado que puede hacerse todo de manera relativamente sencilla con un poco de interés y esfuerzo extra, pero que a pesar de esa dedicación hay temas que para una sola persona es muy complicado gestionar. Pero estoy en ese camino, y voy a seguir, por lo menos hasta concluir la trilogía de álbumes de Brigada, el proyecto al que estoy abocado hace ya varios años.