Puede que no quede del todo claro donde se sitúa el comienzo de la Guerra Fría, y si tenemos en cuenta lo conceptual de la misma, tampoco importa demasiado. Pero su final está directamente relacionado con la disolución de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, el 25 de Diciembre de 1991, un evento anticipado por la caída del Muro de Berlín el 9 de Noviembre de 1989, el colapso económico soviético y una serie de reformas impulsadas por Mikhail Gorvachov que agregaron combustible a una situación altamente volátil. Una de las amenazas más sonantes de este conflicto fue el miedo nuclear, lo que dio de comer a la ficción en todos los medios durante al menos cuatro décadas, y el personaje que protagoniza el comic que me toca reseñar este mes es consecuencia directa de este fenómeno político y social.

Firestorm fue creado para DC Comics por los enormes Gerry Conway y Al Milgrom para la revista casi homónima Firestorm, Nuclear Man n° 1, la cual tiene fecha de portada de Marzo de 1978 (a mitad de camino entre la finalización de la Segunda Guerra Mundial y la debacle soviética que acabo de mencionar) y su concepción como personaje y toda su impronta están directamente relacionados con el miedo a la proliferación de centrales y misiles nucleares. Conway, quien lamentablemente nos abandonó hace apenas tres meses, un año antes se había dado el lujo de crear a Ms. Marvel en la competencia, y unos meses antes, en All-Star Comics n° 58, dio vida a Power Girl. Ninguno de estos personajes tiene tan bien cerrado y estudiado su origen como es el caso del hombre nuclear de DC: el héroe existe gracias a la fusión de dos personajes. Por un lado, Ronald “Ronnie” Raymond, un estudiante con muy pocas luces pero muy atlético, y por otro, el profesor Martin Stein, un excéntrico físico muy conocido en el campus y con una mente extremadamente analítica. Como no podía ser de otra forma en esa década, ambos quedan atrapados en la explosión de un reactor experimental, producto de la cual se convierten en un ser con poderes que rivalizan con los de un dios: puede transmutar materia inorgánica a nivel molecular, puede reestructurar elementos a voluntad, puede volar, lanzar energía nuclear, puede ser intangible e incluso tiene fuerza sobrehumana.

Una vez fusionados, Ronnie controla el cuerpo y el profe Stein queda como una conciencia en su mente, aportando el conocimiento científico. Esa tensión se convierte en el eje del personaje: juventud contra experiencia, impulso contra razón. Hay otra característica que posiciona a Firestorm muy por encima de los otros personajes creados por Conway que mencioné y es su diseño. El mismo en su momento fue tan característico, tan pregnante y tan llamativo que se conserva casi intacto al día de hoy. Ese cabello transformado en llamas, ese traje rojo y amarillo con las mangas holgadas, esa especie de simbología atómica en el pecho… es un traje tan genial que rivaliza con el de Spider-Man de Steve Ditko. Es verdad que hubo momentos en los cuales se buscó refrescar el mismo y dotarlo de cambios enormes, e incluso el personajes sufrió cambios de etnia, pero en el comic actual los autores deciden volver a las bases, y eso significa también regresar al traje original.
The Fury of Firestorm es un comic escrito por Jeff Lemire y dibujado por el brasilero Rafael de la Torre, dos artistas que no es la primera vez que pasan a dejar su impronta por esta sección. Los autores se adueñan del personaje para volver a contarnos el origen del mismo pero esta vez revelan un secreto que nos dejará con la mandíbula por el suelo. Lemire nos sumerge en la historia de manera eficiente y precisa, da cátedra a la hora de pautar las escenas y el largo de cada una de ellas, los diálogos y hasta dónde revelan, y la sucesión de hechos que desencadena un efecto dominó que podría causar mucha más destrucción de la que uno imagina alrededor de un personaje como éste. Porque, seamos sinceros, para ser alguien próximo a cumplir medio siglo de existencia, y con un significativo número de series y miniseries, con repetidas participaciones como miembro de distintas formaciones de la Justice League, con adaptaciones animadas e incluso una de carne y hueso en el Arrowverse, el inconsciente colectivo del lector fan de DC no lo tiene agendado como un héroe particularmente poderoso. Lemire entonces hace uso de su experiencia como escritor para poner de manifiesto que este momento es idóneo para el regreso a la primera plana de Firestorm, ya que el contexto global hace años que no estaba tan al borde del colapso. Hay mandatarios muy poderosos que hoy, más que nunca, tienen el poder para acabar con naciones en un pestañeo, y gobiernan desde la obsecuencia y el delirio… casi a la par de nuestro “héroe”, que en pos de experimentar un poco transforma a toda una población en vidrio, algo que, a primera vista, parece irreversible.

La fusión que se encargó siempre de mantener a Firestorm a raya brilla por su ausencia: el profesor Stein está desaparecido y nadie tiene certeza de que sea Ronnie quien está controlando a Firestorm, el cual, ante la impotencia del ejército para poder detenerlo, se enfrenta contra otros superhéroes y se los come con dos pancitos y una mano atada a la espalda.
Acá hago un pequeño inciso para comentar que nuestro héroe supo tener un interés amoroso llamado Firehawk, una mujer con alas de fuego atómico que podía generar calor intenso y una suerte de explosiones de energía. Lorraine Reilly es hija de un senador, y es secuestrada y expuesta a una suerte de experimento que intentaba recrear el accidente que originó a Firestorm y, por supuesto, salió mal y terminó por otorgarle estos poderes, pero también un montón de problemas. Con el tiempo, Lorraine terminaría sentimentalmente involucrada con Firestorm, o mejor dicho, con Ronnie.
Volvemos al presente. Por supuesto que cuando el gobierno ve lo complicado que resulta poder detener el avance del hombre nuclear, recurren a Lorraine, quien comienza a investigar la cronología de los hechos hacia atrás y llega a la conclusión de que, quizás, esa atracción atómica que ella sintió por Ronnie en algún momento fue algo digitado por un tercero.

El drama psicológico nunca opaca la oscuridad de la historia y la carga de acción, todos componentes que en las manos de Rafael de la Torre solo se potencian. Hay un montón de puestas de página magistrales, que dejan ver la preciosura de los diseños de estos personajes, y las escenas de acción son de alto impacto. Además, la expresividad de los mismos es notable, lo que genera un vínculo con el lector muy fuerte, y algunas viñetas y escenas épicas que van a transformarse en momentos clásicos de este personaje casi de culto. Hay un trabajo muy logrado también en el tratamiento gráfico que tienen los flashbacks, tanto desde el tramado que confecciona el dibujante como desde el color, responsabilidad de Marcelo Maiolo, y al menos desde el lado del lector, estos detalles que suman y potencian el relato nunca pasan desapercibidos y siempre se agradecen.

Solo van cuatro números de esta serie pero lo leído fue suficiente para entender que, una vez más, DC Comics puso sus fichas en un tándem creativo que le está sacando todo el jugo posible a un personaje muy querido por todo fan de esta editorial, que ofreceRfaa una oportunidad única de acercamiento para nuevos lectores. Aplausos para todos los involucrados.


