Thor ha muerto, una vez más, en un título que anticipaba que no podía morir.
La ironía.
Y ahora tenemos a un mortal, que no es Thor, pero que protagoniza un comic que se llama Mortal Thor. Un obrero de la construcción amnésico, con acento noruego, enorme y con una cabellera rubia envidiable, que usa un martillo con un mango muy corto para su trabajo, y que muy pronto decidió atar ese martillo a una soga elástica, para poder lanzarlo hacia el rostro de cualquiera que ose pasarle por encima.

Esa es la época del comic que estamos viviendo. Ustedes lo saben, yo lo sé, el mercado lo sabe. Ultimate Spider-Man es el título que mejores ventas y mejores críticas en general obtuvo de la factoría de Marvel. En la vereda de enfrente, toda la línea Absolute de DC no solamente es la que más llama la atención, los números también la acompañan. En ambos casos, hay replanteos de personajes que tienen más de medio siglo de existencia, con trayectorias enormes repletas de interpretaciones y reescrituras pero sobre todo con el peso de la cronología editorial sobre sus espaldas, un peso que termina por quebrar a cualquiera. De manera casi cíclica, cada cierto tiempo es menester una lavada de cara, y eso Al Ewing lo tiene más claro que nadie.

Allá lejos y hace tiempo, cuando agarró al gigante esmeralda para darnos esa maravilla que tuve el placer de reseñar en su primer año dentro de esta sección, Immortal Hulk, el guionista se propuso como desafío no solamente cambiar el statu quo del personaje, sino también hacerle honor a cada pieza suelta de la historia del mismo, sobre todo aquellas que lo tuvieron a las puertas de la muerte. Esos 50 números son un estudio de la psicología del personaje pero también del camino recorrido. Mortal Thor es el epílogo de una serie regular de nuestro héroe asgardiano que cumplió una función similar, pero además ofrece la posibilidad de barajar y dar de nuevo. No es la primera vez que Thor muere, por supuesto, ni tampoco la primera vez que en Midgard los hombres olvidan a sus Dioses, pero entiendo que aquí el camino va a ser distinto. Que quede claro que si yo, en su momento, no le dediqué un Maldito Mainstream a The Immortal Thor fue solo por una cuestión de agenda, pero que se entienda que fue uno de los pocos grandes títulos que tuvo Marvel unos meses atrás, con Ewing prendido fuego, dedicado a revisitar toda la mitología del personaje y decidido a pisar el acelerador a fondo con la misma.
La conclusión de esa serie es una trampa de Loki astutamente preparada que involucra a su hermano. El comienzo de Mortal Thor, de hecho, es en el mismo epílogo del último número de la serie previa, donde vemos a un personaje pelirrojo, delgado y joven, descalzo, que da indicaciones a un golpeado y amnésico Sigurd Jarlson, el enorme noruego que va a protagonizar la flamante nueva serie.

¿Qué pretende con esta movida entonces Ewing? ¿Quién es Sigurd Jarlson y cuál es su relación con nuestro Thor? Bueno, esas son preguntas que aún, con seis números en la calle, no tienen una clara respuesta. Ciertamente Sigurd conserva los valores que supo tener la mejor versión de Odinson, y también su poca tolerancia con las injusticias, la cual suele dejar en evidencia su incapacidad para resolver los conflictos con diálogos y no con músculos. Su habilidad para el combate cuerpo a cuerpo no está en discusión, como tampoco la violencia que despliega sobre sus oponentes, a la par de lo medido que es para no tomar vidas humanas a lo pavote. También nos sorprende, a nosotros y a algunos de los personajes secundarios, con eximias habilidades para coser sus propias heridas. No pasa mucho tiempo hasta que aparece un Blake, que ha decidido dejar de usar su primer nombre, Donald, y que tiene una relación muy fuerte con las serpientes, todas pistas que nos dan a entender que este mundo podría contener a varias versiones alternativas de personajes del pasado de Thor. Estas re-interpretaciones van construyendo un lienzo que podremos apreciar en su totalidad, imagino yo, dentro de varios meses.

Permítanme abrir un nuevo párrafo para festejar el arte de Pasqual Ferry, una leyenda viviente española con más de 40 años de trayectoria que subraya y enfatiza el mantra del año pasado: lo viejo funciona. La potencia de su dibujo me dejó pasmado, y por momentos sin aire. Las carcajadas muy sonoras que lancé en más de una oportunidad cuando aprecié alguna de las viñetas en las cuales somos testigos de cómo el rostro de un oponente es desfigurado por la embestida del martillo lanzando por Sigurd es prueba suficiente del efectivo impacto que tienen sus dibujos, y también del dinamismo de su narrativa. Y si a eso le sumamos el precioso diseño de personajes y lo expresivos que son, entonces todos podemos coincidir en que Mortal Thor es una de las series regulares de Marvel mejor dibujadas del momento. El barcelonés encuentra un equilibrio muy complicado de lograr entre esa expresividad exagerada más propia de la animación y el estilo realista más tradicional del comic superheroico, y de todos modos esa fina línea está bajo amenaza todo el tiempo. Y me parece que la frescura de la serie recae en esta tensión estética, la cual va de la mano con los descubrimientos que se van revelando capítulo a capítulo.

No tengo muy claro el nivel de anticipación que tenía el guionista para lo que hizo con el cierre de la etapa anterior y el relanzamiento del personaje, pero al menos por ahora siento que me está llevando de la mano a algo que parece tener bastante planificación. Y de todos modos, más allá del resultado final, la serie no deja de ser muy entretenida y atrapante, y cumple a rajatabla con la premisa de mostrarnos número a número una pieza más de un hermoso rompecabezas asgardiano. No sé ustedes pero yo con eso más el dibujo de Pasqual Ferry, estoy hecho.



