Invitados: Paco Roca, Michael Young, John Rawls, Zygmunt Bauman y otros amigos/as.
¿Es la meritocracia un movimiento auténtico o espejitos de colores? ¿Es el “mérito” la única variable necesaria para progresar? ¿Y si la meritocracia es el darwinismo social disfrazado? ¿Por qué son justamente los nepoteros del privilegio los que más se esfuerzan en que compremos y nos peleemos por esa ideología?
La mugre de sus herencias generadas negreando empleados, retiros espirituales de autoayuda, donaciones insultantes y fundaciones culposas, se acumulan hasta el cuello. Y todos los CEOs, influencers financieros, algorítmicos y familias que no salen del country nos mirarán desde arriba y nos gritarán: ¡Esfuércense!
Y nosotros, rompiéndonos el culo para sobrevivir, los miraremos y gritaremos: ¡MERITÓCRATAS DE MIERDA!

Es muy común que frente a la injusticia sintamos bronca e indignación, pero últimamente los individuos estamos más volcados a naturalizarlas y disfrazarlas para poder seguir adelante, que a combatirlas (al menos simbólicamente). Si no es así, me resulta muy difícil explicar por qué el fracaso individual, la falta de oportunidades para desarrollar nuestros talentos (o al menos conocerlos) o algo tan simple como llegar a fin de mes con sólo un trabajo, si tenemos la suerte de tenerlo, viene acompañado de culpabilizar y acusar a las personas de no “buscar estar mejor”. Y aunque creamos que Papá Noel y los Reyes Magos existen, nos raspa mucho la garganta cuando queremos tragarnos el verso de que la desigualdad es natural y justa, sobre todo si viene de, por ejemplo, un ex-CEO, “hijito-de-papá” devenido en político, que se prostituye por poder al peor postor, ya que no puede tapar cantidad enorme de privilegios y conexiones que tuvo… y encima decir sin vergüenza alguna a quien nunca le dieron una mano en su vida, que "el éxito se construye con sacrificio y levantándose temprano".
Paco Roca le da un cachetazo a una hermosa fantasía que nos vendieron para que creamos que vivimos en una sociedad justa, donde cada uno tiene lo que se merece, pero que a la vez se trata de un infierno del sálvese-quien-pueda donde ganan los mismos de siempre y a costa de los pobres idealistas y crédulos de siempre. En “El Invierno del Dibujante”, se nos cuenta una historia real (+/- licencias poéticas) de un grupo de dibujantes con muchísimo talento y una creatividad tan enorme como su esfuerzo, enfrentados a un gran grupo editorial (que podría ser un grupo económico, un grupo de medios, etc.), para el cual habían creado sus primeros personajes cuando comenzaban sus carreras, que intenta aplastar su crecimiento para valerse por sí mismos, “solamente” porque ven amenazada su hegemonía económica. ¿Pero no era que con el esfuerzo y el talento eran suficientes para progresar? “El que quiere, puede” me dijeron un día.. y ahí dejé de creer en todo.
“Qué mal Redactor en Jefe vas a ser, siempre del lado de los dibujantes… Por mucho que lo intentes no sirves para estas cosas, soñador.”

Fragmento de “El invierno del dibujante”
Roca tiene tanta maestría que no necesita gritar para avisar que el talento sin oportunidades es como tener a Messi en una cancha llena de agujeros como la luna, porque las condiciones del terreno son las que determinan el resultado en un sistema que logró que los pobres se sientan culpables por ser pobres, los de clase media se crean superiores por "esforzarse más" y los ricos duerman tranquilos pensando que se "merecen" todo lo que tienen. Y lo curioso es que fue el propio creador del término, Michael Young, quien lo hizo de forma crítica e irónica al relatar una distopía donde las élites justifican sus privilegios diciéndose a sí mismas que "se lo merecen" mientras culpan a los de abajo por su situación, y que luego nosotros lectores malinterpretamos todo (como en Watchmen, el Dark Knight, Robocop, y la lista sigue y sigue). La genialidad de Paco está en mostrar, con hechos reales, cómo nos afecta no tener las conexiones correctas, no provenir de las familias adecuadas o no tener el capital social y económico necesario para acceder a los espacios donde se toman las decisiones y se cumplen “los sueños”.

Y cuando hablamos de esto, debemos por todos los medios no caer en la trampa del extremismo: No hablamos de no esforzarnos, no hablamos de no dar todo lo que tenemos para ser mejores como seres humanos, artistas, deportistas, científicos o alumnos. Es muy fácil que quien defiende la meritocracia utilice esos argumentos pedorros, porque el esfuerzo vale siempre incluso cuando los objetivos no se cumplen. Lo que está en juego cuando se critica a la meritocracia no es el mérito justamente, sino más bien que, como diría John Rawls, una sociedad verdaderamente justa es aquella que garantiza oportunidades reales para todos, no solo oportunidades desde el chamuyo, sino que todos podamos intentar subir la escalera partiendo desde el mismo escalón.
“Pero si tuviesen que reducir la plantilla ¿a quien creen que tirarían? A nosotros, a los recién llegados.”
Fragmento de “El invierno del dibujante”
Zygmunt Bauman, el sociólogo polaco, nos viene justo para traer lo que él llamaba "individualización forzada", donde el neoliberalismo nos obliga a vivir como si fuéramos “los CEOs de nuestra vida”, y sentir que somos los únicos responsables de nuestro propio éxito o fracaso… ¡pero sumergidos en una serie de condiciones y variables que están completamente fuera de nuestro control! Porque todo bien con ser el CEO de tu vida, pero a veces la empresa ya estaba quebrada y en concurso de acreedores y vos tenés que poner de tu bolsillo para una deuda que quizás se contrajo hace 20 o 30 años atrás por muchas otras personas en circunstancias muy diferentes.

En “El invierno…” los protagonistas, que son muchos, se culpan por no haber podido adaptarse a un mercado que cambia constantemente, por no poder competir con máquinas que producen contenido más barato o por no poder reinventarse lo suficientemente rápido, eso sin contar las jugadas sucias que les hace González. La meritocracia no solo los hizo responsables de su propio éxito y fracaso, también los hizo responsables de su propia obsolescencia… ¿o qué creen que es lo que está realmente en juego cuando los mismos que implementan IA para sus empresas y rajan a miles de personas, son las mismas que defienden este sistema de creencias? Yo creo que las casualidades no existen, y cuando los bolulibertarios de Twitter salen a hablar de estas cosas al tiempo que justifican (sin argumentar) temas como la precarización laboral o la destrucción del Estado de bienestar, es ni más ni menos que la versión Siglo XXI del "son pobres por elección" que tanto le gusta decir a los votantes de derecha que viven en un country mientras evaden impuestos.
“Nunca se es mayor para luchar… Lo habíamos conseguido. Teníamos nuestra propia revista.”
Fragmento de “El invierno del dibujante”
Cosechar éxitos o cumplir con nuestros objetivos tiene muchísimo que ver con el esfuerzo, pero eso sólo no alcanza cuando los factores más facilitantes, están relacionados con la concentración de riquezas financieras y de capital social, de tener buenos contactos en el celular. Hoy no te controlan diciéndote "no podés", sino diciéndote "sí podés", y después haciéndote responsable de no poder.

"El Invierno del Dibujante" es una crítica tan velada de principio a fin, como potente y desoladora. Es fácil caerle a Vázquez, pero lo difícil es recordar que todos somos o fuimos Vázquez, y por eso Roca nos demuestra que la posta está en quiénes definen las reglas del juego y quiénes son los que corren con ventaja, pero sobre todo, que cuando nos dicen “hay que romperse el culo para salir adelante”, nunca pero nunca, el culo que va a sangrar será el de ellos.


